En el mismo punto, bajo el mismo árbol, flanqueando el reloj de la plaza del Rectorado, ahí está de nuevo William, con la sonrisa habitual, batiendo la mezcla y sirviendo chicha.

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En el mismo punto, bajo el mismo árbol, flanqueando el reloj de la plaza del Rectorado, ahí está de nuevo William, con la sonrisa habitual, batiendo la mezcla y sirviendo chicha.