Los escombros y la basura sin recoger han disparado las plagas de moscas, zancudos y roedores en Tanaguarena y Caribe, en La Guaira. Los vecinos claman por fumigación, pero el Ministerio de Salud aún no envía las cuadrillas prometidas. Mientras para los expertos, el verdadero peligro no son los roedores, sino el hacinamiento y la falta de agua.

La Guaira. La acumulación de desechos y la remoción de escombros tras el doblete sísmico del pasado 24 de junio convirtieron a las calles de La Guaira en un caldo de cultivo para las plagas. Al menos ese es el temor de los residentes de las zonas más afectadas.

Mientras la población de sectores devastados como Tanaguarena, Caribe y Macuto clama por jornadas urgentes de fumigación y desratización para prevenir brotes de dengue, zika o chikungunya, especialistas médicos y representantes de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierten que la insalubridad y el hacinamiento representan el verdadero peligro biológico que amenaza con desencadenar una crisis sanitaria paralela en el litoral central.

Los vecinos temen que la inacción oficial agrave aún más la situación tras el desastre. La proliferación de zancudos, moscas y otros insectos, derivada de los derrumbes y la acumulación de basura, ha encendido las alarmas en las comunidades afectadas.

Yurmán Contreras, residente de uno de los pocos edificios que permanecen habitables en Tanaguarena, explicó a Crónica Uno la urgencia de estas jornadas de control vectorial.

“Luego de los terremotos, los zancudos y las moscas están a toda hora. Sabemos que en este momento hay múltiples prioridades en La Guaira por la magnitud de la tragedia, pero es indispensable fumigar para evitar que se desaten epidemias. Aún estamos muy golpeados por el doble sismo como para afrontar una crisis de salud pública”, enfatizó.

Foto: Juan Carlos Salas

Alerta por presencia de roedores

Asimismo, alertó sobre la vulnerabilidad de decenas de familias que pernoctan en carpas o hamacas en la vía pública debido al colapso o riesgo estructural de sus viviendas. Esta situación, a su juicio, hace prioritario mantener las calles saneadas.

“La recolección de basura es otro problema grave. Muchas personas reciben alimentos preparados y no disponen de un lugar adecuado para depositar los desechos orgánicos. Donde los hay, los camiones del aseo urbano no se dan abasto por la alta demanda”, agregó.

Hasta esta publicación, los denunciantes no obtuvieron respuesta por parte de la Gobernación de La Guaira ni de la alcaldía ante los reclamos por la falta de cuadrillas en las comunidades afectadas.

Por su parte, Marina, una vecina que perdió su apartamento en la urbanización Caribe, solicitó un plan integral de desratización.

“Están saliendo muchas ratas y ratones a la calle, lo que representa un grave peligro sanitario. Mosquitos y moscas abundan a cualquier hora; por eso urgimos a que se realicen jornadas constantes de desinfección”,

expuso.

En cuanto a los planes anunciados previamente por el Ministerio de Salud, la afectada aseguró que las cuadrillas aún no han hecho presencia en su sector. “Tienen que desplegarse por todas las parroquias. Pero las prioridades deben ser las comunidades más impactadas como Caribe, Macuto, Tanaguarena, Caraballeda y La Bajada del Playón. Por aquí no hemos visto al personal sanitario, y el retraso en la recogida de desechos sigue atrancando el saneamiento y atrae plagas”.

Falta de control en balnearios

Un comerciante de la zona playera de Macuto, quien prefirió mantener su identidad en reserva, ratificó la ausencia de operativos sanitarios en el sector comercial costero.

“Por la zona comercial de la playa no han pasado a fumigar. Aquí sufrimos por moscas y hormigas, aunque los trabajadores mantenemos las áreas limpias y el personal militar apoya recogiendo los desperdicios”.

El prestador de servicios subrayó la importancia de aplicar controles biológicos de forma continua.

“Luego de un desastre de esta magnitud, la contaminación se convierte en un caldo de cultivo para el dengue. Es vital que fumiguen varias veces al mes y no de forma aislada”.

A la angustia por las plagas se suma el temor colectivo generado por el intenso olor a putrefacción procedente de las estructuras colapsadas y las morgues improvisadas.

No obstante, médicos especialistas e infectólogos consultados por Crónica Uno, respaldados por la OPS, aclararon que la presencia de cadáveres en descomposición no desencadena brotes epidémicos ni infectocontagiosos para la comunidad.

Al respecto detallaron que el hedor obedece a gases desprendidos por la descomposición acelerada por el calor, que alcanza los 40 °C en la costa, y la falta de refrigeración.

Según precisaron expertos como la infectóloga Patricia Valenzuela y el patólogo Enrique López Loyo, el riesgo real radica en la emisión de gases nocivos para los rescatistas que no usen equipos de protección. También en que el mantenimiento de cadáveres sin resguardo bajo techo atraiga más vectores y roedores.

Asimismo, la OPS reiteró que el verdadero foco epidemiológico para las miles de personas en campamentos temporales proviene de la falta de agua potable, el hacinamiento, propicio para infecciones respiratorias o diarreicas, y la proliferación de plagas por la acumulación de desechos.

Foto: Archivo

Plan especial de fumigación

Frente a la situación, el Ministerio para la Salud informó el despliegue de un plan especial de control vectorial. Este incluye aplicación de larvicidas, fumigación, desinfección y desratización en el estado La Guaira.

De acuerdo con la institución, en mensaje emitido el pasado martes, 21 de julio, las acciones buscan frenar el brote de vectores transmisores de enfermedades tras las severas alteraciones ambientales generadas por los derrumbes y el depósito masivo de escombros.

La jornada prioriza a los sectores con mayor daño estructural, hospitales de campaña y los 28 campamentos temporales que albergan a 12.123 personas damnificadas.

Foto: Yohana Marra

Por su parte, la Autoridad Única de Salud de La Guaira, Nelare Bermúdez, precisó que estas medidas de contención biológica han abordado prioritariamente áreas de alta densidad. Con eso se ha protegido a más de 16.000 ciudadanos en la entidad, añadió Bermúdez.

Desprotección oficial

El despliegue en la costa venezolana coincide con una alerta epidemiológica de carácter nacional. Esto luego de que las autoridades de salud confirmaran el fallecimiento de tres personas por hantavirus en la región nororiental del país y mantengan bajo investigación otros dos casos mortales en el estado Barinas.

Esta enfermedad, transmitida por fluidos y orina de roedores, incrementa el riesgo biológico en La Guaira dada la proliferación de ratas denunciada por los habitantes entre los escombros. Un temor que no ha sido disipado por las autoridades.

Más de un mes después de los terremotos, la urgencia en La Guaira ya no se mide únicamente en la remoción de escombros o en el conteo de pérdidas materiales, sino en la velocidad de respuesta para garantizar condiciones básicas de vida.

Con el riesgo latente de enfermedades transmitidas por vectores y la alerta epidemiológica sobre el país, el saneamiento ambiental continuo deja de ser una demanda secundaria para convertirse en una prioridad de supervivencia. La protección de los sobrevivientes en La Guaira dependerá de que la prevención sanitaria llegue a tiempo a donde los escombros aún esperan por respuesta.

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