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Publicado enDerechos Humanos

Activista político Jesús Armas: “Queríamos una transición desde la rebelión, pero la realidad nos impone una reformista”

por Génesis Carrero Soto 13 septiembre, 202611 septiembre, 2026

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Foto: Gleybert Asencio

De vuelta en las calles de Caracas, tras 14 meses de prisión y aislamiento, el profesor universitario, Jesús Armas, reflexiona sobre los laberintos de una transición que apellida como “reformista” y que obliga a negociar con el chavismo, pero que cree no será posible sin la libertad de los presos políticos.

Caracas. Si algo tuvo que hacer Jesús Armas, activista político, fue adaptarse a los cambios violentos. Pagar cárcel sin cometer delitos, enfrentarse al aislamiento y salir del cautiverio para transitar los últimos meses de su padre, quien enfermó de cáncer, mientras se adaptaba a la Venezuela que se perdió, fueron algunas cosas que vivió en los últimos 20 meses.

La vida le cambió drásticamente en diciembre de 2024, cuando lo detuvieron fuerzas de seguridad del Estado y lo aislaron en una celda en El Helicoide, por más de un año.

Ingeniero de formación, profesor universitario, exconcejal de Caracas y luchador social dedicó los meses previos a su arresto a respaldar a las familias de los presos políticos y a las madres de los detenidos poselectorales. Armas pasó de los espacios de lucha ciudadana y las aulas universitarias a enfrentar el silencio absoluto de la prisión.  

Quizá eso le permite ver con claridad ahora que es necesario ajustarse a una negociación con el chavismo para avanzar hacia la transición democrática que, asegura, aún no vivimos pero estamos en vía de concretar. 

Foto: Gleybert Asencio

En entrevista con Crónica Uno, Armas expuso su visión de la situación actual de Venezuela y usó la conocida expresión de que “a veces hay que tragar sapos”, para explicar la necesidad  que impone la dinámica actual de negociar nuevamente con el chavismo bajo el tutelaje de Estados Unidos. 

“Nosotros queríamos una transición que fuera más desde la rebelión, cambiando las cosas desde la raíz, lo cierto es que la realidad nos está imponiendo una transición reformista en la cual estamos avanzando paso a paso y que lamentablemente tiene que pasar por una negociación con el chavismo y con todos los factores de la sociedad”. 

Sin embargo, insiste en que hay no negociables como la libertad de los presos políticos que, a su juicio, “es la mejor señal” que le puede dar Delcy Rodríguez a los venezolanos para avanzar en la reconciliación que cree necesaria. 

“Lo que nos están obligando los Estados Unidos y la situación es que nosotros conversemos con el chavismo a través de la mesa de diálogo y que tengamos que tener una construcción con toda la fuerza de oposición, pero sobre todo con Delcy Rodríguez. Si me preguntas a mí si lo quiero, no lo quisiera así, pero hay que entender que la realidad te lo impone y que vamos a tener que ofrecerle al chavismo unas salidas y unas garantías para poder reconstruir el país”. 

Hoy, de vuelta en las calles de una Caracas profundamente alterada por la inflación y la dolarización informal, Armas reaparece no desde el resentimiento, sino en constante reflexión sobre los laberintos de una transición que no cree posible sin María Corina Machado. Estas son sus opiniones: 

—¿Cómo encontraste a Venezuela, después de un año y dos meses en la cárcel?


—La verdad es que fue muy extraño cuando salí de la cárcel, porque algo que he visto de manera común entre varias personas que salen de la cárcel es que los primeros días poder adaptarse hasta para dormir es muy difícil. Por ejemplo, yo pasé muchos meses sin tener ventana, y volver a ver el sol es algo que me impactó mucho, el amanecer.

Foto: Gleybert Asencio

Me impactó cómo cambió el tema monetario en tan pocos meses, porque cuando yo entré a la cárcel no estaba esto de la tasa del dólar, del euro, la gente pagando con criptomonedas, o que si pagas en dólares, pierdes. 

Es muy raro, porque cuando pasas un momento desconectado de Venezuela, la crisis en términos de inflación, la crisis monetaria, hace que cambien las formas de pagar, y eso te genera mucha confusión. 

