Pese a los recientes operativos de limpieza, las esculturas de Sabana Grande siguen desprotegidas. Pocas horas después del mantenimiento, los buhoneros vuelven a usar las piezas de hierro, resina o granito para amarrar lonas y colgar mercancía. Este uso indebido, sumado a los grafitis, la basura y al constante robo de las placas de bronce, condena las obras al deterioro.
Caracas. A simple vista parece una estructura rectangular en medio del bulevar de Sabana Grande. Está cubierta de grafitis, rayones y manchas de óxido que delatan años de humedad. Para los buhoneros de la zona es el soporte ideal: un mobiliario improvisado donde colgar perchas o exhibir mercancía. Para los transeúntes y personas en situación de calle, su base no es más que un banco donde sentarse a descansar.
Sin embargo, no es un estante, ni un asiento público. Se trata de Tres rebanadas de cubo (2011), una pieza escultórica de hierro forjado que mide más de dos metros, obra del artista Vicente Antonorsi.
El destino de esta pieza no es un caso aislado. En el bulevar de Sabana Grande, un corredor peatonal que originalmente fue concebido y diseñado como un “museo al aire libre”, las obras de arte resisten a duras penas a los estragos del abandono institucional, el vandalismo, la suciedad y el paso del tiempo.

Ante este panorama de deterioro acumulado, las respuestas institucionales suelen llegar a destiempo y con un alcance limitado. Desde principios del pasado mayo Pdvsa La Estancia anunció el despliegue de una jornada de mantenimiento en el bulevar de Sabana Grande.
Las obras de restauración, remozamiento, lavado y mantenimiento de las 14 esculturas que integran este patrimonio se prolongaron hasta el 6 de junio pasado. Sin embargo, para los especialistas y usuarios del corredor, estas intervenciones tardías que funcionan como un paliativo superficial no logran frenar los daños estructurales.
De acuerdo con fuentes consultadas, el verdadero problema radica en la falta de políticas de vigilancia permanente y en la ausencia de un plan de educación patrimonial que coexista con la dinámica sociocomercial de la zona.
Arte en la acera y comercio en la mira
Sin un resguardo continuo, las obras quedan expuestas a un ciclo destructivo. En un recorrido hecho por Crónica Uno se constató que pocas horas después de que las cuadrillas oficiales recogen sus herramientas, las esculturas vuelven a quedar expuestas a la economía informal que domina el bulevar.

Los buhoneros, empujados por la necesidad, regresan a utilizar las estructuras de hierro, resina o granito como bases para colgar mercancía, amarrar lonas o recostar bultos. Esta cotidianidad informal, sumada al vandalismo que raya las bases y ensucia las superficies, socava en poco tiempo los esfuerzos de mantenimiento.
A eso se suma el robo de decenas de placas de identificación fundidas en bronce, que dejan a las obras en total anonimato. La organización Institutional Assets and Monuments of Venezuela (IAM Venezuela) es una de las pocas instituciones que le hace seguimiento al patrimonio cultural del país.


Según los informes de esta institución el principal enemigo de las esculturas en la ciudad es el mercado ilegal de fundición de metal. El robo de las placas de identificación (fichas técnicas) de bronce afecta a casi 100 % de las obras del bulevar.
Para el antropólogo e investigador de la Galería de Arte Nacional (GAN) , Kelvin Arévalo, la desaparición de las fichas técnicas que identifican las obras erosiona el sentido de pertenencia de los ciudadanos con el patrimonio. Este documento de identidad es fundamental, pues identifica al autor, el título de la obra, el año de creación, los materiales y las dimensiones.
“Estas fichas admiten comentarios sobre la vida del creador o el significado de su trabajo. La ausencia de estos datos pedagógicos impide que las personas conecten con la obra. Cuando no se conoce el nombre, el autor ni el significado de una pieza, la sociedad la trata como un objeto sin valor y se pierde la posibilidad de apropiación”.
Entre el polvo y el espray
Un ejemplo de esta crisis es el Cubo virtual azul y negro (1983), una obra de Jesús Soto que da la bienvenida a los peatones entre el bulevar y la plaza Brión de Chacaíto. Los expertos la declararon en “alerta por grave deterioro”. La pieza perdió gran parte de sus varillas cinéticas, acumula grafitis en su superficie y requiere mantenimiento especializado.

