La falta de docentes y las jornadas reducidas trasladaron parte de la educación a los hogares en Venezuela. Madres asumen tareas pedagógicas sin formación mientras especialistas alertan sobre rezago académico y niños que avanzan de grado sin una educación adecuada.

Caracas. En la casa de Flora Jiménez, las noches transcurren entre búsquedas en internet, guías escolares y ejercicios de Matemáticas. La rutina comenzó mucho antes de que su hija Aime pasara a secundaria, pero se intensificó con la falta de profesores y el llamado “horario mosaico” en la escuela pública donde estudia.

Lo que antes era apoyo escolar ocasional ahora forma parte de una carga diaria que muchas familias venezolanas asumieron ante el deterioro del sistema educativo.

Aime cursa primer año de secundaria en una institución pública de la parroquia Caricuao, al oeste de Caracas. Aunque avanzó de nivel escolar, las fallas estructurales del sistema educativo persisten.

Actualmente no cuenta con docentes fijos en materias de la malla curricular, el conjunto de materias obligatorias que deben impartirse durante el año escolar, como Matemáticas y Ciencias Sociales.

​”Tuve que dedicarme  a realizar las tareas con mi hija porque son muchas las deficiencias que arrastra desde primaria. En sexto grado la profesora faltaba siempre. Ella es muy inteligente, pero sí se nota que le faltan sus clases de matemáticas y las otras materias”, confesó a Crónica Uno.

Fuera del aula

Jiménez debe dividir su tiempo entre el sustento diario, el mantenimiento del hogar y las horas de estudio con Aime, una rutina que se repite en al menos 70 % de los hogares, según la Encuesta Nacional de Condiciones de vida (Encovi) 2025. La encuesta también reportó que más de la mitad de las escuelas públicas funcionan apenas dos o tres días por semana.

Aunque admitió que las escuelas siempre envían tareas para el hogar, aseguró que la situación empeoró con la aplicación del llamado “horario mosaico”, modalidad aplicada en numerosas escuelas públicas que reduce la asistencia presencial a pocos días por semana ante la falta de personal y fallas operativas, y con la renuncia de personal por los bajos salarios.

Las asignaciones se limitan a guías de estudio, investigaciones y exposiciones que debe resolver en casa. Por lo que, en la práctica, buena parte del proceso de enseñanza ya no ocurre dentro del aula.

Las familias deben explicar contenidos, supervisar tareas y reforzar materias completas ante la ausencia parcial o permanente de docentes. Para especialistas en educación, esto ha convertido el hogar en una extensión improvisada de la escuela pública.

​La escuela se traslada al hogar

Según expertos consultados por Crónica.Uno, esto responde a la crisis de precarización educativa que se agravó tras la pandemia y que persiste por la crisis de los servicios públicos y el ausentismo docente, fenómeno asociado a renuncias, salarios insuficientes y dificultades de transporte. Ante el cumplimiento incompleto de los horarios, las familias absorben la carga pedagógica.

Tulio Ramírez, sociólogo y especialista en educación, explica que los niños, niñas y adolescentes se encuentran desprotegidos frente a la dinámica escolar actual por las deficiencias académicas.

​”El horario mosaico, las interrupciones por fallas de servicios y el desánimo de los profesores ante las condiciones laborales precarias afectan directamente el proceso de enseñanza de los jóvenes. Esto repercute en el aprendizaje. La familia ha tenido que asumir un papel que le corresponde al maestro”, señaló Ramírez.

El especialista destacó que, aunque el entorno familiar siempre funciona como apoyo, la contingencia actual exige un esfuerzo intensivo de los representantes. En la estructura social venezolana, esta responsabilidad recae principalmente sobre las mujeres.

La falta de herramientas

Mercedes es madre soltera y trabaja desde casa como asistente virtual, una ocupación que a veces combina con tareas de apoyo en la tienda de ropa de su hermana para completar los ingresos. Su hija asiste a una escuela pública de 7:00 a. m. a 11:30 a. m., una jornada reducida en comparación con el horario regular, que debería extenderse hasta las 12:00 p. m.

Aunque su hija cursa el tercer nivel de educación inicial, el contenido que recibe es mínimo. Mercedes compara el ritmo de aprendizaje de su hija con el de su sobrino, quien a la misma edad ya suma y reconoce palabras en inglés. En cambio, su hija apenas escribe palabras y presenta dificultades para leer.

Todas las tareas pedagógicas llegan a través de un grupo de WhatsApp. Sin embargo, el principal problema surge en el manejo de las emociones y la frustración dentro del hogar.

Mercedes reconoció que hay días en los que la niña se niega a estudiar, no quiere leer ni hacer los deberes, y ella se queda sin herramientas para motivarla o corregir esa conducta sin afectar el vínculo familiar.

