Según la Asociación Venezolana de Distribuidores de Equipos Médicos, Odontológicos, de Laboratorios y Afines, 117 compañías han dejado de operar por fuerza de la crisis. Las empresas no tienen dólares y los centros de salud no tienen capacidad para mantener ni reponer los aparatos dañados.

La Sociedad Venezolana de Pediatría puntualiza que de 11 camas de que dispone la Terapia Intensiva del J. M. de los Ríos, solo cuatro están operativas, el resto no cuenta con equipos para brindar cuidados críticos a los niños. Faltan monitores, ventiladores, bombas de infusión y personal de enfermería. Según Provea, en 2017 se formularon 715 denuncias en el país en torno a las fallas de equipos médicos.

Caracas. La esperanza de vida languidece en los hospitales. La caída en la asignación de divisas a empresas importadoras de equipos, materiales e insumos de atención deja sus mayores secuelas en el gremio médico, un sector cuyo margen de maniobra para la detección de enfermedades se ha hecho más delgado en los últimos cinco años.

El panorama se torna devastador para una profesión acorralada por el cierre técnico que paraliza los centros de salud, el síntoma más visible de la opacidad gubernamental. A propósito de ello, la Asociación Venezolana de Distribuidores de Equipos Médicos, Odontológicos, de Laboratorios y Afines (Avedem), precisa que de 157 empresas importadoras de equipos afiliadas a Avedem, 40 permanecen activas, lo que en términos porcentuales significa que solo 25 % del ramo se mantiene a flote.

De acuerdo con las estimaciones de Avedem, 117 compañías han dejado de operar por fuerza de la peor crisis económica que atraviesa Venezuela. Antonio Orlando, miembro de la junta directiva y portavoz de la asociación, señala que la mayoría de sus afiliados tiene problemas para traer nuevos equipos al país

Las empresas no tienen dólares, su personal se ha ido del país y los centros de salud no tienen capacidad para mantener ni reponer los aparatos dañados, explica Orlando, quien asegura que pese al alza de dólar paralelo resulta más fácil reponer un equipo inoperativo que repararlo.

Su lectura no es una apreciación al margen de la crisis. La obsolescencia del andamiaje para el diagnóstico médico también queda retratada en la Encuesta Nacional de Hospitales 2018. El estudio, publicado el primer trimestre de este año, advierte que los servicios de diagnóstico están paralizados o funcionan de manera intermitente en los hospitales y en algunas clínicas.

En 2017, señala esa investigación divulgada por la Asamblea Nacional (AN), 97 % de los laboratorios estaban inoperativos, en la mayoría de los casos por falta de mantenimiento, un problema al que hoy se suman con igual fuerza las fallas de agua y el racionamiento de energía eléctrica en las principales ciudades.

En 2014, advierte la organización Médicos por la Salud —coalición responsable de la Encuesta Nacional de Hospitales izada por la AN— fallaba 89 % de los laboratorios, hoy todos están inhabilitados.

Este año 97 % de los tomógrafos y 86 % de los aparatos para practicar ecosonogramas están dañados. Y solo 6 % de los aparatos de Rayos X están aptos en 104 hospitales y 33 clínicas estudiadas.

El representante de la Asociación Venezolana de Distribuidores de Equipos detalla que la última importación que llegó al país data de agosto de 2017, cuando algunos distribuidores trajeron unos pocos monitores electrocardiográficos, que fueron repartidos entre clínicas. Entre las empresas afectadas por la falta de divisas destacan Suministros Radi Suradi y Meditrón, la primera de ellas importadora y la segunda encapsuladoras de material radiactivo empleado en el tratamiento contra algunos tipos de cáncer.

Lee también
En cinco hospitales de Caracas solo hay disponibles 41 % de las camas de terapia intensiva (I)

A decir verdad, en Venezuela una de cada siete personas corre el riesgo de morir por cáncer, una enfermedad que produce más de 50.000 casos por año y que ocasiona 15 % de las muertes registradas en el país, detalla la Alianza Venezolana por la Salud en su informe “¿Qué sucede con el Programa Nacional de Cáncer en Venezuela?”, presentado en febrero.

En un contexto en el que recrudece la crisis sanitaria y las muertes endosadas a la falta de insumos se cuentan por decenas, la Asociación de Distribuidores de Equipos Médico concluye que 85 % del parque instalado en servicios complejos, como nefrología y terapia intensiva, está paralizado. Entre las especialidades neurálgicas se cuentan las unidades de medicina nuclear, hemodinamia y las salas de terapia intensiva. Sin embargo, alerta el gremio, la crisis se vive con mayor furia en las terapias pediátricas: casi no quedan ventiladores, termocunas ni incubadoras operativas en las instituciones públicas.

La situación con los equipos es tan dramática como la falta de insumos y se remonta a 2012, pero explotó en 2014 cuando comenzaron a fallar los laboratorios responsables de procesar los exámenes especializados para el diagnóstico de pacientes trasplantados: el termómetro del momento. En el caso de los quirófanos, fallan las máquinas de anestesia, los equipos y las mesas quirúrgicas. El sector privado no escapa de la problemática, mucha clínicas han dejado morir sus equipos por falta de recursos, comentó Antonio Orlando.

