Más de mil estudiantes de la Unidad Educativa Isaura Correa, en Ruiz Pineda, asisten a clases entre filtraciones, escasez de agua y déficit de personal. La comunidad escolar sostiene el plantel con aportes propios mientras el PAE ofrece raciones cada vez más limitadas.
Caracas. Las filtraciones recorren casi todos los salones, la iluminación funciona a medias y el suministro de agua se agota antes de terminar la semana. En la Unidad Educativa Isaura Correa representantes denuncian que el deterioro de la infraestructura se suma a la escasez de personal y al deterioro del Programa de Alimentación Escolar, en un contexto que refleja los desafíos que enfrentan numerosas escuelas públicas del país.
En las aulas de esta escuela, situada en Ruiz Pineda, al suroeste de la ciudad, el deterioro de la infraestructura es lo primero que salta a la vista. Las paredes están completamente desconchadas por la humedad acumulada y los bloques de cemento, las piezas que conforman la estructura de los muros, quedan expuestos debido a la falta de mantenimiento.
La humedad, el desprendimiento del friso y las manchas verdosas y grisáceas predominan en la parte baja de las estructuras del plantel. Esta realidad afecta el día a día de una matrícula, que oscila entre los 1000 y 1300 estudiantes, desde preescolar hasta sexto grado.
”Aquí hay salones pintados por los representantes. Claro, de repente el color no es el adecuado para un salón de clase, pero es lo que se tiene”, dijo a Crónica Uno Angélica*, representante del plantel.


Angélica explicó que la autogestión de los padres, modalidad mediante el cual las propias familias y el personal cubren necesidades que deberían ser atendidas por las autoridades, ha sido la única vía para mantener operativa la institución.
“Son pañito de agua caliente. Una pinturita, un poquito de piso por aquí, pero al transcurrir el tiempo, amerita otro pañito por la cantidad de filtración que tiene”.
Servicios a medias
La iluminación en las aulas es deficiente. Estándares internacionales como la norma UNE-EN 12464-1, utilizada como referencia para las condiciones de iluminación en espacios de trabajo y estudio, establecen niveles de iluminancia de entre 300 y 500 lux sobre las mesas de trabajo.
Para un aula estándar de 50 metros cuadrados se requieren aproximadamente entre seis y diez bombillos LED, tecnología de bajo consumo eléctrico y mayor duración que los bombillos tradicionales.
Sin embargo, en el colegio Isaura Correa apenas funcionan entre tres y cuatro bombillos por salón. En el patio principal solo operan seis lámparas LED, debido a que no pudieron reemplazar los bombillos de las luminarias originales.
“Debería haber 10 o 12 bombillos por aula, pero no es así. De hecho, los representantes somos quienes los compran y los instalan porque la institución no recibe ayuda del Estado”,
advirtió Angélica.




El suministro de agua es otra de las limitaciones de la unidad educativa. El servicio llega a la zona una o dos veces por semana, por lo que la escuela depende de tanques de almacenamiento, depósitos utilizados para acumular agua cuando el suministro es irregular.
A partir del miércoles al mediodía o del jueves en la mañana, las reservas suelen agotarse. Pese a la falta de agua para los baños y las labores de limpieza, el personal debe cumplir la jornada completa bajo esas condiciones.
“Los arreglos menores en los baños, como el cambio de canillas y bajantes, se financian con los aportes durante las inscripciones o mediante la recaudación de materiales de limpieza. Hay unos de los baños que deben usarlo los niñas y niños, pero siempre hay una maestra en la puerta”, sentencia.
El peligro del río
La preocupación por las condiciones de la escuela va más allá de las paredes deterioradas. Los cimientos de la edificación fueron levantados sobre un terreno de relleno que colinda directamente con el río Guaire.


