El colapso del sistema público de salud y la crisis financiera obligan a pacientes con diabetes en Venezuela a debatirse entre pagar la insulina o la comida diaria. El costo de fármacos e suministros deja a muchos sin acceso a alimentos saludables, lo que perpetúa un ciclo de precariedad y riesgo en la salud.

Caracas. En su casa de Turmero, estado Aragua, Carmen Sánchez, de 25 años, repite el mismo gesto cada día. El silencio de la mañana se rompe con el chasquido del émbolo: toma la inyectadora, se pellizca el abdomen, introduce la aguja en su piel y deja que la insulina fluya.

Padece diabetes tipo 1 y desde su diagnóstico a los 18 años debe inyectarse dos tipos de insulina dos veces al día para sobrevivir. Sin embargo, cada día se le hace más difícil costear su tratamiento.

Un solo cartucho de insulina le cuesta $25, por lo que muchas veces se ve obligada a destinar casi todo su sueldo de secretaria a costear su medicación. Eso sin incluir gastos en consultas médicas de seguimiento y el precio del kit de glucómetros para medir sus niveles de azúcar en sangre que ya supera los $30.

Los pacientes que se inyectan insulina son aquellos que tienen diabetes y cuyos niveles de azúcar en sangre no pueden ser controlados adecuadamente con otros tratamientos o cambios en el estilo de vida. Foto: Tairy Gamboa

El desafío de llevar una vida digna con diabetes es un tema recurrente para ella. En 2019, la escasez de medicamentos y la devaluación del bolívar la forzaron a emigrar a Cúcuta, Colombia.

Pero la inestabilidad financiera y el desempleo en el país vecino la obligaron a volver hace tres años. Hoy, entre la nevera semivacía y la cajita de insulina en el estante, Carmen revive el mismo dilema: comer o administrarse los medicamentos para que su cuerpo no colapse.

“A veces consigo insulina en los hospitales o ambulatorios, pero no siempre es la que necesito. Hace un año, por falta de insumos y un descuido en mi alimentación sufrí  dos cetoacidosis diabéticas que casi me costaron la vida”.

contó Carmen

Un problema en aumento

La insulina es la hormona encargada de permitir que la glucosa ingrese a las células para ser usada como energía. Las personas con diabetes no producen suficiente insulina o no la usan de manera eficaz, lo que eleva sus niveles de glucosa en sangre.

La historia de Carmen no es una excepción. Según la Organización Mundial de la Salud, en 2020 la diabetes mellitus causó más de 11.000 muertes en Venezuela, equivalentes a 7 % de la mortalidad nacional. Más recientemente, la Federación Internacional de Diabetes reveló que la prevalencia de la enfermedad en adultos alcanza el 8,6 %: alrededor de 1,5 millones de venezolanos.

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En el Hospital Militar todo corre por cuenta de los pacientes. Foto: redacción cronica.uno

Más recientemente, en 2024, la Federación Internacional de Diabetes (FID) reveló que la prevalencia de la diabetes en adultos es del 8,6 % en el país. Esto significa que alrededor de 1.5 millones de venezolanos viven con esta enfermedad. La FID estima que esta cifra podría aumentar para 2050.

El alto costo de los medicamentos obliga a muchos pacientes a destinar la mayor parte de sus ingresos a la compra de fármacos, lo que los deja con escasos recursos para adquirir alimentos saludables, ricos en fibra y bajos en azúcares.

Así, las estadísticas encuentran rostro en la vida diaria: la inflación no solo encarece la insulina, también arrincona a los pacientes en dietas precarias que, lejos de ayudarlos, agravan su estado de salud.

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En Venezuela, los precios de las frutas y verduras han experimentado aumentos significativos, lo que ha llevado a que muchos venezolanos limiten su consumo. Foto: Alberto Torres

En un monitoreo realizado en establecimientos del oeste de Caracas, Crónica Uno corroboró que la carga económica para las personas con diabetes es doble: no solo enfrentan los altos precios de los medicamentos, sino también el elevado costo de los alimentos especializados, que resultan ser un gasto oneroso para la mayoría.

Pobreza y diabetes: un ciclo sin fin

José Luis, un carpintero de 45 años, experimentó de cerca esta realidad. El pasado mayo, acudió a la sala de urgencias del hospital José Ignacio Baldo (El Algodonal) por debilidad, sed excesiva y mareos. Tras los exámenes, se le diagnosticó diabetes tipo 2 y obesidad. El médico le recomendó bajar de peso y controlar su alimentación.

