Netflix estrenó un documental que denuncia cómo compañías como Google, Facebook y Twitter manipulan a los usuarios. Presenta un escenario catastrófico, en el que hasta las democracias están amenazadas. Pero hay que verlo con cuidado.

Caracas. En Internet abundan los documentales sobre los peligros de la web y las herramientas que han surgido como las redes sociales. Basta una breve revisión de títulos recientes como The Great Hack (2019) de Karim Amer y Jehane Noujaim, Deep Web (2015) de Alex Winter o Citizenfour (2014) de Laura Poitras. Películas que muestran cómo Internet sirve también para la vigilancia, la manipulación o el comercio ilegal. 

Ahora en Netflix se estrenó uno más que se suma a esta lista: The Social Dilemma, que se centra en cómo Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest, Google y demás manipulan la mente de sus usuarios. Detalla cómo a través de inteligencia artificial han establecido un modelo de negocios para generar una adicción a fin de que las personas no se aparten de las pantallas del teléfono, por lo que constantemente consumen información diseñada para cada individuo, de acuerdo con sus intereses, miedos, ideas e inquietudes.

La película de no ficción presenta un panorama desalentador, en el que según el planteamiento, hasta las democracias están en peligro debido a la vulnerabilidad de la sociedad ante tecnologías que controlan su parecer, objetivo de noticias falsas, así como los desequilibrios emocionales por las presiones de quienes se exponen en la red y buscan emular a otros.

El documental ha sido uno de los más vistos en Netflix en días recientes

The Social Dilemma presenta un tema pertinente. Como toda tecnología, especialmente las que se vuelven tan masivas, Internet ha representado un reto en muchos sentidos, desde el campo laboral, hasta lo ético y moral. Las redes sociales han cambiado las dinámicas humanas y la discusión sobre sus aciertos y desaciertos debe estar siempre abierta para la constante mejora, y lograr así un consumo más consciente y responsable. 

Pero este documental debe ser visto en su justo contexto. Es una producción original de Netflix, que obviamente tiene en las compañías cuestionadas claros rivales. Cada serie o película de la plataforma no solo compite con la de otras similares, sino también con la tentación de ver videos de Youtube, preferir un live en Instagram, mirar fotos durante horas en Facebook o escudriñar en centenares de videos de Tik Tok.

Además, Netflix también se vale de algoritmos para mantener la atención de sus suscriptores. No es una estrategia negativa per se, pues es una manera de darle a la audiencia contenidos relacionados con sus gustos, y ya dependerá del espectador si acepta o no ir más allá de las sugerencias de un vendedor al que no se le ve la cara. 

The Social Dilemma se vale principalmente de los testimonios de personas que tuvieron altos cargos en las empresas señaladas. Por ejemplo, uno de los entrevistados es Justin Rosenstein, del equipo que inventó el botón Me gusta, también está Guillaume Chaslot, responsable del sistema que recomienda videos en Youtube y Tim Kendall, quien trabajó como director de monetización de Facebook.

Cada uno hace mea culpa por su pasado. Hablan sobre las consecuencias negativas de acciones que de acuerdo con ellos tuvieron intenciones más loables. En el documental también participan académicos y muestran cifras recientes sobre polarización política en Estados Unidos o suicidios entre jóvenes.

El director del documental es Jeff Orlowski, quien filmó también Chasing Coral, que ganó en 2017 el premio de la audiencia en el Festival de Cine de Sundance. A ratos se vale de la dramatización para dinamizar su mensaje. Por ejemplo, una familia que tiene que lidiar con la dependencia de los hijos menores a las redes, así como también un sujeto inconsciente que actúa de acuerdo con las indicaciones de tres hombres que personifican los algoritmos. Estos recursos dramáticos lucen impostados, trillados y redundantes. Incluso, parecen de baja factura en su producción y actuación. 

The Social Dilemma
La película se vale de figuras como Tristan Harris y Roger McNamee, que han  estado vinculadas a empresas de tecnología

Pero son detalles narrativos para un mensaje obvio. The Social Dilemma pinta en la mayor parte de su metraje un panorama apocalíptico, en el que subestima mucho al espectador, a quien ve como un rebaño al que victimiza en demasía con el fin de remarcar su mensaje desalentador, en el que son necesarios unos seres superiores y conscientes para salvar al resto de la hecatombe. No es mentira que la ansiedad y la adicción que generan las redes son motivo de consulta a psicólogos o psiquiatras, quienes paradójicamente a través de las redes también se han dado a conocer y atienden a quienes necesitan ayuda.

Y en eso falla este documental, en una contraparte que reivindique estas tecnologías. Un cuchillo sirve para preparar la más exquisita ensalada, pero también se puede convertir en un objeto amenazante y mortal. 

Si bien las redes son un medio eficaz para los impulsores de noticias falsas, también han servido como elementos comunicantes en lugares donde los medios tradicionales son censurados o han sido cerrados, además de ser también canales para la solidaridad en momentos apremiantes. Incluso, en Netflix hay una serie documental que muestra cómo un grupo de personas se une a través de Facebook para descubrir a un psicópata que maltrataba animales antes de asesinar a personas: Don’t fuck with cats

Pero no todo está perdido. En The Social Dilemma hay una rendija a la esperanza. Recae en una de las entrevistadas, quien asegura ser optimista. Afirma que la sociedad enfrentará el reto y saldrá bien librada. Forma parte de los comentarios que aparecen al final, durante los créditos; más reflexivos y dados al llamado a la responsabilidad personal, a la participación de los adultos, y a recomendaciones para aquellos que quieran vivir con las redes, pero sin adicciones, ansiedades o presiones.

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