En Carabobo, la proliferación de medios enmascara una prensa debilitada, no crítica y dependiente de la propaganda. Los medios evaden temas cruciales por autocensura, dependencia oficial o crisis financiera, y privilegian la trivialidad sobre las noticias de impacto social o político desfavorables al Gobierno o a grupos económicos vinculados al poder.

Valencia. Los micrófonos se multiplican en las ruedas de prensa convocadas en la capital del estado Carabobo. Cubos de colores llenan las mesas como si se tratara de un síntoma de pluralidad informativa.

Tras esa fachada de diversidad, se oculta una realidad muy distinta: un periodismo fracturado, que huye de la crítica y se repliega en la trivialidad. Los medios, cada vez más sometidos a la propaganda o acallados por la autocensura, eluden sistemáticamente los temas políticos y sociales cruciales.

Verónica García —nombre cambiado por seguridad— lo advirtió con claridad: “Más micrófonos no es sinónimo de mayor cobertura. La mayoría de estos medios no son críticos con el poder”.

Estas nuevas iniciativas florecen al calor de la creciente agenda social de la ciudad. Sin embargo, su presencia se desvanece cuando la convocatoria adquiere un tinte político.

Ruth Lara Castillo, secretaria general del Colegio Nacional de Periodistas (CNP) en Carabobo, lo resume sin rodeos, al ser consultada por Crónica Uno: “Luego del 28 de julio muchos periodistas dejaron las fuentes que impactan el tejido social. Solo se quieren dedicar a las noticias rosas”.

Autocensura como “protección”

Verónica cree que buena parte de sus colegas “buscan comodidad”: conciertos, cócteles, coberturas con comida y vida social. “Ahí ves todos esos cubos, pero lees sus trabajos y son un copia y pega de la nota de prensa principal. Todos tienen lo mismo”.

Para el corresponsal de Televen, Sandino Yaguare, esa práctica es más bien un mecanismo de protección. “Cada medio de comunicación está siendo muy responsable a la hora de informar”. Aunque algunos ven en ello “cobardía”, él lo define como “autocensura para sobrevivir”.

“La manera en la que abordas una noticia acarrea problemas, no solo con personas de poder político sino económico. Hay poderes económicos que pueden hacer que un periodista corra riesgo”.

Yaguare añadió que en Venezuela no existe una organización capaz de defender realmente a los periodistas, porque sus activistas también enfrentan amenazas y persecusión. “Solo mira la gran cantidad de periodistas presos. Donde el país requiere a los periodistas no están”. Reconoce, además, que él mismo se autocensura y afirma: “Es lo que nos dejaron”.

Verónica, Lara y Yaguare hablan desde distintos frentes, pero las piezas coinciden en un mismo tablero donde la precariedad, la censura y la propaganda son las reglas de juego.

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Diario El Nacional antes del cierre de su versión impresa. Crónica Uno/Cristian Hernández

Independencia en venta

Lara Castillo fundó hace poco Reporte 7. Para abril contrató a una colega, pero se quedó sin financistas al finalizar ese mes. “Los medios hoy en día atraviesan crisis de diversos tipos pero una de las más grandes es la financiera”. Ante ello, tuvo que despedirla.

No se trata de que no haya dinero para invertir, explicó Lara, sino de que desde el primer momento los empresarios preguntan si la línea editorial es política o no. Y aclaró que “política” significa crítica al gobierno, hablar de María Corina Machado y de la oposición. De esa respuesta depende la inversión.

Con Reporte 7 nacieron Multienfoques 360 y La Noticia Hoy. Este último sobrevive solo con el trabajo de sus dueñas, que deben combinarlo con otros empleos. La ecuación es simple: sin independencia económica, la independencia editorial es casi imposible.

Medios como el de Lara Castillo no resultan atractivos para las empresas, pues aún no logran traducir sus espacios en cifras que hagan rentable la publicidad.

Declive evidente

En cuanto a los medios más antiguos, El Carabobeño no muestra publicidad; Notitarde sí, con tres grandes marcas nacionales. Cobra $675 por el banner superior; $450 por el lateral derecho y $250 por cada nota de prensa comercial. Que uno tenga anunciantes y el otro revela las presiones políticas que pesan sobre los empresarios.

No sorprende entonces que para 2024 el Índice de Libertad de Expresión y Fuentes Alternativas de Información del proyecto Variedades de Democracia (V-Dem) haya registrado un desplome sostenido. En 1998 Venezuela estaba en 0,78; en 2024 cayó a 0,22. Cifras similares se repiten en todos los estudios sobre el tema.

