El colapso en el puerto de La Guaira, a raíz de los sismos de junio, obligó a desviar miles de contenedores a Puerto Cabello, estado Carabobo, donde la falta de grúas frena las entregas. Representantes del sector exigen recortar trámites y modernizar equipos para evitar un desabastecimiento prolongado.

Valencia. El doble terremoto del 24 de junio pasado no solo sacudió la tierra en la zona norte del país; también ocasionó una onda expansiva que puso en jaque al sistema logístico nacional. En cuestión de horas, el principal puerto comercial del país tuvo que asumir de golpazo el flujo de mercancías que antes ingresaba por La Guaira.

Esta desviación masiva obligó a Puerto Cabello a operar al doble de su capacidad habitual, lo que dejó al descubierto años de rezago tecnológico, falta de maquinaria y severas limitaciones operativas para mantener en pie la cadena de suministro venezolano.

El impacto fue inmediato. Miles de contenedores comenzaron a acumularse mientras transportistas cansados, agentes aduanales, los profesionales autorizados para gestionar la importación y exportación de productos ante la aduana, importadores y autoridades intentaban mantener operativa una cadena de suministro golpeada.

En conversación con Crónica Uno, Nelson Bolívar, presidente de la Cámara de Comercio de Puerto Cabello, destacó que el puerto ha respondido con el máximo esfuerzo posible. Sin embargo, sostuvo que la infraestructura jamás se diseñó para absorber una contingencia de tal magnitud.

Fuentes operativas de la Gobernación del estado Carabobo señalan que se activaron planes especiales de fiscalización para agilizar el flujo. Por su parte, desde el inicio de la emergencia han ingresado cerca de 5000 contenedores adicionales. De ellos, unos 2600 ya salieron de la zona portuaria.

Mientras, otros 1600 permanecen pendientes de despacho, cifra que evidencia el enorme desafío logístico que enfrenta actualmente el principal puerto del país.

El déficit de equipos

El dirigente empresarial aclara que el cuello de botella central no radica en el espacio físico. Puerto Cabello dispone de patios suficientes para albergar varias veces el volumen actual de mercancía; la traba surge al momento de movilizar esa carga.

La escasez de montacargas, grúas especializadas y equipos para el manejo de contenedores ralentiza cada operación. Apenas una o dos máquinas resultan insuficientes para atender de forma simultánea decenas de unidades que esperan salir hacia distintos puntos del territorio nacional.

“La disposición existe, pero mientras no haya inversión en maquinaria será muy difícil mejorar la velocidad de despacho”.

Se espera que en un mes inicie la normalización de procesos. Fotografía: Armando Díaz.

A las limitaciones internas del puerto se suma otro obstáculo: el transporte terrestre. Aunque Puerto Cabello cuenta con una de las flotas de gandolas más grandes del país, gran parte de las unidades supera los 20 años de servicio. Este desgaste mecánico reduce la disponibilidad de vehículos justo cuando la demanda alcanza picos inéditos.

Antonio Landaeta, representante del sector transporte, explicó que la disponibilidad de camiones depende también de la tipología de la carga entrante, pues los equipos empleados para trasladar acero, alimentos o contenedores difieren entre sí. Asimismo, buena parte de los transportistas opera de manera independiente, lo que dificulta coordinar de forma ágil cientos de fletes adicionales.

La consecuencia inmediata ha sido el incremento en las tarifas de flete. La ley de la oferta y la demanda empezó a imponerse en cuanto aumentó el volumen de contenedores que requerían salida diaria del puerto.

Años de desinversión

Para Juan Esteban Rodríguez, segundo vicepresidente de Fedecámaras Carabobo, la principal organización gremial de empresarios en esa región, la emergencia dejó al descubierto fallas estructurales de data previa.

Señaló que el sistema portuario venezolano perdió gran parte de su capacidad tras años de desinversión, centralización administrativa y contracción del comercio exterior.

El gremialista recordó que hace dos décadas Venezuela movilizaba volúmenes de carga muy superiores, impulsados por una industria manufacturera dinámicamente activa, con sectores como el automotriz, metalúrgico y cauchero que operaban al máximo de su capacidad.

Con el cese de operaciones de numerosas industrias y la estatización de buena parte de la infraestructura portuaria, disminuyeron también las inversiones privadas que antes complementaban la operatividad de los puertos.

Mientras otros países de la región modernizaban sus terminales mediante la digitalización y la automatización, Venezuela quedó rezagada.

Foto: archivo

Cuello de botella administrativo

Rodríguez precisó que, aun antes del doblete sísmico, un fenómeno poco común caracterizado por dos terremotos de gran magnitud ocurridos en un intervalo muy breve como el ocurrido hace casi tres meses en La Guaira, existían mesas técnicas para evaluar el volumen adicional que podía absorber Puerto Cabello sin comprometer la cadena de abastecimiento nacional.

Las proyecciones estimaban un crecimiento cercano al 50 % respecto a los movimientos registrados durante 2025. Sin embargo, el cierre parcial de La Guaira provocó que dicho incremento se materializara de forma intempestiva.

Durante el primer fin de semana tras el desastre, comenzaron a arribar cientos de contenedores adicionales. En pocos días coincidieron varios buques en maniobras simultáneas, mientras otras embarcaciones permanecían fondeadas, ancladas en la zona marina exterior del puerto a la espera de autorización para aproximarse, a la espera de turno para acoderar. Es decir, amarrar y asegurar el barco junto al muelle para iniciar las operaciones.

El problema, afirmó, no radica únicamente en el desembarque de los buques. La verdadera complicación se presenta cuando la mercancía debe despejar el recinto portuario y sortear trámites administrativos todavía lentos y burocráticos.

Más tecnología menos trámites

El gremio empresarial coincidió en que la solución no se limita a la adquisición de maquinaria nueva, sino que resulta indispensable simplificar los múltiples procedimientos administrativos que hoy dilatan la salida de la carga.

El volumen de documentos, verificaciones e inspecciones se mantiene elevado. Cada trámite adicional merma la productividad y prolonga la estadía de los contenedores en el terminal. Rodríguez sostiene que esta contingencia brinda una oportunidad para reformar procesos que permanecieron inalterados durante años.

“Cuando ocurre una emergencia de esta magnitud también aparecen oportunidades para corregir deficiencias que ya existían”.

Aunque el puerto de La Guaira ha comenzado a reactivar progresivamente ciertas operaciones, Puerto Cabello aún absorbe la mayor parte del flujo extraordinario derivado de la contingencia.

Los voceros empresariales consideran que el sistema evitó un colapso total del abastecimiento nacional. Pero advierten que sostener este ritmo durante varias semanas requerirá inversiones en equipamiento, modernización tecnológica y una reestructuración profunda de los procesos administrativos.

Solo así, insistieron, el principal puerto comercial del país podrá responder con solvencia ante futuras contingencias sin perturbar la cadena de suministro del tejido empresarial venezolano.

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