Pero el cuadro ha empeorado en los últimos 4 años. Con cifras en rojo, la Sociedad Venezolana de Oncología advierte que la capacidad de ofrecer esperanza de vida a personas con cáncer es mínima en los centros públicos. Las autoridades no garantizan quimioterapia ni medicamentos biológicos y los especialistas no cuentan con mamógrafos, tomógrafos, resonadores, coaguladores e instrumentos hemostáticos para suministrar medicamentos de soporte vital: anestésicos, opioides o antibióticos.

Con una inflación interanual que la firma Síntesis Financiera calcula en 85.000 % entre junio de 2017 y junio de 2018, los centros de salud también tienen en contra la devaluación y la falta de recursos. En algunos incluso canibalizan equipos para reparar otros dañados.   Huníades Urbina, presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, dice que la situación es una verdadera tragedia. Señala que en los centros públicos 87 % de los equipos están paralizados. Y el J.M. de los Ríos no escapa de ello. Allí, dice Urbina, los médicos hacen los diagnósticos confiados en la literatura médica, según los síntomas de cada paciente.

El titular de la Sociedad Venezolana de Pediatría puntualiza que de 11 camas de que dispone la terapia intensiva pediátrica del J. M. de los Ríos, solo cuatro están operativas, el resto no cuenta con equipos para brindar cuidados críticos a los niños. Faltan monitores, ventiladores, bombas de infusión y personal de enfermería. Y en Nefrología, un servicio que brinda terapia sustitutiva de riñón a niños con insuficiencia renal crónica, solo funcionan 6 de 14 máquinas de diálisis.

En la mayoría de los hospitales del país fallan las torres de laparotomía, drenajes y suturas. Y la infraestructura de hospitalización está en franco deterioro. En 2017, según denuncia Provea en su informe “Situación de los Derechos Humanos en Venezuela”, el área quirúrgica del Instituto Oncológico Luis Razetti de Caracas estuvo cerrada por casi cinco meses.

En el capítulo sobre el Derecho a la Salud de ese documento, Provea indica que solo el año pasado se formularon 715 denuncias en el país en torno a las fallas de equipos médicos. Solo entre 2012 y 2017 se produjeron 1916 denuncias de ese tipo, de acuerdo con las estadísticas divulgadas por Provea en su informe presentado en junio. La data engrosa 20 % de los 9662 reclamos registrados desde 2012 por fallas y obsolescencia de equipamiento en el territorio.

Se trata de un cuadro que rinde cuenta sobre un problema que resienten los pacientes y sus familiares, y que priva a muchos enfermos crónicos de su recuperación. En el Hospital Universitario de Caracas, un centro considerado el más importante del país, no hay un solo equipo de imagenología operativo.

Según cifras divulgadas por la Alianza Venezolana por la Salud, los hospitales redujeron a 50 % las cirugías oncológicas, un déficit que, a grandes rasgos, se atribuye al deterioro de la infraestructura, la ausencia de equipos e insumos. A la crisis que asedia a los pacientes con tumores malignos, se le adhiere además el déficit de equipos para atender a quienes requieren radioterapia, un tratamiento fundamental para combatir más de la mitad de los tumores, entre ellos los de mayor incidencia, como el cáncer de pulmón, cuello uterino, mama, próstata, colon y recto. Y por si fuera poco, los programas de entrenamiento del personal que debía operar los dispositivos de alta tecnología, adquiridos mediante el Convenio Argentina-Venezuela de 2004, nunca fueron ejecutados.

De 40.263 personas afectadas por cáncer en 2009, 22.547 requerirían tratamiento de radioterapia. Actualmente, el servicio registra una demanda gruesa de más de 26.000 pacientes, ha cotejado la Alianza Venezolana por la Salud. Pero solo cuatro de las 25 unidades de radioterapia externa están operativas en Venezuela. 16 aceleradores lineales y 9 bombas de cobalto permanecen sin funcionar. Y el déficit de la oferta se ubica 88,75 %, calcula la alianza en los últimos meses.

El gremio advierte que desde 2016 ocurren fallas asociadas a la falta de mantenimiento preventivo. De un total de 85 dispositivos para el diagnóstico y tratamiento, 54 están inoperativos en el país, lo que equivale a 65 % ellos. Solo en febrero el número de aceleradores lineales dañados aumentó de 11 a 16.

Los equipos de simulación, indispensables para calcular y diseñar los planes de radiación externa, también están en situación crítica. De 22 instalados, 19 —lo que equivale a 86 %— estaban inoperativos el primer trimestre. Solo dos funcionan correctamente. En cuanto al funcionamiento de los equipos de braquiterapia (radiación interna), una modalidad de tratamiento diseñada para algunos tipos específicos de cáncer (próstata, cuello uterino, cabeza y cuello); también está limitada. Siete de 18 equipos están fuera de uso. Y otros dos funcionan con fallas.

El dato

De las 12 Gamma Cámaras y el CT PET, equipos de diagnóstico instalados entre 2005 y 2013, solo cinco Gamma Cámaras están operativas; otras dos presentan fallas y cinco dejaron de funcionar hace años.

Fotos: Luis Morillo @luizmorillo15



Participa en la conversación