Andreina Baduel es una de las más activas luchadoras por la causa de los presos políticos en Venezuela. En entrevista con Crónica Uno, la activista dejó claro que su trabajo no es solo por la libertad de su hermano Josnars o por justicia para su padre fallecido en prisión, sino para impedir que ninguna otra familia vuelva a pasar por el horror que han vivido los Baduel.
Caracas. La firmeza en sus palabras contrasta con la dulzura que emana de su rostro. La mirada de Andreina Baduel y sus ojos verdes parecen no guardar el rencor de alguien que ha visto a su familia y su vida desmoronarse por la persecución del Estado.
Su lucha es para impedir que “se normalice el horror” que la hizo perder a su padre y ver encarcelados a hermanos y otros familiares cercanos por pensar distinto y expresarlo.

El caso de la familia Baduel se ha convertido en uno de los emblemas más dolorosos de la persecución política y la violación sistemática de los derechos humanos en Venezuela, marcado trágicamente por el fallecimiento en custodia del general y exministro Raúl Isaías Baduel en octubre de 2021, tras más de una década de prisión.
A este golpe devastador se suma el cautiverio prolongado de su hijo, Josnars Baduel, quien permanece encarcelado desde 2020 bajo graves acusaciones y enfrentando un severo desgaste físico y psicológico debido al aislamiento, las constantes restricciones y los tratos crueles denunciados por sus allegados.

Un punto de honor
Frente a esta prolongada tragedia familiar, la activista e hija del general, Andreína Baduel, ha asumido un incansable liderazgo en la defensa de los derechos humanos, visibilizando desde los penales las torturas y las condiciones infrahumanas que amenazan la vida de su hermano.
Su firme activismo no solo denuncia el hostigamiento institucional y las presiones gubernamentales para silenciar a los familiares, sino que mantiene viva la exigencia de justicia y libertad desde el Comité por la Libertad de los Presos Políticos de Venezuela (ClippVE), una causa que considera debe ser la prioridad antes de cualquier cambio político que pretenda ser real.
“Yo creo que la causa de los presos políticos es un punto de honor para el país y tiene que ser una de las prioritarias, porque no se puede hablar de democracia, de reinstitucionalización, de reconciliación ni de paz mientras sigan violando derechos humanos y mientras siga habiendo presos políticos”, dijo en entrevista concedida a Crónica Uno.
Desde su trinchera de lucha, que lleva hombro a hombro con sus hermanas, insiste en que hay que seguir alzando la voz para que haya un cambio en Venezuela y jamás se repita el drama de los miles de presos políticos del chavismo.
“Hay que exhortar hoy más que nunca a la comunidad internacional a que se mantengan alertas y vigilantes para que no se perpetúe el dolor y no sigan ellos en el poder. Los venezolanos queremos elecciones libres y democracia en el país”, sentenció.
En esta entrevista cuenta más de su causa y de la lucha que lleva en sus hombros.
— ¿Cuál crees tú que es la causa que, dentro de todos los problemas que hay en el país, exige más apoyo en este momento?
— Sin duda alguna, porque es lo que vivo directamente y, además, por el nivel de cerco, de persecución, de asedio y de impunidad que la ronda, es la causa de los presos políticos.
El régimen venezolano ha buscado una y otra vez imponer una narrativa muy lejana a la realidad, pero la realidad sigue siendo que hay más de 400 presos políticos en condiciones de horror.
Y que ellos, con hechos, incluso como los de esta semana, materializando traslados sin avisar a abogados, sin avisar a familias, sin dar información oficial, demuestran que no tienen una real voluntad política de hacer las cosas distintas.
—¿Para tu familia y para ti, cuál crees que ha sido el costo más alto de seguir esta lucha por la liberación de los presos políticos?
— En mi caso hay pérdidas irreparables, como la vida de mi papá. Pero estos 18 años de persecución se traducen en un proceso muy doloroso en el que nos han robado momentos como familia, nos han acabado la vida. Sigo en unas condiciones de zozobra y de preocupación, porque hoy mi mayor temor es que mi hermano corra la misma suerte que corrió mi papá.
Creo que han sido miles de momentos muy duros que hacen que nuestro caso haya sido ejemplarizante de la persecución, y haya servido para mandar un mensaje a la Fuerza Armada y a la sociedad de lo que te puede pasar si te atreves a disentir.
— 16 años después, ¿tú sientes que eres activista por convicción, o más bien sientes que ha sido una circunstancia a la que te han llevado los hechos?
