El deportista trujillano vivió una odisea para convertirse en el pionero entre los atletas criollos en unos Juegos Olímpicos hace 68 años, en Londres.

Caracas. Venezuela competirá en Río con 87 atletas, el segundo contingente más numeroso en el historial de participaciones criollas en la máxima cita del deporte universal. La nutrida representación que encabezará el esgrimista Rubén Limardo, en el desfile inaugural del viernes en el estadio Maracaná, encuentra su origen en la solitaria e increíble incursión del ciclista trujillano Julio César León en los Juegos Olímpicos Londres 1948.

Con 91 años, León recibió el mes pasado un doctorado honoris causa por sus aportes como deportista, dirigente y por haber puesto al país en el mapa del olimpismo mundial. A diferencia de Limardo, el pedalista andino no tenía ni bandera ni dirigencia que lo respaldara en la ceremonia de apertura.

“La Federación de Ciclismo decía que no tenía la capacidad para competir y que iba a hacer el ridículo”, recuerda León, que ante apenas el primer contratiempo tuvo que buscar otras vías para cumplir su sueño de medirse con los mejores.

“Mi hermano me consiguió una cita para hablar con el embajador británico. Me recibió y me dijo ‘con mucho gusto, si usted quiere ir a mi país le voy a facilitar la manera para que vaya’. Me sorprendí de la facilidad para concretar el viaje cuando por intermedio de mi país tuve muchas molestias”, apunta.

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Viaje accidentado

El traslado a Londres se concretó en una antigua aeronave que transportaba objetos oficiales para la embajada. El día del viaje, solo tres periodistas bajaron a Maiquetía para despedir al ciclista, quien se fue con su esposa y su entrenador.

“Estaba muy emocionado y me fui a meter de primero en el avión, pero el que fungía como aeromozo me dijo ‘un momento, primero las damas’. A mi esposa la pusieron en la silla del radiotelegrafista y allí no había más sillas. Pregunté dónde me iba a sentar y me dijeron que iría en la parte de la ametralladora”.

En la travesía, León recorrió las islas del Caribe y solo se alimentó con sándwiches y Coca Cola hasta llegar a Bermuda, donde debió esperar por el mal tiempo para continuar el tramo más largo del viaje que incluyó una escala en Lisboa antes de llegar a Londres.

En suelo inglés, la nave dio cuatro vueltas y aterrizó en una base aérea militar. El atleta y su entrenador durmieron en una litera con los infantes de marina y a su esposa la acomodaron en el dormitorio de damas. Al día siguiente, el ciclista se mudó a un asentamiento dispuesto para los competidores.

Llegado el día de las inscripciones, León se enteró de su inhabilitación debido al veto que le impuso la Federación. Desolado por el nuevo inconveniente, el ciclista llamó al presidente del Comité Olímpico Venezolano (COV), Julio Bustamante, y al secretario José Beracasa, quienes decidieron ayudarlo y viajaron a Londres para avalar su participación.

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Sin bandera

Con la oficialización de su inscripción, León recibió la noticia del desfile inaugural dos días antes de la ceremonia. Allí debía portar, como las demás delegaciones, el pabellón nacional, pero, insólitamente, no pudo conseguirlo pese a haber realizado las gestiones ante la embajada venezolana.

Como no conocía a nadie en Londres y estaba muy nervioso por la responsabilidad que tenía, a León no le quedó más remedio que elaborar su propio tricolor. Decidió montarse en el Metro de Londres junto con su esposa y en la última estación consiguió una tienda que vendía telas. Allí compró un metro de amarillo, uno de azul y otro de rojo. Su señora, que sabía coser, confeccionó el improvisado estandarte y lo unió con teipe negro. Un haragán que había en la habitación donde se alojaba le sirvió de asta improvisada.

En la ceremonia del desfile, León admitió que tantos inconvenientes le bajaron un poco la moral. El valerano no entendía por qué todo tenía que ser tan difícil, pero cuando le tocó competir no se rindió y alcanzó los octavos de final en la prueba de velocidad al eliminar a Jamaica y a  Argentina.

Foto: Diario Las verdades de Miguel


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