Al menos 112 familias están seriamente afectadas por una falla que averió tres transformadores. Aunque Corpoelec se comprometió a reparar los aparatos en 15 días, los vecinos exigen pronta solución. Los niños y los adultos mayores enfermos son los que más sufren por la falta de electricidad.
Maracaibo. Martes, 3:00 p. m. Los vecinos de la segunda etapa de los bloques Raúl Leoni, al oeste de Maracaibo, esperaban que terminara el racionamiento eléctrico que había comenzado tres horas antes aquel 6 de mayo. El calor era insoportable. Cuando la luz volvió, lo hizo solo por segundos. Una explosión los sacó de sus casas. Se habían quemado los transformadores.
Desde entonces, los bloques 20, 26, 27 y 28 están a oscuras. 112 familias quedaron completamente sin electricidad. Trabajadores de la Corporación Eléctrica Nacional, S. A. (Corpoelec) acudieron al lugar después de varios reportes.
Tras dos inspecciones, determinaron que dos transformadores estaban en cortocircuito y el tercero, el más grande, conocido como “El Goliat”, recalentó sus cables. La solución, advirtieron, tardaría al menos dos semanas.
“Corpoelec dijo que probablemente este martes van a instalar uno de los tres transformadores averiados para que tengamos al menos 110 voltios y luego, en 15 días, instalarán los otros dos para completar la carga eléctrica”, contó Mirla Espina, una de las afectadas y presidenta del condominio del bloque 26.
Mientras tanto, la comunidad vive lo que describe como un “infierno”: sin agua, con alimentos descompuestos y bajo un calor de 40 grados. Deglys Montero, de 71 años, perdió toda su comida y duerme desde hace más de una semana en la sala, a oscuras.

Crónica Uno visitó la comunidad para conocer de cerca cómo se sobrevive a más de 100 horas sin energía eléctrica en la capital de la ciudad más calurosa del país, donde este lunes se alcanzaron los 40 grados.
Incomunicados
“Te estoy llamando rapidito porque una vecina me prestó un cargador. Estamos sin luz desde el martes, no tengo agua y se me perdió la comida”, dice Grey Villalobos de 66 años por teléfono a su hija que está en Estados Unidos. “Esto es para guapos, anoche no dormí nada, antenoche tampoco, los zancudos y el calor no me dejan”, explica a punto de llorar.
La mujer, que está recién operada de un brazo, dice que ha pasado los días más difíciles de su vida.
“Cuando hubo el apagón nacional yo estaba fuera del país, escuchaba los cuentos pero no es lo mismo vivirlo. Estoy desesperada porque hace demasiado calor y mi única familia, que son mis hijos, están en Estados Unidos. No tengo para donde irme hasta que pase esto”,
lamenta resignada luego de colgar la llamada.
Su vecina, Ana, una maestra embarazada, logró mantener algo de comida gracias al hielo almacenado en su congelador. Pero tuvo que pedir alojamiento temporal en casa de un familiar.
“Esto es espantoso, gracias a Dios yo procuro mantener hielo en el freezer, porque aquí no se sabe cuándo se va a ir la luz o por cuentas horas y eso me ayudó a que no se me perdiera la comida pero tuvimos que pedir arrimo en casa de un familiar de mi esposo porque en mi condición no puedo estar en este calor”, expresó la maestra.

“Aguantamos unos días con un ventilador que mi esposo sacó fiado por la emergencia pero el calor es insoportable”, contó mientras se preparaba para irse la noche del domingo.
No hay dolientes
Yunaira González, de 62 años, escuchó dos explosiones seguidas aquel martes. “Me puse las manos en la cabeza porque solo pensaba en mi esposo. Se me perdió toda la fruta y las verduras que teníamos para su dieta”, dijo.
Yunaira es diabética y su esposo, José Araujo, de 63 años, sufre de prostatitis, problemas circulatorios y usa una sonda renal. “Me molestan mucho las piernas porque me toca dormir en la hamaca pegado a la puerta porque hace mucho calor, me siento muy mal”, admitió el hombre.
La falta de electricidad también impide bombear agua en los edificios. Los González han gastado hasta este domingo 14 dólares en agua potable y para uso diario.

En el tercer piso del bloque 26 vive Emperatriz Depablos, de 69 años, junto a sus tres hijos.
“Esto ha sido muy difícil para mi mamá porque ella es diabética y eso le afectó la vista. Sufre de los nervios y es hipertensa. Se desespera mucho, es duro ver a mi mamá así”, añadió su hijo Yoalbert Luchony.
Buscan soluciones
Por lo general, una planta eléctrica funciona durante ocho horas y debe descansar dos, pero Carlos Rincón confesó que, al no apagar la suya, esta terminó averiándose. “No la podía apagar, tengo a mi esposa embarazada y una niña de dos años. Es duro porque se dañó la comida, no hay agua fría, nada”, comentó.
El viernes, cuando su planta dejó de funcionar, se vio obligado a dormir en un hotel. “He gastado 400 dólares en habitación y 30 dólares diarios en comida. Voy a comprar otra planta porque aquí en Maracaibo es una necesidad tanto como un aire acondicionado porque siempre se va la luz”, dijo.

Una planta eléctrica en Maracaibo cuesta entre 400 y 650 dólares, dependiendo si es usada o nueva.
Carlos añadió que, incluso si Corpoelec instala el transformador Goliat y habilita una sola fase, igual necesitará una planta eléctrica, pues sus aires acondicionados requieren 220 voltios.
“Así cuando estén los cuartos fríos, apago los aires y la planta y dejó los ventiladores con la luz de la calle. Aquí hay que ingeniárselas porque no es fácil tener la casa sin aire tres días, es un horno”.
Este martes, los vecinos tienen previsto acudir a la sede de Corpoelec en el sector Amparo para exigir una respuesta definitiva. Piden soluciones urgentes, sobre todo por los niños, ancianos y enfermos, quienes son los más afectados.





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