Miles de familias viven en alerta ante los severos daños en la infraestructura de Caracas tras los recientes sismos. Especialistas exigen inspecciones técnicas y refuerzos estructurales urgentes para mitigar los riesgos de habitabilidad en la ciudad.
Caracas. Con un saldo oficial de 17.907 damnificados, 856 edificios afectados a nivel nacional y colapsos en municipios como Chacao, donde cayeron las estructuras de los edificios Petunia, Obelisco y Don Pepe, y San Bernardino, los potentes sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron la región central del país el 24 de junio pasado dejaron al descubierto las costuras de la capital.
Ante la magnitud de la crisis, las autoridades anunciaron la activación de un “semáforo estructural”, un método de catalogación de daños mediante colores para medir el nivel de habitabilidad en Caracas, La Guaira y Miranda.
La angustia, sin embargo, no se mide con colores y el miedo cotidiano se vive en los apartamentos que quedaron en pie. Alejandra* pasó las dos noches siguientes a los sismos durmiendo en la planta baja de su edificio. El apartamento donde vive, en la avenida Panteón, cerca del centro de Caracas, quedó con grietas en las paredes, friso levantado y desplome de la pared del ascensor.
El informe técnico fue claro: cimientos sólidos y afectaciones menores. Pero la tranquilidad no llegó con el papel. Aunque el agua y el gas volvieron a fluir después de la suspensión inicial, los vecinos aún miran con desconfianza las paredes que los resguardan.
“Es una angustia ver las paredes reventadas. Sientes que el edificio se puede venir abajo. Pero uno le pide mucho a Dios”, confesó a Crónica Uno.

Fallas de origen
El mapa de afectaciones en Caracas no distingue entre zonas. De este a oeste, en El Paraíso, La Candelaria, San Martín, Altamira y Los Dos Caminos, los residentes describen daños en sus viviendas con asombrosa coincidencia, casi un mes después del evento que puso a prueba la infraestructura de la ciudad.
El ingeniero Jesús Armas, director de Monitor Ciudad, explicó que el origen de los daños varía según cada edificación y requiere un estudio por caso. Pero se pueden identificar tres factores: la antigüedad de las estructuras, la mala construcción y las fallas de suelo.
“Hay edificios que son viejos, anteriores a la norma, fueron construidos antes del terremoto de 1960. Las reglas de construcción cambiaron, las primeras normas sísmicas nacen en 1982”,
adujo.
Para el ingeniero, el problema no distingue entre obra vieja y nueva. Los edificios de la Gran Misión Vivienda, pese a que son de más reciente construcción, fueron levantados con materiales baratos y al margen de la norma. Por eso, su veredicto es tajante: “La corrupción hizo que los edificios no estén aptos para un sismo”.

Suelo inestable y deterioro
De acuerdo con los precedentes históricos de la ciudad, el impacto en San Bernardino y en Los Palos Grandes obedece a una condición especial de sedimentos profundos y al tipo de suelo que hay en esas zonas sísmicas, puntualizó el ingeniero civil Jesús Vásquez.
En ambos casos, el factor geográfico agrava la situación: estas construcciones están asentadas en áreas de alta exposición sísmica.
“En los suelos que no están consolidados, la onda sísmica se amplifica, y las estructuras se mueven mucho más. O sea, la liberación de energía bajo la estructura es mucho más rápida. Entonces, esas zonas así sufren mucho más”, detalló Vásquez.
A eso se suma el mantenimiento deficiente de los edificios, que debilita la estructura con el tiempo. La exposición continua al clima, la humedad y la oxidación del acero interno deterioran los componentes de soporte. El problema se agrava en zonas costeras como La Guaira, donde la salinidad del aire acelera los procesos de corrosión.

Aunque la falta de mantenimiento debilita los inmuebles, el factor de mayor peso sigue siendo la combinación entre la antigüedad y las técnicas de construcción deficientes, resaltó el ingeniero.
“En las edificaciones afectadas aún no se puede reparar. Además, los tratamientos deben ir a los elementos de carga expuestos en lugar de aplicar soluciones estéticas como pintura o yeso, que solo ocultan la falla”.
Zonas de resguardo
Más de mil réplicas se han contabilizado desde el primer movimiento. Ante esa persistente actividad sísmica, la mayoría de los edificios con afectaciones optaron por suspender el servicio de ascensores.
El Cuerpo de Bomberos de Caracas respaldó la medida con un comunicado que restringe el uso de estos equipos en centros comerciales, edificios residenciales e instituciones.
”Los ascensores en funcionamiento deben tener un informe técnico emitido por una empresa de ascensores debidamente registrada en Sencamer, así como la certificación de que el equipo cumple con el denominado criterio verde”, destacó el comunicado.


El rescatista Jacobo Vidarte enfatizó en que las áreas seguras dentro de una vivienda se emiten formalmente luego de una inspección.
Asimismo, aclaró que los marcos de las puertas ya no son lugares seguros en las edificaciones modernas: antiguamente sí lo eran por la construcción de las casas coloniales, pero hoy no ofrecen protección.
Durante el movimiento, recomendó buscar refugio bajo una mesa sólida, que no sea de vidrio, o debajo de un mueble que sirva de escudo ante la caída de objetos. La salida, insistió, debe esperar a que el sismo termine; recién entonces se debe dirigir al punto de encuentro exterior.
“Esta zona debe definirse previamente en tiempo de calma y debe cumplir con la condición de estar alejada de edificios, postes, cables, alambres conductores y depósitos de materiales peligrosos”, precisó en alusión al punto de encuentro exterior.
La prevención individual y el conocimiento de los protocolos de evacuación constituyen la primera línea de defensa para los ciudadanos. No obstante, la seguridad a largo plazo de Caracas depende de intervenciones estructurales profundas en las vigas y bases de su parque residencial, una tarea técnica que exige ir más allá de las reparaciones cosméticas antes de que el suelo vuelva a sacudirse.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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