Emprender, el alivio de los estudiantes universitarios

Trabajar y generar ingresos que permitan un aporte al núcleo familiar es una materia más del plan de estudio de los jóvenes y que no pueden reprobar. Muchos estudiantes han encontrado en el emprendimiento un alivio que les permite continuar en la universidad. La beca ya no es una opción, de hecho, desde enero de este año ha caído la demanda: la UCV tuvo en ese mes 4467 estudiantes con beca estudio, pero septiembre cerró con 3854.

Caracas. El morral de Beatriz Lora podría pesar un poco más que el de sus compañeros. Entre libros, leyes, lápices, se enreda el cable del secador de cabello que lleva dentro del bolso. Desde febrero este artefacto se convirtió en su principal herramienta de defensa económica. Recuerda que cuando en diciembre de 2017 le dijeron que ya no podrían pagarle los estudios, lo primero que se le vino a la mente fue el secador. Lo saca, lo mira y vocifera: Me dijeron: ‘no dejes de estudiar, para la carrera mientras ves que puedes hacer para pagártela tú’. Esa fue una frase que ella esperaba, pudo darse cuenta cómo finalizando 2017 ya no podían costear la insulina de su abuela, los alimentos y además la universidad. Le preguntaban con insistencia cuánto costaría esta vez el semestre de Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB).

Al escuchar aquello Beatriz no se inmutó. Era su oportunidad de aprender a ser independiente, lo que quiso desde que tenía 15 años. Ahora, con 19, tenía una razón de peso: poder seguir estudiando.

Ya desde que estaba en el colegio me rebuscaba haciendo portadas, pasando márgenes, forrando cuadernos. Así que cuando mi prima me dijo que no podría seguir costeando mis estudios, ya estaba preparada para trabajar. Lo que no me imaginaba era cómo iba a hacer para llevar las dos cosas, cuenta.

Los padres de Beatriz murieron cuando ella era una niña. De su mamá heredó el gusto por la peluquería, de su papá el genio de sacar un negocio de cada idea. Secar cabello, hacer cirugías capilares, maquillar, depilar, poner cejas postizas es lo que Beatriz hace de lunes a sábado para generar ingresos que van a dar a una cuenta especial para sus gastos universitarios. En una peluquería en Capuchinos alquiló una silla y buscó sus primeras clientas, amigas de la universidad y conocidas. Al principio sintió que no reuniría el dinero que necesitaba, por lo que le pidió a sus amigas que “regaran la voz” sobre el trabajo que ella hacía. “Entre trabajar a domicilio y en la peluquería fue que comencé a reunir el dinero. Ya para mayo estuve mejor”.

Foto: Luis Morillo

Va a clases de 7:00 a. m. a 12:00 m. A la 1:00 p. m. llega a la peluquería. Dependiendo de la clientela, termina a las 7:00 p. m. “Ya tengo mucha gente que me conoce, que me busca”, dice sonriendo. En la noche estudia, suele acostarse a dormir en la madrugada. En la época de parciales amanece leyendo.

En mi carrera tengo que leer mucho. Llega un momento en que si te descuidas, pierdes el hilo. Siempre he tenido buenas notas, en el segundo semestre, que comencé a trabajar, las notas bajaron muchísimo porque todavía no me organizaba con el tiempo para estudiar. Cuando estaba a punto de terminar el semestre fue cuando me nivelé.

Cada 15 días paga el alquiler de la silla y compra materiales, cada vez que tiene dinero extra lo invierte en maquillaje intentando ir delante de la hiperinflación, una que día a día resta posibilidades. Beatriz cancela la universidad en dos partes: en septiembre fueron 4000 bolívares soberanos, esta semana 40.000 bolívares. El salario mínimo son 4500 bolívares, para reunir esa cantidad siendo empleada pública, tendría que haber trabajado durante 9 meses.

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Siempre hay la manera de seguir adelante, dedicarme a la peluquería fue la mía. Ahorita por la situación del país lo que se necesita son jóvenes que quieran salir adelante. No solo pago la universidad, sino que también colaboro con la comida. Si yo no hubiese estudiado, me da algo, porque desde pequeña sabía que quería estudiar Derecho.

En un mercado laboral cada vez más contraído y restrictivo —según la encuesta de coyuntura de Conindustria correspondiente al período de abril a junio de 2018, al menos unas 700 empresas dejaron de operar—, donde los sueldos y salarios no cubren las necesidades básicas, los estudiantes universitarios ven en el trabajo por cuenta propia y en el emprendimiento al menos una oportunidad para intentar no abandonar los estudios.

