“A las mujeres de la tercera edad maltratadas se les hace más difícil salir de una relación abusiva y denunciar”

mujeres de la tercera edad

Por décadas, las mujeres de la tercera edad fueron humilladas y casi siempre dicen que aguantaron por los hijos o por las amenazas. Forman parte de una generación educada en religiones, como el catolicismo, que les imponen un matrimonio para toda la vida. Por eso se les hace mucho más difícil abandonar una relación abusiva y, más aún, denunciar los maltratos. La mayoría de ellas se libera del abuso solo cuando la pareja maltratadora fallece.

Maracay. Chiquinquirá está próxima a cumplir 60 años de edad, de estos, 40 los ha vivido junto con el padre de sus tres hijos. Desde que abandonó su casa paterna para vivir en pareja sufrió maltrato, que en principio fue verbal y psicológico. Ella es una de las tantas mujeres de la tercera edad que son abusadas por su cónyuge.

Desde el inicio, Marcos, su pareja, mantenía una relación extramatrimonial. Frente a los reclamos de Chiquinquirá siempre optó por los insultos, las vejaciones, y por no aportar dinero ni siquiera para la manutención de los tres hijos en común. Tampoco para cancelar la vivienda que ella logró financiar durante su etapa laboral activa como docente rural.

Hace más de 10 años que debió cambiarse de habitación ante las agresivas pretensiones sexuales con las que aún sigue acosándola su marido. Ya dos de sus hijos se fueron de casa.

Aguanté porque no quería que mis hijos se quedaran sin su papá. Pero ellos me han dicho que nunca lo han tenido”, cuenta con un dejo de culpabilidad mientras los recuerdos del maltrato la hacen llorar a cántaros.

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A veces las mujeres víctimas de la violencia solo necesitan ser escuchadas. Foto: Cortesía.

Algunas mujeres mayores han sido formadas en el patrón del machismo, son parte de una generación educada en religiones, como el catolicismo, que impone un matrimonio para toda la vida. Fueron criadas para callar, perdonar o ignorar el maltrato y aguantar por los hijos.

Son discursos que se transmiten de una generación a otra y que impiden que las mujeres salgan de una relación abusiva”, explica la psicóloga clínica Migdalia Valdez.

Marcos se ha negado a abandonar la vivienda a pesar de las reiteradas peticiones de Chiquinquirá. “Le pido a Dios que me quite esta cruz”, dice la mujer.

La realidad de las mujeres de la tercera edad maltratadas por su pareja no difiere de la que viven las más jóvenes.

Estas mujeres que han vivido por muchos años con un maltratador están física y emocionalmente destruidas. Por décadas fueron humilladas y casi siempre dicen que aguantaron por los hijos o por las amenazas. Cuando los hijos crecen y caen en cuenta de que la única compañía que les queda es el maltratador, no siempre encuentran una salida”, explica la especialista.

Así que son pocas las que se atreven a abandonar y a denunciar al abusador, de allí que haya pocos registros de denuncias ante organismos de seguridad o instituciones de apoyo psicológico y legal.

Valdez refiere que en algunos casos, cuando la víctima saca a su pareja del hogar, son los propios hijos quienes les piden que acepte de vuelta al padre. Otras, muy pocas, son recibidas por sus hijos que ya se han independizado o inclusive han migrado junto con ellos.

Las mujeres de la tercera edad maltratadas, generalmente, son convencidas por las familias de ambos para que no se separen. Las hacen sentirse culpables por abandonar a un hombre viejo y enfermo”, dice la psicóloga.

Y sucumben. Valdez explica que, sobre todo, porque no tienen información de sus derechos y los hombres suelen convencerlas de que les pueden quitar todo.

“Es doloroso para ellas perder la vida en eso y cuando se dan cuenta de lo que han vivido, están solas y no siempre encuentran una salida”.

Angela tiene 80 años de edad y es viuda desde hace 17. Aunque dice que aún extraña a su marido, con el que vivió más de 50 años, admite que la mayor parte de su vida junto a él estuvo signada por el maltrato, sobre todo el verbal.

“Solo una vez me pegó. Sus maltratos eran a gritos. Le molestaba que le preguntara si iba a comer o cuándo regresaba de viaje. Siempre se iba a ver a la otra mujer que tenía”, cuenta.

Pero Angela soportó estoicamente aquella infidelidad, aunque sus dos hijas le aconsejaban que lo abandonara.

Estuve ciega. Creí que moriría sin él. Pero ya vez. Sigo viva después de su muerte”, dice con cierta tranquilidad.

El maltrato a una mujer de la tercera edad no comenzó en esa etapa de su vida. Es una violencia de años.

Luisa Arias, integrante del equipo coordinador de la ONG Juana Ramírez, La Avanzadora, afirma que cuando acuden a la Casa de la Mujer a buscar ayuda ya tienen 50 años de casadas y admiten que el maltrato comenzó con apenas tres o cuatro años de convivencia. “Toda una historia de violencia desde el inicio de la relación conyugal”, relata.

La ONG recibe y atiende en su mayoría a mujeres entre los 30 y 55 años de edad. Las pocas de la tercera edad que llegan, apenas tratan de llevar una vida mejor en lo que les queda de existencia. Algunas logran que un hijo se las lleve a vivir con él o fuera del país, pero son casos excepcionales.

