En Maracaibo productos básicos solo se consiguen en mercados populares al triple de su costo

En los mercados, los artículos cuestan más si los pagos se efectúan por transferencia, la diferencia oscila entre 40 y 80 % dependiendo del vendedor y del producto. Un kilo de leche en polvo pude costar hasta 2 millones de bolívares.

Maracaibo. El ingreso básico de los trabajadores más el bono de alimentación quedó establecido en 797.510 bolívares, pero con ese ingreso es imposible comprar los productos de la canasta básica. En los mercados populares de Maracaibo, los precios se dispararon durante esta primera semana de 2018.

Ana Teresa González, habitante del barrio Santa Lucia, grita sin parar ante la presencia de la prensa:

Nos vamos a morir de hambre, ahora sí nos vamos a morir de hambre porque de verdaita que no nos alcanza. Nos están matando y nadie hace nada. Nosotros no tenemos gobierno, cada vez que aumenta el sueldo los precios se disparan, esto que estamos viviendo es horrible y yo a mis 56 años jamás vi esto. A uno no le alcanza el dinero, dígame usted ¿Para qué me alcanza una triste pensión?, ¿Qué son 300.000 bolívares? Nada.

Aunque la sustitución de los alimentos continúa con tubérculos, verduras y frutas, estas alternativas también se han encarecido desde que comenzó el año. Un plátano cuesta entre 2000 y 3000 bolívares y la yuca 8000 bolívares el kilo.

Con otros rubros, los precios se disparan si se cancelan con transferencias, el costo sube entre 40 y 80 %.

Adquirir un kilo de arroz o harina es casi imposible en los pasillos del mercado Las Pulgas. Arroz hay de dos tipos, el normal y el “de piquito”. El primero en efectivo cuesta 80.000 bolívares y con transferencia, el monto sube a 150.000 bolívares. El otro, el partido, cuesta 45.000 en efectivo y 100.000 en transferencia.

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La pasta cuesta más, pues un kilo está en 140.000 bolívares en efectivo y 200.000 por transferencia. Lo mismo para el azúcar, que vale 60.000 bolívares en efectivo y 120.000 bolívares mediante transferencia.

Con la leche hay un punto de quiebre. Un paquete de 900 gramos puede llegar a costar 2 millones de bolívares por transferencia. La más barata se consigue en 600.000 bolívares en efectivo.

Carmen Villasmil salió del barrio María Concepción Palacios ubicado al sur de la ciudad, a las 6:00 a. m., para visitar el último pasillo de Las Pulgas donde hay más de 60 locales que venden proteína. La mujer describió el menú que sirve en su casa: “Yuca, plátano y víseras, porque eso es lo que se consigue. Un kilo de carne de segunda cuesta hoy aquí 300.000 bolívares. Yo por eso compro víseras”.

Un kilo de bofe cuesta 25.000 bolívares, la pajarilla la venden a 40.000 y la panza en 50.000 todo en efectivo porque no hay opción de pagar por transferencia.

Eso es lo que estamos comiendo, porque no se consigue para comprar más nada. Los huevos cuestan 220.000 bolívares el cartón en efectivo, en otras partes se puede pagar con punto de venta pero vale hasta 350.000 bolívares.

Ramiro Albiar, tiene un puesto de verduras y frutas al lado de otro que vende productos regulados a sobre precio. Dijo que no está de acuerdo con los precios.

Un sueldo mínimo no es nada, porque un paquete de harina lo más barato la consigues en 75.000 bolívares, el azúcar en 70.000, una mayonesa 120.000 bolívares, un paquete de pañales lo venden en 1,3 millones de bolívares y un aceite de comer que no tiene el litro vale 180.000 bolívares, entonces yo digo: como hace un padre de familia que se gane el sueldo mínimo para mantenerse. Yo porque trabajo de mi cuenta, pero igual me la veo duras.

Los zulianos caminan por las callejuelas de Las Pulgas y La Curva con la decepción y el desespero marcados en sus rostros enflaquecidos y soñolientos. Ramón Antonio Guerrero, padre de cinco hijos, habitante del barrio La estrella al oeste de Maracaibo, dijo con pesar: Esta cruz es muy pesada, y lo peor es que nadie hace nada, aquí se va a desatar una mortandad porque con esta alimentación que tenemos no aguantamos ni un estornudo, que Dios se apiade de mis hijos, porque ya yo viví, ellos son los que me duelen.  

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Foto: Cortesía


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