La falta de mantenimiento y señalización en las vías de Caracas aumenta la vulnerabilidad de conductores y motorizados. Expertos señalan que la infraestructura deficiente eleva la mortalidad y, según el ingeniero Freddy Mogollón, contamina el ambiente a corto y largo plazo.

Caracas. Transitar por las principales vías de Caracas no solo es una prueba de destreza al volante, sino un riesgo constante. Tramos sin iluminación, señalización deficiente y baches convierten la movilidad diaria en un escenario de alta vulnerabilidad, especialmente para los motorizados, en una ciudad donde la infraestructura vial agrava la siniestralidad en lugar de prevenirla.

Para quienes se desplazan en moto, la vulnerabilidad no solo proviene de maniobras indebidas, sino también del deterioro de las vías, que obliga a esquivar obstáculos mientras se circula en condiciones inseguras, aumentando el riesgo de colisiones o caídas.

Más allá de la percepción ciudadana, expertos confirman que los accidentes no siempre son responsabilidad exclusiva del conductor. Durante el simposio “Dos ruedas, una sola vía. Movilidad urbana responsable”, realizado el 26 de febrero pasado en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), especialistas analizaron las causas del aumento de la siniestralidad en el país.

El encuentro puso sobre la mesa un problema estructural que trasciende la conducta individual y apunta directamente a fallas sostenidas en la planificación y mantenimiento urbano, esto es, la forma en que se diseñan, construyen y conservan las vías públicas.

Juan Carlos Ojeda, ingeniero civil radicado en Estados Unidos, explicó que la inseguridad vial se sustenta en tres factores: fallas mecánicas del vehículo, comportamiento inadecuado del conductor y el deterioro de las vías por falta de intervención estatal, lo que significa que no basta con conducir correctamente si la carretera no está en condiciones seguras.

De acuerdo con Ojeda, una de las causas más recurrentes de incidentes en Venezuela está directamente relacionada con el mal estado del pavimento, la ausencia de iluminación y un diseño deficiente del equipamiento vial.

Estas condiciones evidencian la falta de políticas públicas sostenidas en materia de mantenimiento, así como la falta de supervisión y ejecución por parte de los organismos responsables de la vialidad urbana.

“Necesitamos una gestión de mantenimiento vial que garantice condiciones aptas para la circulación segura de todos los usuarios en condiciones de equidad. Además, debemos recordar que si la vialidad es adecuada y tiene las debidas señalizaciones se pueden reducir los accidentes hasta en un 58 %”,

afirmó.

Noches letales

Los ponentes del simposio destacaron que, a escala mundial, 1.200.000 personas mueren cada año en accidentes de carretera, basados en datos de la Organización Mundial de la Salud.

Sin embargo, análisis técnicos han demostrado que los problemas de infraestructura son responsables de 30 % de estos hechos, lo que incluye carreteras en mal estado, señalización insuficiente y falta de iluminación.

Ojeda expuso que, aunque durante la noche se recorren menos kilómetros y el flujo vehicular nocturno representa apenas un tercio del total diario, la cantidad de accidentes se distribuye prácticamente en partes iguales entre el día y la noche. No obstante, las fatalidades son tres veces mayores en horario nocturno.

Esto se debe a factores como la visibilidad reducida, el cansancio de los conductores y condiciones climáticas adversas, que dificultan la conducción segura.

Para el experto, este incremento de la mortalidad nocturna está estrechamente vinculado con la visibilidad y las condiciones climáticas. Cuando el asfalto está mojado por la lluvia, el conductor pierde la capacidad de distinguir la demarcación horizontal y las señales, lo que puede derivar en una pérdida de rumbo fatal.

“Los accidentes fatales ocurren mayormente de noche, cuando no somos capaces de ver las señales debido a varios factores que disminuyen la visibilidad y la infraestructura actual no tiene las condiciones para mitigar estos riesgos asociados al clima”, sentenció.

Ojeda puntualizó que en un país donde la motocicleta se ha convertido en el principal medio de transporte y sustento para miles de familias, la ausencia de una política pública de mantenimiento vial se traduce en la pérdida de vidas humanas.

Este escenario refuerza la necesidad de una intervención institucional coordinada que priorice la seguridad vial como un asunto de política pública y no como un problema aislado. En concreto, que los gobiernos locales y nacionales implementen medidas claras para proteger a todos los usuarios de la vía.

Ambiente y la salud pública

Durante el simposio, el ingeniero Freddy Mogollón destacó desde Panamá que los accidentes de tránsito impactan negativamente en el medio ambiente mediante procesos contaminantes, tanto inmediatos como a largo plazo.

Por procesos inmediatos se entiende derrames de combustibles o fluidos que contaminan directamente la vía y el entorno, mientras que a largo plazo se refiere a la acumulación de desechos y restos de vehículos abandonados.

Mogollón señaló que los volcamientos y colisiones provocan derrames de combustible, aceite y fugas de fluidos que liberan sustancias químicas nocivas. Además, los restos de piezas automotrices abandonadas en las vías generan un efecto dominó sobre la fauna, el suelo y el agua.

Este enfoque amplía la discusión más allá de la seguridad vial y la sitúa también en el terreno de la sostenibilidad urbana y la gestión ambiental, que busca minimizar el impacto de la actividad humana sobre el entorno.

“Si todos contribuimos a tener entornos viales más seguros y eficientes, ya estamos siendo protagonistas de un mundo sostenible. La pérdida total de vehículos por falta de reparación también alimenta el problema de los vertederos y eleva los costos económicos”, dijo.

Añadió que, más allá del impacto ambiental, la frecuencia de los accidentes de moto se ha convertido en un problema de salud pública, porque los hospitales deben atender emergencias que podrían haberse evitado con vías más seguras, lo que genera costos sociales y económicos y reduce la productividad urbana.

Infraestructura diseñada para carros

Para Hilda María Gómez, especialista en seguridad vial, el problema es estructural desde la concepción misma de las vías. Gómez denunció que los diseños viales actuales están orientados exclusivamente a vehículos de cuatro ruedas, ignorando las necesidades y riesgos de quienes utilizan motocicletas.

Esta visión centrada en el automóvil limita la efectividad de cualquier política de movilidad que no contemple la diversidad real de usuarios en ciudades como Caracas, donde las motos son un medio de transporte esencial.

“Un bache en una vía no es grave para un vehículo de cuatro ruedas, pero para el motociclista puede ser fatal. Además que, a mayor número de carriles, mayor es el riesgo de siniestro para este sector”,

alertó

Insistió en la necesidad de incluir a los motorizados en la formulación de políticas públicas, ya que los manuales suelen ser elaborados por personas que desconocen las realidades y necesidades de quienes conducen motos. Entre las soluciones propuestas para Venezuela y Latinoamérica, destacó:

  • Reducir los límites de velocidad.
  • Integrar requerimientos específicos de motociclistas en el diseño, construcción y operación de vías.
  • Entrenar a ingenieros viales en diseños seguros pensados para vehículos de dos ruedas.

En un contexto donde la infraestructura, la institucionalidad y el comportamiento vial convergen en un mismo problema, la seguridad en las vías de Caracas sigue dependiendo más de la pericia individual que de un sistema diseñado para proteger a sus usuarios, es decir, la responsabilidad no recae solo en quienes conducen, sino también en la planificación urbana y las políticas públicas.

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