En parroquias populares obedecer a las medidas sanitarias no es tan simple. La necesidad obliga a muchos a salir en busca de agua o comida para abastecerse por pocos días pese al riesgo de contagio. Otros deben hacerlo para buscar sus ingresos. Así se vive la cuarentena en  Catia:

Caracas. La posibilidad de contraer el COVID-19 genera pánico entre quienes viven en Catia, y no es para menos; el virus ya supera las 11.500 muertes en todo el mundo. En el país este temor lo avivan las fallas del sistema hospitalario y la escasez de medicinas, lo que ha obligado al cumplimiento de la cuarentena social colectiva desde el 14 de marzo. O eso al menos en teoría, porque para quienes cuentan con pocos recursos o necesitan salir a buscar alimentos o trabajar para sobrevivir por pocos días prima el hambre y la necesidad por encima del miedo y la prevención.

Venezuela cumple nueve días en cuarentena y registró hasta este lunes 84 casos de coronavirus. Calles desoladas, escasez de rubros, aumento de precios y comercios cerrados limitan las opciones de compra y abastecimiento de servicios básicos. En zonas y comunidades populares como Catia, en Caracas, la dinámica del día a día continúa pese a las restricciones y protocolos de seguridad.

Foto: Contrapunto
Vecinos se movilizan por la bolsa Clap

En la urbanización Lomas de Urdaneta, en Catia, los vecinos se movilizaron el martes en pequeños grupos de no más de 20 personas para salir a recibir la bolsa Clap en la entrada de cada edificio. La entrega había sido pospuesta desde el lunes a causa del COVID-19, lo que había generado incertidumbre entre los vecinos que dependen de los productos subsidiados para comer.

Elianna Martín, habitante de la comunidad, agradeció la labor de los jefes de calle que agilizaron la entrega y se organizaron para evitar las aglomeraciones. «Los vecinos que tienen carro colaboraron y fueron a buscar las bolsas a donde estaba el camión para traerlas a cada bloque y evitar la exposición. En otros sectores se paralizó la entrega y hay mucha preocupación entre familias de escasos recursos, especialmente donde hay niños«, relató.

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En Catia, un sector de efervescente actividad comercial la gente sale a comprar lo que puede o a cazar ofertas pese a que muchos comercios mayoristas, carnicerías y abastos bajaron su santamaría. Lo que ha generado la escasez de algunos rubros como frutas cítricas, papel higiénico, artículos de higiene, alcohol, tapabocas y desinfectantes.

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Pese a las restricciones y el llamado a permanecer en casa, en las adyacencias del mercado principal prevalece la venta ambulante de productos bachaqueados como medio de supervivencia para vendedores y personas de escasos recursos.

En los locales que están abiertos hasta el mediodía hay fuerte presencia de la Guardia Nacional Bolivariana y largas colas, pues solo se permite el paso de dos consumidores a las tiendas. Muy pocas camionetas prestan servicio y la mayoría de personas se movilizan a pie. La cuarentena y las medidas sanitarias se cumplen de forma estricta. El pasado 19 de marzo en horas de la mañana varios trechos del bulevar de Plaza Sucre fueron higienizados con chorros de agua a presión. Y este martes 24 hay fuerte presencia de cuerpos policiales como las FAES y la GNB, luego de que Nicolás Maduro anunciara radicalización de la cuarentena.

El período de aislamiento también ha obligado a los vendedores a ingeniárselas para seguir vendiendo y salir de la mercancía. Tulio Echeverría es dueño de un pequeño negocio en la entrada de la laguna de Catia. Expende carne, artículos de primera necesidad, agua embotellada, frutas y verduras. Él y los dos empleados del local llevan tapabocas y guantes de látex y desde el sábado despachan a sus clientes a través de una pequeña ventana.

