La organización social hizo un estudio en 25 parroquias de cuatro regiones y encontró datos alarmantes, como que 31 % de los hogares encuestados desmembró el grupo familiar por no tener comida y envía a los más vulnerables —principalmente a los menores de 5 años— a alimentarse fuera del hogar.

Caracas. En el 2016, la organización Cáritas de Venezuela inició un proyecto de sobrevivencia infantil en cuatro entidades federales: Miranda, Vargas, Zulia y Distrito Capital. Ahí encontraron que 25 % de los niños evaluados (202 casos) mostraron de alguna forma desnutrición aguda y 28 % están en riesgo de desnutrición (225 menores).

De octubre a diciembre de ese año monitorearon 25 parroquias y encontraron que estos problemas, según los parámetros de clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS), son cercanos a una situación de crisis humanitaria, específicamente en algunas localidades de Zulia y Vargas.

EL DATO. Considerando toda la zona evaluada (818 casos de infantes), se registraron en riesgo de desnutrición 27,6 % de los niños estudiados y se identificaron con desnutrición aguda leve 15,7 %. Al unir este grupo con los identificados con forma moderada y severa de desnutrición aguda, suman en total 427 niños ya integrados al esquema de atención del programa. Se registró que solo 6 % de los hogares alcanzaron una diversidad de dieta adecuada —es decir, que incluyen en su alimentación más de 9 grupos de alimentos. Mientras que 42 % de la población tiene una dieta pobre —alimentación con base en 6 a 9 grupos de alimentos— y 52 % de la población mostró una diversidad de dieta inadecuada.

El informe presentado por Caritas, denominado “Línea Basal del Monitoreo Centinela de la Situación Nutricional en Niñas y Niños Menores de 5 años”, señala que el estado Vargas se presenta como la región con mayor número de niños desnutridos, pero las formas más severas del problema tienen más impacto en Zulia y en el Distrito Capital.

Esto hace pensar que hay factores agravantes que hacen más intensa la desnutrición en algunos estados, probablemente relacionados con el deterioro de la salud y la precariedad de los servicios de agua y saneamiento, cita el documento, en el que se aprecia claramente que Zulia muestra una situación alarmante por tener no solo una cantidad elevada de casos, sino también formas severas de desnutrición y anemia.

El carácter rural de esta población, su dependencia de la ganadería y la existencia en la zona de población indígena y desplazada del conflicto en Colombia, hacen pensar a los investigadores de Cáritas que los problemas recientes de deterioro de la actividad agrícola, inseguridad de los trabajadores rurales de la zona e inestabilidad de las operaciones de la frontera, han afectado de manera particular a estas parroquias y reagudizado la situación de pobreza extrema en la que viven:

“Las altas prevalencias de desnutrición crónica, en simultáneo con el incremento de la desnutrición aguda, hacen presumir que estamos frente a una crisis de instalación lenta con una reagudización intensa en los últimos dos años, siendo los niños menores de 2 años los más afectados”.

Cáritas encontró que el alto índice de desnutrición aguda en niñas y niños menores de 6 meses duplica la de los niños mayores de 2 años. Esta mayor incidencia de la desnutrición en los niños más pequeños da un carácter crítico a la situación, por la irreversibilidad de los impactos de la deficiencia alimenticia en esta edad.

Otro de los datos resaltantes es que en el grupo monitoreado se registra 15 % de sobrepeso. Esta situación, en poblaciones con elevadas cifras de desnutrición aguda, puede ser el reflejo de una malnutrición subyacente, no expresada en términos de delgadez, pero con sobrepeso que coexiste con déficits de micronutrientes, como la anemia.

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A decir de los investigadores, en el grupo monitoreado se da el proceso epidemiológico de la doble carga de malnutrición —por déficit y por exceso—, que venía ocurriendo en el país y en América Latina.

Tan es así, que los cuadros de anemia registrados entre las niñas y niños de las parroquias de Zulia coinciden con los límites de una situación de severa gravedad, según los criterios epidemiológicos de la OMS y es expresión de lo que se denomina “hambre oculta”, como reflejo de una alimentación no solo deficiente en cantidad, sino también en calidad.

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Pero los resultados de esta encuesta van más allá: la evaluación que hicieron de la dieta familiar evidencia una alimentación de muy mala calidad, con déficit de nutrientes críticos.