Una materia extra en el plan de estudios

agenda profesoral contra la crisis
Foto: Cristian Hernández

Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi), en 2018 la tasa de desempleo fue 10 %, un punto porcentual más con respecto a 2017. El desglose por edades refleja que la población más vulnerable es la que comprende de 15 a 24 años de edad con 23 % de desempleo; 3.6 % más que el año pasado.

“Al estudiante le toca emprender y trabajar para su sustento”, afirma Indy Pacheco, jefe del departamento de Trabajo Social de la Organización de Bienestar Estudiantil (OBE) de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Estudiar en medio de tanta adversidad no es fácil. Cuando se tienen todos los beneficios (comedor, transporte, ayudas económicas, residencia, insumos educativos) se puede prever una prosecución académica exitosa. Pero estar en estas condiciones requiere aún más de un propósito, de un esfuerzo mayor, agrega.

El factor socioeconómico es el principal elemento que impide la prosecución académica. En la Universidad Simón Bolívar (USB) al menos 52 estudiantes hicieron la solicitud de justificación de retiro de este último trimestre por razones socioeconómicas ante la Dirección de Desarrollo Estudiantil, otros 42 por motivos de salud y 14 por asesoría psicosocial. Morella Albert, directora de este departamento, señala que muchos son estudiantes de trimestres avanzados.

El informe presentando en abril por la Secretaría de la USB, indica que la evolución del porcentaje anual de estudiantes activos que no se inscribe pasó de 8 % en 2010, a 22 % en 2017.

Para Tulio Ramírez, sociólogo y presidente de la Asamblea de Educación, “un estudiante universitario es un individuo con mucha voluntad que nada contra la corriente tratando de llegar a la orilla, atravesando muchos obstáculos”. Señala que cada vez cuentan con menos recursos para culminar la carrera, “obligado a compartir el estudio con el trabajo en el mejor de los casos”.

En la UCV la situación no es diferente. Desde 2008 hasta 2014 la tasa de deserción anual se ubicó en 5 %. Luego de 2015 comenzó a crecer y en 2017 llegó a 29,1 %, según el informe que presentó la Secretaría de la UCV en abril.

Trabajar y generar ingresos que permitan un aporte al núcleo familiar es una materia más del plan de estudio de los jóvenes, esto en un contexto en que 48 % de los hogares venezolanos sufren pobreza multidimensional, refleja la Encovi 2018. En 2017 este estudio ya advertía que 6 de cada 10 jóvenes entre 18 y 24 años no tiene acceso a la educación superior, lo que implica un aumento de 10 % con respecto a 2017.

El estudiante que sobrevive y se gradúa es un sobreviviente de las condiciones adversas, merece el elogio por parte de la sociedad porque los estímulos son pocos, enfatiza Ramírez.

 Becas estudiantiles devaluadas

Foto: Sebastián García Inojosa.

Martha Pérez y Yohnny Rodríguez son novios y estudiantes de la Universidad Central de Venezuela. Desde hace más de un año decidieron hornear brownies, venderlos y con los ingresos cubrir gastos universitarios y personales. Ambos tienen 25 años. Martha ahora es tesista de la Escuela de Geografía y Yohnny cursa el octavo semestre de ingeniería geofísica. Los dos están becados, pero dicen que nunca saben cuándo cae el depósito. En noviembre el Gobierno elevó la beca estudio de 4 bolívares a 720 bolívares soberanos, mientras que la ayudantía y la preparaduría quedaron en 900 bolívares soberanos y 1080 bolívares, respectivamente. Montos con los que el estudiante apenas podría cubrir el almuerzo de un día. Un libro supera los 3000 bolívares.

“La beca no me ha servido para nada”, dice Yohnny, “por eso es que se necesita evolucionar y tratar de emprender, porque estar en la universidad, requiere gasto”. En medio del embate económico, el trabajo es la materia en la cual es estudiante no puede fracasar.

Al inicio del año pasado sentimos que todo se salió de control en cuanto a precios. Era normal comprarse algo en la universidad en las tardes para merendar. Yo siempre me quejaba porque todo iba cada vez más caro. Decidimos hacer nuestras meriendas los fines de semana. Compartiendo los brownies con los muchachos de ambas escuelas, comenzaron a decirnos que lleváramos para vender. Quisimos probar y mandamos a hacer unas etiquetas, pensamos el nombre y empezamos a vender, relata Martha.