Para mí fue muy duro reintegrarme en el tema de la vida social porque justo saliendo le consiguieron cáncer a mi papá, entonces obviamente invertí casi todo mi tiempo entre mi papá y el activismo político, y bueno, mi papá lamentablemente terminó falleciendo hace dos meses. Entonces, reencontrarme con Venezuela fue duro porque además me tocó reencontrarme de frente con la situación económica y con la realidad del sistema de salud venezolano.

Lo otro es que al principio todavía había muchísimo miedo, y la gente no entendía del todo lo que había sucedido el 3 de enero. Entonces había mucha confusión, y al principio para arrancar el activismo político fue muy duro, sobre todo porque el día que salgo se llevan otra vez a Juan Pablo Guanipa.

Yo estaba con él ese día. A mí me salió ese día también orden de casa por cárcel, pero nunca la pudieron ejecutar porque ese día no me consiguieron. Eso hizo que mucha gente tuviera miedo, al principio, de acompañarnos en el activismo político, pero poco a poco se ha perdido el miedo.

Foto: Gleybert Asencio

—¿Sientes que te adaptaste ya o más bien sientes que sigues en ese proceso?


—No, yo siento que me adapté ya, que mi adaptación fue buena y rápida porque tuve muchas redes de solidaridad; creo que de alguna forma lo que sembré acompañando a familiares de presos políticos, a gente en el exilio durante tantos años, lo coseché en este momento porque mi familia y yo, al salir, hemos sentido apoyo total de muchísimas personas.

Eso ha sido algo bonito que me ha ayudado a reintegrarme rápidamente. 

—¿Crees que la cárcel y las horas que pasaste allí te permitieron construir una nueva versión de ti como político? 

—Creo que sí. La época en prisión te hace madurar y te hace entender cosas en ti mismo que antes no escuchabas, porque la cárcel es fundamentalmente una lucha contra ti mismo, debido a que la soledad y el aislamiento —estuve once meses y medio sin poder hablar con mis padres o con Sairam (su novia), sin tener llamadas o visitas— hacen que tengas una conversación infinita contigo mismo. Empiezas a entender cosas que son realmente importantes en la vida y luego también empiezas a entender cosas del país. 

Leí mucho, ese fue mi refugio. Me hice un plan de estudios para todo el día: por ejemplo, en las mañanas estudiaba macroeconomía, en las tardes trataba de leer algo de historia y de historia de energía, y en las noches leía alguna novela, algo que fuera más ligero.

Esa rutina fue lo que me permitió a mí tener algo de sanidad mental durante todo ese proceso. Entonces creo que sí hubo un crecimiento intelectual y un crecimiento humano en torno a mi vida personal, pero también en mi relación con los otros en la política, porque a mí me tocó compartir celda con Perkin Rocha, con Biagiol Pilieri, con Freddy Superlano, y con Alfredo Díaz, que son gente de otros partidos políticos, y al final nos dimos cuenta ahí de que había muchas cosas que nos unían.

Fue un crecimiento personal sin duda, porque empiezas a ver la política más allá de las tribus y los partidos, y la empiezas a ver más desde lo humano y desde los objetivos grandes.

Foto: Gleybert Asencio

—¿Crees que eso te ayudó a construir la visión que puedes tener ahora con respecto al tema de la transición política, de cómo se debe vivir eso?

—Una de las cosas más difíciles de este proceso es cómo vives torturas, cómo vives aislamiento, cómo vives catorce meses siendo inocente en El Helicoide, y no te llenas de resentimiento. Y eso es un trabajo personal importante y yo logré hacerlo; yo no siento hoy que tenga resentimiento y eso me permite ver las cosas con muchísima más objetividad, de manera estratégica.

Me permite entender que, aunque nosotros queríamos una transición que fuera más desde la rebelión, cambiando las cosas desde la raíz, lo cierto es que la realidad nos está imponiendo una transición reformista en la cual estamos avanzando paso a paso y que lamentablemente tiene que pasar por una negociación con el chavismo y con todos los factores de la sociedad. 

Eso obviamente es complejo, tiene unos retos, y sobre todo el reto de cómo buscar la justicia sin atropellar al otro, de cómo buscar justicia respetando los derechos humanos y el Estado de derecho, y reconstruyéndolo, porque la verdad es que no lo hay. 

—¿En qué consiste esa transición reformista de la que hablas?
—Nosotros podríamos haber logrado la transición de dos formas: haber podido acceder al poder, sacar al chavismo de raíz y tener en todos los espacios de poder del país a la oposición. Esa era nuestra voluntad, eso es lo que queríamos porque, evidentemente, después de 26 años de haber sido humillados, después de que todos nuestros derechos humanos hayan sido pisoteados, eso es lo que tú sientes.