— Sin duda alguna esto es un compromiso moral, es por convicción, es porque no quiero que se repita nunca más. Uno de mis temores es que mi hermano muera en prisión y otro es que se normalice el horror y que la impunidad reine.
Como no quiero eso, estoy firme en el compromiso moral de que haya justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. Y en este proceso llevo a mis espaldas no solo el caso de mi familia, sino el de muchas otras familias que en muchas ocasiones no se atrevían a denunciar y que veían en mí el reflejo de lo que ellos vivían.
Sin duda alguna nos mueven las convicciones, el amor y la fe.
— ¿Que tus hermanas y todo el resto de tu familia estén involucradas en esto te pesa mucho o más bien sientes que es un acompañamiento necesario?
— Nos hemos convertido en una red de solidaridad y apoyo como familia para otras familias.
Por supuesto que me alivia saber que tengo gente de confianza a mi lado y de igual compromiso que el que tengo yo. Eso genera una carga muy importante; hay cosas que no se ven, pero la salud sí se ve afectada con toda esta carga de estrés.
Sin embargo, no me arrepiento de absolutamente nada. Siento que en este proceso hay dos caminos: o sacas lo mejor de ti o sacas lo peor de ti. Nosotros hemos decidido sacar lo mejor de nosotros para que no se repita nunca más.
— Has sido principal veedora de todos los diálogos y procesos en los que han entrado los presos políticos, usados como elementos de negociación. ¿Qué crees que diferencia estas conversaciones que transcurren ahora entre la Asamblea de 2015 y el Gobierno interino esta vez o, por el contrario, piensas que es lo mismo que han vivido antes?
— Sería mezquino no asumir que después del 3 de enero marcó un antes y un después. Que los cambios suscitados hasta el momento no son proporcionales al nivel de daño y destrucción que tenemos, eso sí hay que decirlo con absoluta propiedad.
Sin duda alguna el 3 de enero marcó un antes y un después y hoy el contexto es otro. Sin embargo, creo que en este momento las víctimas y la sociedad civil en general juegan un papel muy importante para el fortalecimiento del tejido social. ¿Por qué? Porque si algo ha sabido hacer el régimen venezolano es ganar tiempo, utilizando mecanismos de diálogo para imponer una narrativa lejana a los hechos.
Por eso tenemos que ser muchos insistiendo en que no puede haber un cambio político mientras sigan en el gobierno quienes han delinquido durante años, y que la única manera de materializar el cambio es que sea totalmente desmantelada la estructura criminal.

— ¿Crees que los presos políticos juegan algún papel en esta transición, más allá de ser una tarea pendiente antes de pasar a esa transformación?
— El régimen tiene perfectamente claro que los presos políticos son sus fichas de canje, su mecanismo de negociación y su manifestación de hacer ver que mantienen el poder. Por eso hoy en día, después de ocho meses de supuesta transición, siguen más de 400 presos políticos tras las rejas.
Además, es oportuno decir que entre los que quedan, la mayoría están vinculados a supuestas conspiraciones u operaciones militares. El régimen sabe que los presos políticos son la reserva moral del país, y es por ello que hoy los mantienen cautivos.
— ¿Y crees que la gente que está ahora mismo en el diálogo lo tiene claro y entiende ese papel?
— Nosotros estamos buscando un encuentro con la asamblea, incluso con ambas asambleas (la del 2015 y la actual), para que escuchen de primera mano las necesidades de los presos políticos y esta crisis humanitaria profunda, y entiendan que tiene que ser punto de honor de este nuevo mecanismo la liberación plena de los presos políticos.
Durante todo este tránsito de horror que hemos vivido como víctimas de persecución, cada espacio que vemos para denunciar y visibilizar, a pesar de las reservas que podamos tener mientras esté el régimen en el poder, lo tomaremos.
No dejaremos de agotar las instancias para que se vea que somos nosotros quienes denunciamos y evidenciamos lo que pasa con los presos políticos.
— ¿Ves alguna diferencia en las excarcelaciones recientes con las que han ocurrido en procesos anteriores?
— Lamentablemente no. Debemos decir que el grueso de los presos políticos que ha salido no está en total libertad; salen con medidas restrictivas, y eso también es parte de nuestras exigencias. No es una excarcelación solo por sacarlos de un lugar o trasladarlos de un centro de tortura a otro; es libertad plena para todos los perseguidos en el país.

