El alza que han registrado en los últimos tres meses los medicamentos, en especial los antihipertensivos, ha derivado en que los enfermos tengan que apelar a herramientas como el trueque para poder completar las dosis requeridas. Pacientes indican que además de la hipertensión presentan otros cuadros clínicos que ameritan tratamiento, pero que no los cumplen porque se les hace imposible adquirir los medicamentos.

Barcelona. Si bien la pandemia de COVID-19 se ha llevado la notoriedad en los últimos tres meses, para los llamados pacientes crónicos el drama se ha incrementado: aunado al hecho de ser población con riesgo de contraer el coronavirus, el alto costo de sus tratamientos los pone en una carrera mortal.

Violeta Pérez, Doris Castro y Maggie Blanco son tres barcelonesas que aunque sufren de un padecimiento común como es la hipertensión, tienen otros factores clínicos que, aseguran, les complican más el llevar una vida tranquila puesto que conseguir los tratamientos que necesitan en la actualidad se hace cuesta arriba.

En 2017 la muerte de su exesposo derivó en Pérez a una complicación para conciliar el sueño que comenzó a tratar con una pastilla llamada Quetapina, desde ese fecha hasta inicios de la cuarentena la bibliotecaria jubilada de la Universidad de Oriente consumió esa medicina.

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El aumento en el valor del dólar trajo consigo un alza considerable del tratamiento que, además de todos los que consume para el cuidado de la tensión arterial y el corazón, suman más de cinco millones de bolívares mensuales.

Nada más para comprar la pastilla para dormir debe desembolsar poco más dos millones de bolívares, algo que desistió en hacer hace un mes.

Mi sueldo como jubilada no alcanza para cubrir todo eso y por ende, decidí sin previa consulta; porque eso es otra cosa: son 20 o 40 dólares que debes cancelar, dejar de tomar la pastilla para dormir. ¿Que si he tenido complicaciones? claro que las tengo, a veces paso toda la noche sin dormir y amanezco desorientada pero qué puedo hacer, no tengo el dinero para cubrir ese gasto”.

Pérez cuenta que para ahorrar costos muchas veces sale desde su casa, ubicada en el sector de Nueva Barcelona, a pie hasta el centro de la ciudad e inclusive ha llegado hasta Lechería en busca de precios más económicos para conseguir las medicinas. Las distancias caminadas no retribuyen su objetivo porque los precios son cada vez más altos.

En la última travesía llegó a una reconocida farmacia situada en la capital anzoatiguense, y relata que en ese mismo comercio había conseguido hace dos meses el Candesartan de 50 mg en 200.000 bolívares y este mes, pagó cerca del millón por una caja de 10 pastillas.

Tengo dos hijos, uno está fuera del país y otro trabaja en una empresa que hace transporte ejecutivo. Por el tema del COVID-19 al que está en Chile le están pagando lo mínimo y mi otro hijo ya tiene tres meses sin trabajar, le pagan algo pero solo alcanza para la comida. Hace más de un año que tampoco me tomo la pastilla de las várices ni la Coraspirina, pero como hacemos, la pensión es una miseria y mi salario como jubilada tampoco es gran cosa, he quedado sujeta a los bonos del gobierno y estos tampoco caen con frecuencia”.

Tratamientos impagables

El equipo de Crónica.Uno visitó varios expendios de medicinas y constató que aunque hay existencia y una oferta variada, los precios de los medicamentos se tornan prácticamente inaccesibles para la población adulto mayor.

En una farmacia ubicada cerca de la Alcaldía de Barcelona, la presentación de 100 pastillas del Carvedilol de 12.5 mg se cotizaba en oferta en 1,9 millones de bolívares, la misma presentación del Losartan de 100 mg se conseguía en 2,2 millones y la Amlodipina de 10 mg en cajita de 20 pastillas la ofertan en 980.000 bolívares.

De acuerdo con los responsables del establecimiento, antes de la llegada del COVID-19 al país, los precios de los referidos medicamentos se mantenían estables al punto de que ninguno de los antes mencionados llegaba a los Bs. 300.000, al decretarse la cuarentena nacional junto con el alza en el valor del dólar la escalada de precios se dio de manera inmediata.