En un monitoreo de la prensa regional realizado por Crónica Uno se corroboró el declive: los medios producen cada vez menos contenido. Por ejemplo, en el caso de El Carabobeño aparecen en su portada 50 noticias que van desde el 21 al 27 de agosto.

De este total 11 inluían firmas de sus redactores, pero pocas son de reportes en la calle. Es decir, trabajos que requieren que los periodistas acuden a buscar la noticia de forma particular, lo que deja vacíos informativos.

Ruth Lara enfatizó en este aspecto de la crisis y alertó que hay fuentes que quedaron en el olvido. Solo por ejemplificar, los días 19 y 21 apenas se publicó un trabajo en la sección Gran Valencia de ese diario histórico del centro del país.

En cambio, Notitarde publicó 89 noticias solo el 27 de agosto pasado, todas favorables al gobierno. La oposición mayoritaria no aparece en sus páginas. Esto refleja que un medio afín al gobierno tendrá mayor cantidad de sponsors, lo que se traduce en más dinero, más trabajadores y menos crítica al poder.

Mantenerse

El Carabobeño a pesar de los ataques históricos sufridos, sigue haciendo una labor crítica, bien sea apoyada en los textos de agencias internacionales o en alianza con los pocos medios independientes que sobreviven. Solo en este período El Carabobeño fue el único medio de peso en Carabobo en publicar no solo la detención sino el mes transcurrido tras la detención de la líder de Vente Carabobo Albany Colmenarez.

Aun con ese panorama, Yaguare rescata un matiz sobre la capacidad de alcance en tiempos de censura: “Si uno llega a 300 personas, son 300 que están recibiendo algo. Estamos en resistencia”.

Sin embargo, Yaguare y Lara Castillo puntualizan que mantener un medio no es solo publicar en un portal es tener una nómina, pagar vehículos y gasolina y por eso, hoy por hoy se ve el panorama tan oscuro, lo que impide a los medios llegar a comunidades remotas.

La ONG Espacio Público lo documentó. En su Informe Parcial, entre enero y abril hubo 108 denuncias de violaciones a la libertad de expresión; hasta abril ya se contaban ocho detenciones de periodistas.

Hostigamiento y criminalización contra los periodistas se recrudeció en lo que va de 2025, revela informe de Espacio Público
Foto: Espacio Público / archivo.

Saturación informativa

La paradoja es que, pese a la persecución y los cierres, han surgido más de 10 medios en Carabobo: Reporte 7, 24 Contigo, Noticias en Venezuela. Y al menos 17 cuentas de Instagram funcionan como portales informativos, como Yagua Es Noticia o Valencia News.

Para Yaguare, ese auge propicia un “exceso de información”: proyectos sin misión ni objetivos, sin registro legal. El CNP, dice, debería regularlos. “No están constituidos legalmente. Sería bueno que se estudiara a cada uno para ver si cumplen con los parámetros. El CNP debe hacer una regulación”.

Lara Castillo agregó que tras muchas de esas cuentas no hay periodistas, sino comerciantes de la información. También hay agentes vinculados al gobierno que establecen matrices de opinión. Incluso denuncia el pago de entre $200 y $350 mensuales a comunicadores para silenciar temas y difundir propaganda.

“Les pagan entre $200 y $350 por mes para no hablar de ciertas personas y hacerle propaganda al gobierno. Incluso hay algunos que inventan información para desprestigiar”.

El resultado es un ecosistema mediático contaminado, con ruido en lugar de información y una ciudadanía atrapada entre la desinformación y la censura.

“La forma de transmitir información no puede ser el típico texto más fotico. Las audiencias quieren verte hablar decirle de forma llana lo que pasó. Tenemos que ser orgánicos para llegarle a todos y reflotar el periodismo, eso también es resistir y vencer la censura”.

De la abundancia al cerrojo

La crisis de Carabobo refleja un declive nacional. A comienzos de siglo, Venezuela contaba con cerca de 90 diarios y más de 400 emisoras activas. En actualidad, el panorama es otro: más de 400 medios cerrados en dos décadas, incluidas 285 emisoras de radio clausuradas entre 2003 y 2022, de acuerdo con el informe más reciente de Espacio Publico.

RCTV fue sacada del aire en 2007; Globovisión y El Universal cambiaron de línea editorial tras presiones y venta forzada, y apenas 28 diarios están en circulación desde 2019.

El contraste es brutal: donde hubo diversidad informativa, hoy sobrevive un mapa de medios reducido, presionado y fragmentado, con una audiencia que debe rebuscar en cuentas improvisadas lo que antes encontraba en redacciones consolidadas.

El caso de Carabobo resume en pequeño lo que vive Venezuela: un periodismo atrapado entre la censura, la autocensura y el ahogo económico. Micrófonos que se multiplican, pero voces que se apagan.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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