— El gobierno insiste en que ellos (los presos políticos) cometieron delitos y les dan una especie de indulto e incluso amnistía. Tú, viviendo de cerca la realidad y conversando con sus familias, ¿crees en la inocencia de estas personas?
— Absolutamente. Primero, porque basta revisar cada expediente para saber que están viciados de nulidad absoluta y no hay ni una sola prueba que los incrimine.
Si de verdad dicen que son culpables, que hagan un juicio justo y se evidenciará que no hay manera de demostrar culpabilidad. ¿Por qué no lo permiten? Porque saben que no hay manera de sostener esa farsa y que el poder judicial ha sido usado para perseguir a la disidencia.
—¿Hay alguna crítica o autocrítica al activismo que llevan los defensores de la causa de los presos políticos?
—Lamentablemente, después del 3 de enero hay muchas personas queriendo instrumentalizar a las víctimas, y eso hay que decirlo.
Hemos visto con preocupación cómo voces que no estaban antes ahora sí lo están, pero con un propósito partidista electoral y no por un interés genuino.
Esa es mi crítica: que no permitamos que instrumentalicen a las víctimas ni las abusen, sino que el acompañamiento sea genuino y un clamor nacional por la libertad de todos los presos políticos.
— Cuando eras niña, ¿qué soñabas ser?, ¿cómo imaginas tu vida si estas cosas no hubiesen pasado?
— Yo soñaba ser periodista y lo soy, aunque lamentablemente no he podido ejercer abiertamente la carrera por mi apellido.
Obviamente no hubiese deseado atravesar tanto dolor ni perder a mis padres en las condiciones en que los perdí. Porque mucha gente no lo sabe, pero mi mamá murió producto de una depresión a raíz de toda la persecución que vivimos.
Sin embargo, soy fiel creyente de Dios; Él lo ha permitido con un propósito y en medio de eso he sacado lo mejor de mí. A pesar de todo el dolor, creo que ahora viene otra fase: pelear por las garantías de no repetición, por el reconocimiento a esta atrocidad y por construir memoria histórica para que nunca más se repita.
— Cuando estás en El Rodeo y ves las excarcelaciones y los abrazos de las familias, ¿qué piensas, qué sientes?
— Me siento muy feliz. La gente no sabe que cada familia que se reencuentra, para nosotros como comité y para mí como víctima es el aliciente de saber que fuimos parte de esa lucha para rescatar esa vida.
Hay emociones encontradas porque es absurdo no asumir que yo deseo que sea mi hermano. Sin embargo, cada familia que cambia su destino y deja de vivir ese infierno me alienta y me compromete a seguir luchando por el resto.
—Cuando liberen a todos los presos políticos, ¿qué vas a hacer?
— Voy a seguir luchando para que haya reparación para las víctimas, para que los perpetradores de estos crímenes de lesa humanidad sean judicializados y quiero ser parte de quienes luchen por la memoria histórica, para que esto no se repita nunca más.
— Si alguien de la comisión opositora o chavista en el diálogo leyera esta entrevista, ¿qué querrías que escucharan de ti?
— Querría que escucharan, no solamente de mí sino de todas las víctimas, lo que esto representa en las familias, cómo las acaba y condiciona y cómo uno saca fuerza en medio de tanto dolor para ayudar al tuyo.
Les diría que escuchen a las víctimas directamente, que no me escuchen solo a mí; somos muchas y escuchar a una víctima no es lo mismo que leerla.
— ¿Desde cuándo no ves a tu hermano?
—Desde el sábado pasado. Saqué una denuncia sobre cómo lo he visto estas últimas semanas y mi preocupación es mayor porque lo que menos quiero es que lo cambien de un centro de tortura a otro; quiero que le den la libertad.
El Rodeo tiene que ser cerrado, y él y todos los presos políticos tienen que salir, pero con libertades plenas. Él tiene mucha fortaleza, gloria a Dios, aunque está muy adolorido, inmovilizado y lo veo a través de un vidrio, sin poder darle un abrazo.
Sabe la lucha que libramos, me dice que está muy orgulloso y me manda saludos. A uno eso le renueva todo cuando lo ve. Aunque no me gusta verlo a través de un vidrio ni en las condiciones de horror que enfrenta, el ánimo está muy fuerte, gracias a Dios.
— ¿Y tú también estás fuerte y lista para lo que tengas que enfrentar?
—Sí, muy, muy fuerte. Absolutamente. He trabajado mucho mi ser, mi espíritu y mi intelecto para dar aportes a que haya justicia y que no haya miedo.