De acuerdo con informes de la Facultad de Arquitectura de la UCV, muchas de las esculturas de la zona se mantienen en pie únicamente por la nobleza y resistencia de sus materiales originales, como el granito, el acero o el hierro soldado. Sin embargo, su entorno inmediato y sus bases estructurales están destruidos.
Esta realidad también se evidencia a poca distancia, entre las obras que componen la colección de el Metro de Caracas. La Progresión amarilla (1982), otra creación de Jesús Soto situada en la mezzanina de la estación Chacaíto, sobrevive entre polvo, hollín y basura, con varias de sus características varillas de color amarillo fracturadas.

La misma suerte corre la Estructura en tres partes (1985), de la artista Teresa Casanova, cuyas bases exhiben grafitis con pintura en aerosol bajo una ausencia total de iluminación.
Desde la plaza Brión de Chacaíto hasta la avenida Las Acacias, a la altura de la Torre La Previsora, la colección, que llegó a sumar una veintena de obras escultóricas de gran formato, creadas por artistas consagrados, actualmente se reduce a una muestra de tan solo 14 esculturas. Entre ellos destacan Lía Bermúdez, Jesús Soto, Beatriz Blanco, Mateo Manaure y Francisco Narváez.



Arévalo señaló que el origen de este corredor peatonal se remonta a los años 2010 y 2011, cuando Pdvsa La Estancia, el Metro de Caracas y el Ministerio de la Cultura ejecutaron un proyecto de transformación urbana para celebrar el bicentenario de la independencia. No obstante, advirtió que la situación actual dista mucho de ese plan inicial, pues la actividad comercial solapa y se impone sobre la intervención artística.

Carmen Elena Solano, una docente jubilada de 65 años, celebra los planes de remodelación de las obras escultóricas de Sabana Grande, pero lamenta que no perduren en el tiempo.
“El problema es que la gente no cuida los espacios ni las esculturas. Los buhoneros enseguida las ensucian. No hay conciencia ciudadana y, aunque las limpien, la gente vuelve a dañarlas. Debe haber monitoreo, vigilancia y educación. Mientras los buhoneros sigan instalados en la calle, no creo que las esculturas duren en buen estado”.
Jacinto Pérez, un comerciante informal de carteras y correas, que hace vida en el bulevar desde hace ocho, aseguró que, aunque entiende la importancia de las obras expuestas en este corredor urbano, no le queda más opción que convivir con ellas.
“Las autoridades sí han venido y han hablado con nosotros en cuanto a eso, porque somos muchos comerciantes y eso afecta las obras. Es verdad, pero tampoco nos ofrecen la reubicación que nos prometieron. Si no nos quieren aquí, deben darnos otras alternativas porque tenemos que salir a trabajar, ¿Cómo hacemos?”.
Mientras los entes gubernamentales anuncian jornadas de lavado y desengrasado, los manuales internacionales de restauración —como los criterios globales del proyecto Coremans— advierten que la limpieza de esculturas metálicas al aire libre requiere personal calificado.

“Sin un estudio químico previo y la posterior aplicación de ceras microcristalinas protectoras, el uso de agua y jabones comunes puede provocar procesos químicos que aceleran la corrosión de aleaciones como el bronce o el acero corten”, dicta el manual.
Guardianes civiles para el museo de la calle
Frente a los planes estatales enfocados solo en la superficie, el investigador Kelvin Arévalo propuso un plan integral cultural para Sabana Grande que involucre a las distintas instituciones y sume a los comerciantes de la zona como guardianes del patrimonio.


El plan consistiría en formar un engranaje para armonizar la actividad económica con el disfrute recreativo y patrimonial.
“Este rescate demanda campañas comunicacionales masivas, acciones directamente en el sitio, articulación con los grupos sociales y el debido soporte informativo en las esculturas. Además, la propuesta puede trascender Sabana Grande si se articula un corredor cultural para toda la ciudad”.
Aunque parece ambicioso, Arévalo lo considera necesario para abarcar desde la Galería de Arte Nacional y la Plaza de la Juventud hasta Parque Central, el Teatro Teresa Carreño, la Plaza de los Museos, el Parque Los Caobos y Plaza Venezuela. De esta manera se consolidaría un gran recorrido de arquitectura, arte público y patrimonio histórico.
Lea también:
Ministra para la Mujer desconoce denuncias de violaciones a los derechos de presas políticas