“Los precios variaron apenas se desató todo esto de la pandemia, hasta las presentaciones cambiaron. Antes lo mínimo era una cajita de 20 pastillas, ahora la mayoría de los medicamentos vienen en presentación de 10 dosis. Sabemos que eso complica a quienes tienen que seguir tratamientos porque significa desembolsar más dinero, pero los distribuidores no nos dicen nada del por qué esa medida de reducir la cantidad de contenido en los tratamientos”, dijo uno de los encargados.

A raíz de esa reducción, Maggie Blanco ha tenido que apelar a los amigos para poder completar las dosis de tratamiento que debe consumir para controlar su presión arterial.

Por más de 15 años, Blanco solo tomaba el Carvedilol de 12.5 mg para controlar la presión, dos crisis hipertensivas la conminaron a acudir a principios de año al cardiólogo y, tras una serie de exámenes y revisiones, le cambiaron el tratamiento incluyéndole además del Carvedilol, el Losartan de 100 mg y Amlodipina de 10 mg, receta que completa gracias a unos vecinos que le consiguen las pastillas y solo tiene que darles una pequeña colaboración.

La primera vez que compré las tres pastillas gasté más de dos millones de bolívares y fue un duro golpe al bolsillo. Mi único ingreso es una pequeña bodeguita que tengo en mi casa y gracias a unos vecinos que trabajan en uno de los hospitales de la ciudad es que puedo conseguir el tratamiento. Les doy harina o espaguetis y hacemos un intercambio, del resto cómo compro yo esos remedios, mi hijo me ayuda pero él también tiene sus responsabilidades”.

Blanco dice que, si bien sabe que es por su salud, también es consciente de que tiene que hacer un gasto, puesto que el tratamiento indicado por su médico consiste en tomar una pastilla de Carvedilol con Losartan por la mañana y en la noche una Carvedilol con Amlodipina, lo que deriva en que las pastillas duren menos de lo que acostumbraba anteriormente, al consumir una dosis de Carvedilol al día.

Al igual que Blanco, Doris Castro también sufre de hipertensión, con el agravante de que ha tenido que ser hospitalizada en un par de ocasiones por complicaciones cardíacas.

En la última ocasión, cuenta, estuvo internada en el hospital Luis Razetti de Barcelona por espacio de dos semanas. Dice que sus hijos son los que le ayudan con los medicamentos porque su única entrada de dinero es la pensión que recibe del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales.

“Lo primero que debe tener a la mano es el Carvedilol de 12.5 mg, mis hijos tienen que hacer maromas para conseguírmela. En estos días estuve conversando con unos vecinos que tenía ya una semana que no me tomaba la pastilla porque mis hijos no habían podido traérmela y un vecino me tocó la puerta y me regaló 10 pastillitas, con eso aguanté hasta que mis hijos llegaron con el mes de tratamiento, pero el no haberme tomado la pastilla significó que pasara tres días mal y con mucha taquicardia”.

Programa incompleto

En la ciudad de Barcelona existen varias farmacias populares en las que se entregan los medicamentos que las personas solicitan por el número telefónico gubernamental 0800-Salud-YA y una de ellas queda en la llamada Casa del Abuelo regentada por la Alcaldía de Barcelona.

La cola para retirar los medicamentos inicia muy temprano en la mañana pero hacer la fila no significa que los medicamentos solicitados lleguen al establecimiento.

Allí el equipo de Crónica.Uno habló con Martha pidió identificarse así por temor a alguna represalia y ella cuenta que es más las veces que no llegan los medicamentos que los que llegan.

Mira, mi necesidad son los antihipertensivos y esos casi nunca los dan porque no llegan y cuando llegan no lo dan completo. Aquí dan ciertas medicinas pero las que realmente se necesitan es más la cantidad de veces que no hay, y sin contar que para que te atiendan en el bendito número ese es toda una odisea. En el ambulatorio del sector Las Casitas también la dan pero es igual que aquí, es más lo que no hay que lo que hay”.   

Lo cierto es que tanto para Pérez como para Castro y para Blanco, hasta atacar un dolor de cabeza se ha convertido en un desembolso importante de dinero: para comprar un Ibuprofeno de 200 mg deben gastar más de 300.000 bolívares en una cajita de 10 pastillas que bien podría durar una semana.


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