“Es alarmante la baja proporción de hogares que reporta incluir en su alimentación fuentes de proteína de alto valor biológico, de hierro y de vitamina A. Incluso las proteínas que en períodos recientes eran de más fácil acceso económico, como los granos y el pescado, ya aparecen consumidos por una muy baja frecuencia de hogares. Esto puede estar determinando un riesgo aumentado de anemia y de mayor mortalidad infantil”, expresa el texto.

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También se recoge del estudio que las estrategias de sobrevivencia puestas en marcha por las familias frente a esta problemática reflejan una profunda crisis de inseguridad alimentaria familiar y una destitución de las funciones de alimentación que van, desde un cambio en las formas y lugares habituales de acceso al alimento, hasta una carencia de alimentos culturalmente importantes y arraigados en la identidad nacional, pasando por una privación alimentaria severa y una descapitalización de las familias para poder cubrir sus necesidades inmediatas de alimentación.

Ficha técnica del estudio:

 Antropometría en niñas y niños menores de 5 años,

 818 registros antropométricos procesados, de niñas y niños menores de 5 años,

 217 encuestas familiares de seguridad alimentaria y nutricional,

 25 parroquias monitoreadas,  12 municipios monitoreados,  4 estados (diócesis) monitoreados

En cuanto al análisis que hicieron sobre el tipo de estrategias utilizadas para sobrevivir, encontraron que de 47 % a 61 % de los 217 hogares entrevistados cambiaron sus formas habituales de adquirir/comprar sus alimentos; entre 66 % y 71 % reportaron haber tenido que deteriorar su alimentación; de 48 % a 80 % incurrieron en alguna forma de privación alimentaria; 31 % ha recurrido a alguna forma de destitución de su base de recursos para poder comprar alimentos; 31 % de los hogares ha tenido que desmembrar el grupo familiar para enviar a los miembros más vulnerables a alimentarse en otro lugar distinto al hogar.

Mientras que las tres estrategias más frecuentes registradas sobre los cambios en las formas habituales de adquirir/comprar sus alimentos son: la compra en el mercado negro de alimentos, el trueque y comer en casa de amigos y familiares. Se registraron también estrategias como comer “en la calle”, incluyendo la mención de las sobras de restaurantes y contenedores de basura (8 % hogares), “pedir” comida en la calle y comer con la ayuda de la iglesia (3 % hogares).

En los estados en donde entrevistaron a la población peri-urbana y rural, encontraron que solo 2 % se beneficia de los Clap.

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¿Qué hacer?

Luego de estos resultados alarmantes, Janeth Márquez, directora de Cáritas Venezuela y quien estuvo en la coordinación general del proyecto; junto con Susana Raffalli, asesora en Nutrición y coordinadora técnica, pidieron al Estado verificar y hacer una vigilancia epidemiológica de la situación nutricional en forma más amplia y constante, para poder fijar respuestas oportunas.

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A su vez, solicitaron atención urgente a la problemática arrojada por el estudio: la ocurrencia de formas moderadas y severas de desnutrición, así como la prevalencia de un gran número de niñas y niños en riesgo, que demandan que la respuesta sea de carácter terapéutico (esquemas de alimentación terapéutica para la recuperación de los niños), pero también preventiva y de mitigación de los daños que se sigan generando mientras no se resuelva la crisis alimentaria de país (suplementos nutricionales).

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Con todo, sugieren que la respuesta de mitigación y prevención amerita recursos extraordinarios no accesibles en las parroquias e instituciones sanitarias y de cuidado del país. Por lo que recomiendan facilitar formas extraordinarias de cooperación y asignación de recursos especiales inmediatos para reducir el daño nutricional y procurar la rehabilitación de las niñas y niños ya afectados.

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Para los especialistas, “es necesario complementar estas acciones de rehabilitación y mitigación con medidas más amplias que permitan rectificar y resolver la crisis de inseguridad alimentaria en el país. Canalizar subsidios alimentarios directos que lleguen a población vulnerable y tomar las medidas necesarias para restaurar formas habituales y eficientes de tener acceso a los alimentos sin discriminación, con facilidad y con suficiencia nutricional. Sin una adecuada restauración del acceso a facilidades mínimas de agua segura y saneamiento, ninguna de las acciones en lo alimentario rendirá beneficio nutricional”.

La organización concluye: “Por eso es necesario poner la respuesta a esta crisis alimentaria en un lugar prioritario en las agendas de coordinación social y económica, despolitizando la protección y la atención de los más vulnerables y facilitando el trabajo asistencial a todos los actores (oficiales y no oficiales) que tienen rápido acceso a las poblaciones más necesitadas en todo el país”.

Foto referencial: Cheché Díaz



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