Sin embargo, la medida de seguridad se quebranta cuando venden alguna garrafa de agua, muy solicitadas en los últimos días por los habitantes de la zona que pasan más de cuatro días sin suministro a la semana. Allí les toca abrir la puerta y entregar la botella evitando al máximo acercarse a los clientes.

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El comercio de Echeverría está abierto hasta la 1:00 p. m. y aunque las ventas bajaron, se las ingenia para complementar la caída con un servicio de delivery que ofrece sin costo adicional para los vecinos de la comunidad. Cuenta que la alternativa ha sido de gran ayuda para personas discapacitadas y adultos mayores que no pueden salir de su casa a buscar productos y alimentos.

La venta es coordinada por vía telefónica o través de plataformas de mensajería instantánea como WhatsApp. «Los vecinos me agradecen y aunque de cierta forma nos exponemos a la enfermedad hay que ayudar en esta emergencia. Además de esto es lo que vivo», dijo.

Aislamiento social versus hambre

Adle Hernández, directora de proyección y relaciones comunitarias de la extensión social de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), explicó que en sectores populares la falla de servicios y la precariedad hacen complejo el cumplimento del aislamiento social decretado por el Gobierno y las autoridades sanitarias.

El monitoreo llevado por la UCAB en sectores de Antímano, Carapita y parte alta y baja de La Vega arroja que en parroquias populares la falta de agua dificulta a los habitantes seguir con las medidas de higiene como el lavado de manos y el aseo de las superficies.

Hernández asegura que a eso se le suma la insuficiencia de los ingresos necesarios para adquirir la cesta alimentaria y la falta de gas.

Muchos no tienen para hacerse un mercado que les dure un mes. Otros salen a buscar el gas para llenar las bombonas o cargar agua para sus hogares. En ese contexto no es simple seguir en aislamiento«, explicó.

Las afirmaciones de Hernández coinciden con datos divulgados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a través del programa mundial de alimentos (PMA) en febrero de este año. Según el informe, 2,3 millones de venezolanos están en inseguridad alimentaria severa, mientras que otros siete millones viven en inseguridad moderada y necesitan asistencia.

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Para incidir en los sectores de bajos recursos de forma efectiva y lograr una labor preventiva es fundamental entender la dinámica diaria de las comunidades. Hernández ofrece varias recomendaciones.

Cinco Recomendaciones dirigidas a líderes comunitarios para sobrellevar la cuarentena 

1) Buscar información verificada y oficial acerca del virus para mantenerse informado y actualizado.

2) Hacer uso de las tecnologías y seleccionar tres fuentes de información confiables para divulgar datos de interés y noticias reales con el objetivo de informar a la comunidad.

3) Establecer canales de comunicación entre vecinos de la misma calle vía telefónica para trasmitir la información y evitar las cadenas falsas y mensajes que generan temor y confusión en redes sociales.

4) Manejar la información de lo hospitales centinelas y llamar a la calma. No hacerse eco de rumores.

5) Informar y apoyar a adultos mayores y personas que no disponen de información de forma amable y certera con contenido confirmado a través de mensajes o llamadas.

Cinco recomendaciones para los ciudadanos

1) Mantenerse informados con datos oficiales y confirmados.

2) No divulgar cadenas de WhatsApp de dudosa procedencia.

3) Evitar las aglomeraciones y mantener la distancia a un metro de las personas.

4) Usar guantes y tapabocas al salir a la calle.

5) Lavarse las manos constantemente con agua y jabón.

Aunque la cuarentena le añade una carga de dificultad e incertidumbre a los ciudadanos, es una oportunidad para promover la convivencia y la solidaridad. Hernández apuntó que en los sectores monitoreados afloran las muestras de generosidad entre vecinos.

En comedores comunitarios sigue en pie la entrega de los menús diarios para los más desfavorecidos. Mientras que industrias textileras han confeccionado tapabocas para distribuirlos de forma gratuita en zonas de alta vulnerabilidad. «Aunque no se dé el encuentro lo importante es sentirse conectados y evitar el alarmismo», recalcó.


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