Son mujeres que siempre han vivido en una relación abusiva y tienen dificultades emocionales y físicas para introducir algunos cambios en su vida de pareja después de tantos años.

“Dedicaron su vida a atender la casa, a sus hijos y nunca se les ocurrió denunciar”, comenta Arias.

Chiquinquirá manifiesta llorando: “Yo lo ignoro y me aferro a Dios”.

Los perpetradores son cercanos

De acuerdo con un estudio financiado por la Organización Mundial de la Salud y publicado en la revista The Lancet Global Health, cerca de 16 % de las personas de 60 años de edad o más han sido víctimas de maltrato psicológico; (11,6 %) abuso económico (6,8 %); negligencia (4,2 %); maltrato físico (2,6 %) o agresiones sexuales (0,9 %).

En el período de confinamiento por la COVID-19 se acentuó el trato cruel y el maltrato en las familias y se incrementaron los casos de violencia sexual y basada en género en todas las entidades del país, de acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).

“Durante las medidas de control sanitario y en el confinamiento en los hogares se hizo evidente el incremento de femicidios por parte de parejas o exconvivientes”, refiere el OVV.

En Aragua, por ejemplo, entre enero y agosto de 2021 se registraron 40 víctimas de violencia al género, 6 de ellas víctimas de más de un delito. El resto: 14 violaciones, 12 abusos sexuales, 11 femicidios, 8 lesiones, 1 femicidio frustrado y 1 maltrato verbal y psicológico hacia la mujer, según los datos recogidos por el OVV en los medios de comunicación social de la entidad.

La mayoría de los casos de maltrato involucra a mujeres relativamente jóvenes, aunque de los 11 femicidios, 10 eran mujeres con edades comprendidas entre los 20 y 61 años de edad.

En relación con los ocho casos de lesiones reportados —refiere el informe del OVV en Aragua— 100 % de los perpetradores pertenecen al entorno cercano de las agredidas: 4 parejas, 3 exparejas y 1 padrastro.

Las denuncias han bajado, pero las agresiones no

La Casa de la Mujer Juana Ramírez, La Avanzadora, en Maracay, recibe en promedio de 1500 a 2000 casos anuales de denuncias sobre violencia contra la mujer. En el 2020, las cifras llegaron a 500 consultas legales y psicológicas, estas fueron más recurrentes durante las semanas de flexibilización.

“Las denuncias contra los agresores han disminuido, particularmente durante la pandemia. Pero no las agresiones que van desde la física y verbal, pasando por la psicológica y hasta la patrimonial. Y todas son dañinas”, sentencia Valdez.

La asociación civil Convite en su informe de victimización “Vejez en riesgo” determinó que, de enero a junio del 2020, de las 185 muertes violentas de personas mayores, 26 de los responsables tenían alguna conexión, relación o parentesco directo con las víctimas y en 6 de los casos, las parejas fueron los victimarios.

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En el informe elaborado por Convite se registran 102 muertes violentas de personas mayores en Venezuela. El rango de edad más común entre las víctimas fue entre 60 y 70 años (66 %); y la entidad federal con mayor incidencia fue el Área Metropolitana de Caracas (AMC) con 26,5 % de los casos, seguida de Aragua y Lara.

Para el primer semestre del año 2020, 34 % del total de las muertes violentas de personas mayores se concentró en los estados Aragua, con24, Zulia y el AMC, con 19 cada uno.

¿Una batalla perdida?

“La aspiración de una mujer que denuncia es que en primera instancia se cumpla la ley y se le otorguen medidas de protección. Pero, lamentablemente, aquí no hay la logística ni la infraestructura, ni el personal capacitado que haga cumplir, por ejemplo, una orden de alejamiento. La mujer sale en total estado de indefensión y su denuncia enfurece mucho más al agresor y cobra venganza”, explica Arias.

No significa que las mujeres maltratadas deban descartar la denuncia como mecanismo de protección, aunque sean revictimizadas cada vez que un funcionario público no les ofrece ni les brinda ninguna seguridad cuando exponen a su agresor.

“En Venezuela, la justicia se encuentra suspendida, pero la violencia no”, la afirmación pertenece al Centro de Justicia y Paz (Cepaz).

Según esta ONG, del 1° de enero 2020 al 13 de abril 2020, al menos en 64 % de los casos, el agresor huyó del lugar de los hechos y no fue aprehendido, mientras que, desde el 14 de abril 2020 hasta el 13 de junio 2020, se contabilizaron al menos 41,7 % de los sucesos en los que los femicidas no fueron aprehendidos.

En mayo de 2020 la secretaria general del Cicpc, Mercy Bracho, anunció que hubo una reducción de 45 % de los casos vinculados a la violencia intrafamiliar e infantil durante los días de cuarentena.

“Antes de la cuarentena social y colectiva se habían reportado 1558 casos y, en la actualidad, esa cifra bajó a 717 en toda la geografía nacional”, dijo la funcionaria.

Pero de los cerca de 3600 casos que se produjeron en el 2020, solo 10 % fue reportado, según el propio Cicpc.

La lucha contra la violencia de género en Venezuela es más ruido que nueces”, sentencia Acceso a la Justicia.

Tan es así que Chiquinquirá sigue sintiendo un ruido aterrador cuando su maltratador intenta abrir, a la fuerza, la puerta de la habitación en donde se ha refugiado para huir del abuso que aún sigue perpetrando contra ella.


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