El fuerte doblete sísmico en el estado Carabobo dejó un saldo de 14 fallecidos, decenas de heridos y graves daños materiales. En el municipio Juan José Mora, cientos de familias perdieron sus hogares y hoy permanecen a la intemperie en espera de ayuda.

Morón. Un estruendo profundo, seco y destructivo marcó el inicio de la peor pesadilla para los habitantes del estado Carabobo. Cuando el reloj apenas comenzaba a acercarse a las 7:00 p. m. de aquel miércoles, 24 de junio, del que apenas ayer se cumplí una semana, un doblete sísmico de gran magnitud dejó a oscuras, incomunicado y sin agua potable al municipio costero de Juan José Mora.

En un instante, las estructuras multifamiliares sufrieron daños severos, dando paso a un escenario dantesco donde el sismo ya había cesado, pero el peligro inminente obligaba a cientos de familias a refugiarse en el concreto de las aceras, temerosas de volver a cruzar el umbral de lo que, hasta una hora antes, seguían siendo sus hogares.

Las familias ocuparon las aceras con la misma rapidez con la que minutos antes habían abandonado sus viviendas. Algunos extendieron sábanas sobre el concreto. Otros permanecían de pie, mirando hacia las fachadas abiertas por enormes grietas, como esperando que alguien les dijera que todo había sido un error.

Pero las paredes seguían partidas y el daño dejaba la pregunta al aire de si sus respectivas casas seguirían siendo habitables. Y las réplicas no solo tuvieron un efecto en la tierra sino en los cuerpos de quienes acababan de perder el lugar donde construyeron parte importante de sus vidas.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

Cuando Marioxis Chirinos recuerda el terremoto no habla primero del movimiento. Habla del ruido: “Eran como las seis y media cuando escuchamos ese sonido grandísimo y después comenzó a moverse todo”, según su testimonio a Crónica Uno.

Su apartamento está en el primer piso de Colinas de Mara II. Allí llevaba diecisiete años viviendo junto a su esposo, quien se encontraba solo cuando comenzó el temblor. Marioxis, que compartía con una vecina en el séptimo piso, bajó por unas escaleras convertidas en un embudo humano: “Nadie sabía qué hacer. Solo queríamos salir”.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

Finalmente pudo abrazar a su esposo y descubrió que la pared que comunicaba el apartamento con el pasillo había cedido. “Desde adentro puedes ver hacia afuera. En ese momento comprendí que no podía regresar”.

Allá arriba quedaron los muebles, los recuerdos y una vida entera organizada habitación por habitación.

“Hay adultos mayores, personas con discapacidad, niños pequeños. Somos 239 familias distribuidas en tres bloques. Nadie nos dice qué va a pasar. Solo pedimos que no nos abandonen”.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

La casa donde todavía se escucha el terremoto

Mirve Hernández vuelve a entrar a su apartamento con pasos lentos por el impacto de ver una vida destruida. Cuando el suelo se sacudió, hacía ejercicio en unas gradas cercanas. “Me quedé congelada. Bajé escalón por escalón porque ni siquiera podía correr”. Al llegar, vio una nube de polvo cubrir los edificios y a los vecinos abrazándose en silencio.

Al llegar vio una nube de polvo que cubría los edificios. Corrió. Y encontró una escena que todavía no consigue sacar de su cabeza. Vecinos abrazándose sin decir una palabra.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

Hace quince años compró aquel apartamento y reunió dinero para remodelarlo. Ahora acaricia una columna agrietada.

“Todo esto lo hice con muchísimo esfuerzo”. No llora, pero la voz se le rompe. Una amiga le abrió las puertas para pasar la noche, pero sabe que no será eterno. “¿Y después qué hacemos?”, se pregunta sin certezas.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

La enfermera que dejó su casa para atender la tragedia

Cuando el terremoto sorprendió a Ligia Mercedes Tolosa, salía rumbo al Hospital de Morón. Solo se detuvo a poner a salvo a su gato y corrió. “El ruido era como cuando un río baja lleno de piedras”. No miró atrás; sabía que en el hospital la necesitaban. Lo que encontró fue un desastre: pacientes entrando sin descanso, niños con fracturas y familias buscando a sus seres queridos.

Fotografía: Armando Díaz

El temor a un colapso obligó a trasladar la atención al estacionamiento. Allí pasó toda la noche vio morir personas e intentó salvar a otras. A las 3:00 a. m., al regresar a su apartamento, descubrió que también era una damnificada.

“Ahora toca comenzar otra vez. Y uno ya no tiene edad para empezar de cero”. No habla únicamente del edificio. Habla de la economía venezolana.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

En medio de tanta devastación apareció otra forma de responder al desastre. Génesis Fernández también perdió su apartamento en el noveno piso, pero en lugar de encerrarse a llorar, decidió recorrer las calles. Compró agua, refrescos, catalinas y latas de sardinas para repartirlas entre otras familias.

Fotografía: Armando Díaz

“Si Dios nos dejó vivos era porque teníamos que ayudar”. Mientras sirve vasos de jugo a personas que llevan horas bajo el sol explica que ella también perdió casi todo.

Pero insiste en que la vida pesa más que cualquier pared. “A veces una lata de sardinas no resuelve el problema. Pero hace que alguien se sienta acompañado”.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

Después del terremoto

Tras el desastre, el gobernador Rafael Lacava y las autoridades regionales confirmaron 14 fallecidos hasta este 2 de julio. Nueve de las víctimas directas se registraron en Juan José Mora, una en Puerto Cabello tras colapsar una pared, tres en San Diego por infartos fulminantes debido a la conmoción, y la última en un accidente con una bombona cilindro de oxígeno.

Fotografía: Armando Díaz

De esta cifra desglosó que nueve eran víctimas del terremoto de manera directa. Estos nueve casos fueron registrados en Juan José Mora, la víctima número 10 ocurrió en el vecino municipio Puerto Cabello.

Su fallecimiento es el resultado de una cadena de infortunios, porque al caerse una pared producto del movimiento sísmico, este tumbó un panal de abejas y estas atacaron a la mujer que falleció en el Hospital Adolfo Prince Lara.

Terremotos
Fotografía: Armando Díaz

Lacava dice que tiene a todo su equipo desplegado en los sectores más vulnerables. Por su parte, la alcaldesa Alí Riera reportó cerca de 50 heridos y unas 60 viviendas comprometidas, 28 con pérdida total, además del colapso de dos tubos matrices que afectaron gravemente el suministro de agua.

Mientras los organismos de seguridad inician las evaluaciones técnicas, las familias de Colinas de Mara II continúan a la intemperie, aguardando respuestas en una comunidad donde la vida cambió en cuestión de minutos.

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