Así Snack Time se convirtió en el negocio de ambos, los pedidos los toman con 48 horas de anticipación y las entregas las hacen a domicilio en bicicletas. En la semana pueden hacer hasta 40 entregas.

Este último año fue que Yohnny pudo comprar la lupa especial, la libreta de minero, el martillo y los zapatos para ir a las salidas de campo. Próximamente tendrá que estar durante 30 días en un campamento para hacer estudios geofísicos y aplicar los métodos que ven en la carrera. Estas actividades son un requisito para graduarse.

La universidad no cubre nada de transporte, logística, comida. Los recursos de mis padres son limitados, lo que perciben es para su alimentación. Entonces los estudiantes tenemos que ver cómo organizamos todo, cuenta Yohnny. No pude calcular cuánto costará esta actividad, pero está seguro de que el dinero saldrá de lo que hagan con Snack Time.

La venta de brownies también ha ayudado a Martha con las impresiones de mapas a grandes dimensiones. Hasta el semestre pasado era quien financiaba las copias de su equipo de trabajo. Les decía que después me pagaran. Casi todos tenían beca, pero era imposible que con 4 bolívares cubrieran todo eso. Entonces era rogarle al profesor que leyeran los mapas por internet o en PDF cuando no podían imprimir.

Los estudiantes han perdido el interés en la solicitud de becas en las universidades. Desde enero de este año ha caído la demanda: la UCV tuvo en ese mes 4467 estudiantes con beca estudio, pero septiembre cerró con 3854. Para ese mismo periodo, tenían asignadas 1005 becas por ayudantías, cayó a 743. Mientras que los preparadores, de 540, pasó a 514.

“Antes teníamos hasta listas de espera. Con preocupación vemos cómo este año cada mes se agudizaron los retiros. Los nuevos ingresos de becarios no representan ni 20 %”, dice Pacheco. Entre estudiantes que retiran el semestre, que se van del país y los que egresan, engrosan estos datos. Pacheco agrega: “La necesidad de incorporarse al mercado laboral le resta importancia a este beneficio”.

La USB llegó a tener en promedio 1300 becarios, en la actualidad son menos de 500. De la cohorte 2018 apenas 31 estudiantes de las dos sedes presentaron los requerimientos para realizar el trámite, publicó Crónica.Uno el pasado 30 de octubre.

Martha y Yohnny elaboran las cajas para las entregas los fines de semana. Foto: Sebastián García Inojosa

Los aportes económicos para los estudiantes no han sobrevivido a una economía que cumplió en octubre de este año 12 meses en hiperinflación, en un contexto que tampoco promete mejoras. Las proyecciones del Fondo Monetario Internacional son que el país cerrará 2018 con 2.500.000 % de inflación. A pesar de eso, el presidente Nicolás Maduro ofreció el 21 de noviembre 20.000 bolívares a jóvenes colombianos para que estudien en Venezuela.

Ramírez rememora los años 70, cuando él era estudiante universitario en la UCV, vivía en un barrio caraqueño y no tenía carro: con una beca de 600 bolívares pagaba transporte, tenía disponibilidad de asistir a obras de teatro, compraba libros, comía los sábados en la calle. Era estudiante a tiempo completo, tenía tiempo para hacer deportes y estar en la biblioteca. Eso es un ambiente propicio para el desarrollo de un estudiante universitario, y no hablo de lujo alguno. Hoy en día ellos no pueden comprar libros. Yo compré mi calculadora para mis clases de estadística y sin necesidad de trabajar, expresa.

Irse del país es una idea que siempre está en la mente de Martha y Yohnny. Pero aseguran que en este momento esos no son los planes. A pesar de que entienden que estudiar es un desafío en Venezuela, no piensan desistir. Al igual que Beatriz, aprovechan la noche para estudiar y los fines de semana para comprar ingredientes y adelantar la construcción de las cajas donde hacen las entregas. Martha en las tardes hornea los brownies y Yohnny lleva los pedidos.

Siempre nos vamos a encontrar cosas que dan ganas de abandonar ya, no solo cuando inicias, estando en el noveno semestre se piensa en dejar la carrera. Son cuestionamientos que el estudiante se hace todos los días: Me voy del país, dejo la carrera, sigo, me dedico a trabajar. Es un reto que solamente se soporta si estás convencido de que te gusta tu carrera, piensa Yohnny.


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