Por eso nos arriesgamos, por eso pusimos la carne en el asador. Pero luego te das cuenta de que a pesar de que pasó el 3 de enero, a pesar de que Maduro esté preso, no pasó así y hoy no tenemos la fuerza para imponernos en el poder. 

Yo quisiera que María Corina Machado estuviera hoy en Miraflores y que tuviésemos las elecciones libres hoy ya. Es más, ni siquiera hubiésemos tenido elecciones de nuevo, sino que Edmundo González hubiera sido reconocido, pero no pasó así. 

Foto: Gleybert Asencio

—¿De qué manera crees tú que los expresos políticos y los presos políticos que siguen detenidos en las cárceles tienen implicación en esa transición? Porque siempre se habla de que son innegociables, otros dicen que pueden funcionar como fichas de canje. ¿Cómo ves tú el rol de los que ya lograron su libertad y los que siguen detenidos?

—Los que ya salimos yo creo que podemos ser un catalizador de muchas cosas en la transición, porque si nosotros podemos dar el ejemplo de que podemos conversar y presionar sin atropellar a los demás, el resto de la sociedad nos va a acompañar en eso, al decir: «Bueno, si estos tipos que sufrieron todo esto están dispuestos a reconstruir el Estado de Derecho y a que aquí no haya venganza sino justicia», creo que eso puede ser un ejemplo importante. 

Además, yo creo que nosotros tenemos que ser los garantes de que ese proceso de justicia pase primero por un proceso de verdad donde se entienda exactamente todo lo que pasó durante estos 26 años, y que eventualmente podamos tener una reparación a las víctimas

Y con respecto a los que están adentro, nosotros también tenemos un rol, y es que no los podemos abandonar. Tenemos que seguir acompañando las movilizaciones que viene haciendo el Comité por la Libertad de los Presos Políticos, acompañando a todas las ONG que vienen luchando por esto y siendo la voz de los que hoy no tienen voz, como otros fueron nuestra voz cuando estábamos presos. Esa es una responsabilidad que tenemos.

Además, yo creo que el mejor paso que puede dar Delcy Rodríguez para demostrar que es posible una transición en Venezuela es que liberen a los presos políticos. Eso es lo primero en la agenda de María Corina, eso es lo primero en nuestra agenda, pero Delcy Rodríguez no lo está haciendo. 

—¿Crees que esa transición se está ejecutando en alguna fase o aún no se ha iniciado?


—Yo creo que no hemos arrancado la transición porque no puede haber transición con presos políticos, no puede haber transición sin justicia, no puede haber una transición sin un plan claro cerca de la renovación o la recuperación de las instituciones.

No hay una transición. Se avanzó en esa mesa que tiene unos problemas de origen porque la verdad es que los venezolanos no están representados. La mejor forma de que los venezolanos se sintieran representados es que Edmundo y María Corina tuviesen una voz allí.

Dicho esto, ese fue el camino que eligió el gobierno de los Estados Unidos y hay que acompañarlo en esto, porque vamos a estar claros: ellos hicieron posible el 3 de enero; obviamente eso fue gracias a las condiciones que creamos con el 28 de julio, pero quien tenía los portaaviones y la capacidad militar para poder sacar al dictador eran ellos. 

Entonces, hay unas condiciones que ellos están pidiendo y hay que navegar con eso.

 Yo quiero que salga bien la mesa de negociación. Es decir, todos los venezolanos creemos que debemos tener un TSJ nuevo, queremos tener un CNE nuevo, pero no le podemos dar un cheque en blanco nunca al chavismo, pero tampoco a la oposición. 

Foto: Gleybert Asencio

—¿Además de estos actores que dices que le faltan a la mesa, crees que hace falta algo más para que tenga esa representación?

—Yo creo que siempre es importante escuchar la voz de la sociedad civil, especialmente en estos dos temas: CNE y TSJ. En torno a eso, ellos han hecho algún esfuerzo muy tímido de poder escucharlos, pero quizás hizo falta mayor representación. 

—Y si este grupo de diputados de 2015 leyera esta entrevista, ¿Cuáles serían las cosas que quisieras exigirles como ciudadano y recomendarles como político?