“En alimentación, medicinas y cuidados médicos gasté más de $350 luego del diagnóstico. Tuve que pedir ayuda a mis familiares y amigos para poder cumplir con el tratamiento y buscarme otro empleo nocturno”,

relató.

Roald Gómez Pérez, presidente de la Sociedad Venezolana de Endocrinología y Metabolismo, explicó que los altos costos de medicamentos e insumos son una barrera que impide a los pacientes diabéticos mantener un control metabólico óptimo.

farmacias
Una pluma precargada para insulina es un dispositivo portátil que contiene insulina pre-cargada y se utiliza para administrar inyecciones subcutáneas a personas con diabetes. Foto: Carolina Campos.

Una pluma precargada de insulina para pacientes diabéticos tipo 1 oscila entre $20 y $40. Los medicamentos orales varían entre $4 y $25 por caja. Los pacientes suelen necesitar al menos dos cajas mensuales, lo que eleva el gasto.

El costo se incrementa aún más para quienes requieren terapias combinadas o la nueva generación de fármacos, cuyo precio va desde $20 hasta $60 por mes de tratamiento.

El pasado marzo, el Ministerio de Salud anunció la distribución de 185.363 unidades de insulina en hospitales y ambulatorios de 14 estados. Sin embargo, Gómez Pérez señaló que el sistema de salud pública presenta otros desafíos.

La realidad en los pasillos de los hospitales contradice la narrativa oficial: largas colas, citas diferidas y pacientes que se ven obligados a recurrir al mercado privado para no interrumpir su tratamiento.

El acceso equitativo a sangre segura es un derecho de todas las personas, y solo puede garantizarse con sistemas de sangre organizados. Foro referencial

Falta de prevención

A esto se suma el tratamiento de las complicaciones como problemas visuales, cardiovasculares, renales y pie diabético. «El sistema de salud actual, lamentablemente, no prioriza la prevención, una herramienta clave para frenar el avance de las enfermedades metabólicas», subrayó Gómez.

En Venezuela, la diabetes se vincula con factores socioeconómicos y de educación. Las personas de bajos ingresos son las que más sufren las consecuencias de la inseguridad alimentaria, ya que están más expuestas a una mala alimentación y a la obesidad.

Un informe del World Obesity Atlas 2025 reveló en marzo que el 54 % de los adultos en el país tiene un alto índice de masa corporal (IMC). Se estima que esta condición afectará a 10.5 millones de personas para 2030.

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Hospitales y ambulatorios no se dan abasto para la cantidad de pacientes con diabetes que llegan a diario.

La alta prevalencia de enfermedades metabólicas y obesidad se debe a una mala alimentación, compuesta por carbohidratos refinados. «Esto obviamente produce un mayor riesgo de sobrepeso, síndrome metabólico y, por supuesto, de desarrollar diabetes», precisó el endocrinólogo.

La alimentación saludable, un lujo

En un recorrido por farmacias y establecimientos de Catia y el centro de la ciudad se constató que seguir una dieta para el control de la diabetes es un privilegio. El precio de los productos libres de azúcar, gluten o lactosa supera por mucho el de los alimentos tradicionales.

Formulas y suplementos alimenticios superan el de alimentos tradicionales. Foto referencial: Tairy Gamboa

Endulzantes como la sucralosa y la stevia, en presentaciones de sobres o polvo, se encuentran entre los $4 y los $12. Un envase de glucerna en polvo se consigue en $64. Alimentos como la mermelada sin azúcar se vende por $10, mientras que el chocolate con stevia tiene un costo a partir de los $5. El pan de molde sin gluten, azúcar ni lactosa tiene un precio entre $12 y $18.

“No solo basta con la alimentación. Se necesita mucha educación y talleres para los pacientes. Es imprescindible la administración de medicamentos e insumos para el control ambulatorio de la glucemia. De eso depende el control del paciente y la posibilidad de llevar una vida normal”,

recalcó Gómez.

Mientras las estadísticas internacionales hablan de porcentajes y proyecciones, en Venezuela la vida de miles de pacientes con diabetes se reduce a una rutina diaria marcada por el alto costo de los medicamentos y la incertidumbre de conseguirlos.

Carmen, como muchos otros, se aferra a la disciplina de sus inyecciones para sostener el equilibrio frágil entre la enfermedad y la supervivencia. La crónica de su lucha personal refleja la de un país donde el acceso a la salud se volvió un desafío cotidiano.

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