De acuerdo con Andrea*, otra representante de un alumno de la institución, la sede anterior del colegio fue arrasada por una crecida del río años atrás, lo que obligó a construir esta estructura provisional que terminó convirtiéndose en definitiva.
Aunque un muro separa la escuela del cauce, espacio por donde fluye el río, la cercanía con el agua genera problemas sanitarios permanentes. La maleza rodea las instalaciones y favorece la proliferación de plagas, como insectos y otros animales que pueden representar riesgos para la salud.
”Pasan animales como un rabipelado. Y de hecho, por la parte de la casita, un anexo de la escuela donde funciona preescolar y los primeros grados, es por allí donde salen las culebras”,
detalló.
En la temporada de lluvias aumenta la presencia de zancudos. Los representantes reportan que los niños sufren picaduras constantes que derivan en dermatitis y llagas en la piel debido a la contaminación ambiental de la zona.
Las condiciones descritas por los representantes se desarrollan en un entorno especialmente vulnerable, una situación que, según los testimonios recogidos, agrava los problemas sanitarios y de mantenimiento.

Déficit de personal y deserción
Las deficiencias de infraestructura coinciden con una disminución de la matrícula y la falta de personal. Se calcula que la deserción estudiantil reciente ronda el 30 %, principalmente por padres que deciden trasladar a sus hijos a colegios privados de sectores cercanos.
Angélica añadió que también existe un déficit de maestros y trabajadores de mantenimiento, lo que complica el funcionamiento del plantel. En el turno de la tarde no hay docentes para dos secciones de quinto grado.
“Las docentes activas deben repartirse a los alumnos para evitar que queden fuera de la escolaridad. Mientras que en el turno de la mañana apenas trabajan cinco obreras para atender a una población de más de 500 niños”, afirmó.



En la tarde la cifra se reduce a tres trabajadoras. Para disminuir la carga de limpieza, algunos baños de la institución permanecen clausurados.
El PAE es irregular
El Programa de Alimentación Escolar (PAE), una política pública destinada a suministrar alimentos a los estudiantes durante la jornada escolar, funciona en la institución, pero el menú ha sufrido una marcada desmejora en comparación con años anteriores, cuando el centro educativo recibía proteínas, cereales y meriendas que permitían diversificar la dieta de los alumnos.
Actualmente, la comida diaria se limita a servir arroz con frijoles amarillos de forma repetitiva. Esta situación es consistente con los datos de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) 2025, un estudio académico que mide indicadores sociales y económicos en Venezuela, que revelan que la escuela dejó de ser un espacio de protección para convertirse en un reflejo del deterioro del país.
El estudio verificó que el PAE registró una caída significativa: para 2025, solo 29 % de los estudiantes recibía comida a diario, frente al 43 % registrado en 2022. Esta precariedad nutricional, la dificultad para acceder a una alimentación suficiente y balanceada, sumada a las fallas estructurales de agua, electricidad y transporte, provoca que 44 % de los alumnos asista a clases de manera irregular en todo el territorio nacional.
Andrea contó que en el colegio casi no hay proteínas en los platos, apenas se notan en la comida. Es común ver raciones que solo traen la mitad de una alita de pollo con un poco de arroz.
“Una que otra vez le echan lo que es un embuste de pollo. Digo parece porque no me consta, no he estado afuera para ver qué llega, y entonces se les consigue una que otra presita o una señal de que existió un pollito allí”,
expuso.
Aunque el servicio se mantiene durante gran parte del año escolar, el suministro oficial se interrumpe por completo antes del cierre de actividades. Al llegar junio, cesan los despachos de alimentos y el comedor deja de funcionar.
Ante la falta de insumos básicos, las maestras recurren a la colaboración directa de las familias para completar los alimentos disponibles. El personal debe solicitar a los representantes que lleven azúcar o sal a las aulas para poder sostener las jornadas.
A pesar de que representantes, docentes y trabajadores recurren a la llamada autogestión para mantener operativa la escuela, las filtraciones, la escasez de agua, la falta de personal y las limitaciones del programa alimentario siguen marcando la rutina de más de mil estudiantes que asisten diariamente a la Unidad Educativa Isaura Correa.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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