—Lo primero es que no se confíen; ellos y nosotros sabemos quién es Jorge Rodríguez. Lo segundo es que creo que ellos tienen una oportunidad de fortalecer a la oposición democrática escuchando a la sociedad civil y manteniéndose alineados con el objetivo principal de los venezolanos, que es tener una elección presidencial libre y justa lo antes posible. 

Lo que les pido es que se mantengan conectados con los venezolanos, que entiendan que aquí hubo un 28 de julio, hubo unas primarias, que allí es donde está la legitimidad y que para que podamos avanzar hay que construirlo juntos.

—¿Y cuál sería tu recomendación y tu exigencia para el Gobierno interino?


—Yo creo que Delcy Rodríguez tiene una oportunidad de avanzar hacia un proceso en el cual a ellos se les respeten unas garantías y que se empiece a sanar el país. Yo no sé si ella tiene la grandeza de alma para hacerlo, pero sí tiene una oportunidad de lograrlo. 

Entonces, mi recomendación sería, uno, que abra las celdas lo antes posible, que las abra ya, porque ella tiene la llave y puede hacerlo; y dos, que avance sin obstáculos en nombrar un CNE que sea justo y que se someta a elecciones, porque al final la voluntad y la soberanía de los venezolanos necesita ser expresada nuevamente.

—Desde tu perspectiva personal, por ser una persona que ha padecido al chavismo y que hace dos meses acaba de enterrar a su papá, con quien no pudo compartir un año entero de su vida, ¿Crees que hay posibilidades de reconciliación con el chavismo? 


—No hay forma de lograr una transición a la democracia venezolana si no tenemos un proceso de reconciliación, pero para lograrlo es necesario un espacio donde se encuentre la verdad de lo que pasó aquí, porque nosotros todavía no conocemos mucho de lo que pasó con las torturas y la gente que murió bajo custodia; no conocemos la verdad en torno a eso, y un reconocimiento de esa verdad le daría mucha paz a muchas familias venezolanas. 

Foto: Gleybert Asencio

Luego de que tengamos un proceso de justicia, hay que entender que no todo el chavismo violó derechos humanos; es decir, yo no creo que haya que perseguir a alguien de base o a un militante del PSUV, pero sí hay que entender que hay gente acá que violó derechos humanos con flagrancia y el mundo lo sabe, y eso tiene que ser reconocido y juzgado eventualmente. 

—¿Y te ves en el futuro político de Venezuela, en la transición, en el cambio del país?


—Totalmente. Yo decidí hace muchísimos años que mi vocación era la política y que mi vida iba a ser luchar por rescatar y reconstruir el país. Tengo mucho que aportar en la reconstrucción desde Caracas, desde el mundo de la energía o el agua, que es mi área profesional, y yo me considero parte de ese proceso de transición que va a arrancar.

—En este retorno a tu vida, ¿volviste a dar clases?


—Estuve dando clases en la Universidad Central, sí.

—¿Y les has contado a los muchachos de tus experiencias?


—Mucho, porque yo tuve la bendición de que mis estudiantes estuvieron muy conectados con mi caso. Entonces, yo he estado hablando muchísimo con ellos, les he hablado de mi experiencia y ellos me han hablado de la suya, porque también han sufrido mucho, y es muy interesante porque no hay resentimiento ni de mi parte ni de ellos, sino una voluntad de construcción de nación, y eso me hace sentir que Venezuela tiene oportunidades en el futuro.

— ¿Hay algo que como profesor sientes que cambió después de la experiencia que viviste y que has intentado dejarles ahora a tus estudiantes?

—Mi clase es sobre políticas públicas para el sector energético, pero parte de esa conversación la oriento hacia el tema de la democracia y la relación entre la energía y la democracia. 

Creo que especialmente los técnicos y los responsables del sistema energético venezolano tienen la responsabilidad de diseñar un sistema o unas instituciones que permitan  evitar que se generen esos vicios y esos incentivos hacia el autoritarismo, y de poder crear un sistema genuinamente democrático en el país. 

Hay mucha teoría que explica cómo hacerlo, y yo creo que eso es lo que yo quisiera: que estos chamos que van a ser futuros politólogos tengan bien claro cuál es el rol de la democracia y cuál es el rol de ellos para protegerla.

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Etiquetado: concejal Jesús Armas, diálogo, Jesús Armas, transición

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