Según la Cámara de Comercio de Maracaibo, para la cobertura de las necesidades nutricionales promedio de una familia integrada por cinco personas se necesitan Bs. 762.720 diariamente.

Maracaibo. Sonia Pérez es ama de casa de medio tiempo, el resto lo invierte pintando uñas, alisando cabello o sacando cejas a domicilio en Maracaibo. Tiene cuatro hijos, el más pequeño tiene cuatro años, y además es madre soltera. Ella es el sustento único de su hogar. Mientras hacía lo que llama “la compra de la semana” en el mercado Las Pulgas en pleno corazón de Maracaibo y con apenas un billete de 10 dólares en la mano, soltó: “Ya perdí la cuenta de todas las cosas que no nos podemos comer, alimentos que antes no faltaban y ahora son un lujo, cada día comemos menos cantidad y menos calidad. Aunque en la cabeza tengamos algo, el bolsillo nos obliga a otra”.

Un estudio reciente de la Cámara de Comercio de Maracaibo reveló que el incremento en el precio de la canasta básica en la capital del estado es “espeluznante”, según los mismos consumidores, quienes se definen como “cazadores” dentro de los principales mercados de la ciudad.

El costo de la canasta alimentaria en Maracaibo se ubicó en Bs. 22.881.067 durante enero, solo en la capital del estado Zulia, equivalentes a $309, calculado al tipo de cambio oficial de Banco Central de Venezuela (BCV) para el 30 de enero de 2020.

“Esto representa un aumento absoluto de Bs. 8.006.480, en comparación con diciembre de 2019”, así lo indicó el reciente estudio de la Unidad de Información y Estadística (UIE) de la Cámara de Comercio de Maracaibo (CCM). Es decir, que para la cobertura de las necesidades nutricionales promedio de una familia marabina integrada por cinco personas se necesitaron diariamente Bs. 762.720. Esta cifra es equivalente a 1,7 salarios mínimos integrales, cuyo monto establecido por la administración de Maduro es de Bs. 450.000. En pocas palabras, para cubrir el costo de la CAN se necesitaron 50,8 salarios vigentes.

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“¡Mi amor, no busquéis más, llévate la harina aquí, si te lleváis el arroz también te los dejo a 70.000!”, gritaba Ángelo, un joven de 19 años en el pasillo de víveres de Las Pulgas: “Aquí uno se las tiene que ingeniar para ofrecer combos y hacer rebajitas cuando los días están buenos, porque la mayoría estamos abollados. Ya no se vende como antes. Aunque aquí varios ya tenemos punto de venta y el efectivo no es tan necesario porque llegan más dólares que bolívares, la gente está comiendo menos”. Hace un paréntesis, vende dos arroces y da vuelto en divisa para la compra, continúa: “Te dais cuenta, la gente come harina, arroz, mantequilla, requesón, pura porquería, por eso estamos así de flacos y debiluchos. Maracaibo, nosotros damos lástima”, cortó la conversación el muchacho quien, además, aseguró que dejó la universidad para convertirse en buhonero.

La Cámara de Comercio de Maracaibo logró en su estudio la recopilación de los precios de 46 de los 50 productos de la canasta alimentaria normativa establecida por el Instituto Nacional de Estadísticas: “Las encuestas de precios se levantan en 10 establecimientos comerciales (supermercados formalmente constituidos) y tres mercados populares ubicados en la ciudad de Maracaibo; esto conforme a un muestreo espacial realizado para determinar la distribución geográfica de los mismos”.

“También se pudo comprobar que los 46 productos estudiados, sin excepción, tuvieron un aumento en sus costos destacando que: los cereales y derivados 51,32 %, las carnes y sus preparados 78,78 %, los pescados y mariscos 95,15 %, la leche, quesos y huevos 54,03 %, las grasas y aceites 58,34 %, las frutas y hortalizas 26,33 %, las raíces, tubérculos y otros 29,53 %, las semillas, oleaginosas y leguminosas 69,83 %, el azúcar y similares 33,56 %, mientras que el café, té y similares 56,19 %”, dice el informe.

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Sonia Pérez debe trabajar una semana sin descanso, eso incluye los fines de semana, más de 15 horas diarias yendo de un lado a otro para poder reunir entre 10 y 18 dólares a la semana. “Como es a domicilio, a veces me pagan con bolívares en efectivo y es lo que agarro para los pasajes; si no, me completan con comida. Gracias a Dios no nos hemos acostado sin comer desde diciembre, pero no comemos las tres veces sino, dos o una”, finalizó la mujer antes de abordar un camión para transportar ganado, convertido ahora en transporte colectivo.

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