Sin comprensión

Luisa Pernalete, integrante del Centro de Formación e Investigación de Fe y Alegría, indicó que el problema actual es que los estudiantes están saliendo de las aulas sin comprender lo que leen. Decodificar o deletrear no basta si no existe comprensión de fondo.

​”Una mamá que tenga paciencia ayuda al niño, pero le faltan herramientas evidentes. Esto influye en que los niños tarden más en aprender a leer y más los pequeños porque aprenden más rápidamente, necesitan esas nociones de arriba, abajo, derecha, izquierda, que son elementos que se deben adquirir cuando uno está edad preescolar”, adujo.

La educadora detalló que en la escuela se aprende a relacionarse mediante el juego, pero también se adquieren estructuras básicas. Aunque existen madres dispuestas a enseñar los números o las vocales en casa para adelantar contenidos, la falta de asistencia regular frena el proceso natural de desarrollo cognitivo.

Agregó que esta realidad impone una carga pesada sobre hogares donde muchas mujeres no cuentan con formación didáctica ni tiempo suficiente para asumir tareas pedagógicas especializadas.

Enseñar sin formación

El rol de educadora improvisada que asumió Flora no está exento de dificultades. El rezago académico, una condición en la que el estudiante acumula contenidos y habilidades no aprendidas respecto al nivel que cursa, de la adolescente exige explicaciones que superan los conocimientos de la madre.

“A veces se me hace cuesta arriba resolver algunas asignaciones porque no entiendo los temas. La semana pasada le enviaron oraciones interactivas. Cuando eso pasa, tengo que acudir a una vecina que es docente para que nos oriente y poder avanzar”.

La situación se agrava a medida que los estudiantes avanzan de nivel. Mientras en primaria algunos representantes todavía logran acompañar las tareas básicas, en secundaria comienzan a aparecer contenidos especializados que muchas familias no saben explicar.

La ausencia de herramientas pedagógicas en el hogar dificulta el aprendizaje y se vuelve más evidente en los niveles superiores.

De acuerdo con datos recopilados por la encuesta Encovi, 21 % de los hogares venezolanos manifestó que necesitaba más información y herramientas para orientar las tareas escolares de los niños.

Los resultados de Encovi muestran además un deterioro sostenido de la cobertura educativa, indicador que mide cuántos niños y adolescentes permanecen dentro del sistema escolar.

Ramírez precisó que en el país el porcentaje de familias donde los adultos completaron la educación formal y universitaria es menor en comparación con aquellos sectores que no concluyeron sus estudios. Por eso, las dificultades no están asociadas a la disposición de acompañar a los hijos, sino a la falta de conocimientos para explicar materias complejas.

​”Hay contenidos que no son de dominio público ni forman parte del sentido común, sobre todo cuando nos referimos a las matemáticas de los últimos niveles de primaria o a los contenidos de bachillerato. Una madre con estudios incompletos no tiene herramientas pedagógicas para ayudar. No basta con consultar un libro, porque para comprenderlo también se necesitan bases previas”, aclaró.

El especialista advirtió que incluso en contextos de clase media con padres profesionales surgen limitaciones cuando los contenidos exigen una especialización técnica.

Una madre con estudios universitarios puede guiar al niño en operaciones básicas, pero cuando aparecen temas complejos como los polinomios, expresiones matemáticas compuestas por variables, números y operaciones algebraicas, la situación cambia.

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Foto referencial: Crónica.Uno

Cambiar el modelo 

Ambos especialistas coincidieron en que las deficiencias acumuladas durante la educación básica pueden traducirse en rezago académico, abandono escolar, situación en la que el estudiante deja de asistir de forma permanente a clases antes de completar su formación, y mayores dificultades para incorporarse al mercado laboral o continuar estudios universitarios.

También alertaron sobre el impacto emocional que genera en niños y adolescentes una escolaridad fragmentada e inestable, marcada por interrupciones frecuentes de clases y jornadas reducidas. Pernalete cuestionó que los procesos de aprendizaje se enfoquen exclusivamente en las áreas cuantitativas o instrumentales.

“La inteligencia no es solamente la parte cognitiva, el lenguaje y la matemática. Estamos hablando de la inteligencia emocional, para que podamos convivir en paz. Eso es necesario”,

aseveró.

A su juicio, concebir al estudiante como un “ser integral” implica reconocer que el éxito académico está estrechamente ligado a la estabilidad emocional. Un niño que no se siente seguro o carece de acompañamiento afectivo difícilmente podrá procesar los conocimientos pedagógicos de forma óptima.

Los especialistas aún discuten las consecuencias de la crisis educativa. Pero Flora las vive en primera persona cada tarde en la mesa del comedor, ahora convertida en salón de clases. Ahí, con cuadernos, guías y búsquedas en internet, intenta llenar vacíos arrastrados desde la primaria. A su lado, Aime resuelve ejercicios, pregunta sus dudas y aguarda a profesores que aún no llegan con regularidad a su escuela.

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