En entrevista con Crónica Uno, Oswaldo Felizzola, coordinador del CIEA-IESA, explica que el pacto con EE. UU. revive una alianza centenaria. Más allá de lo divulgado por ambas partes del pacto, el especialista puntualizó que el plan a 25 años en la Faja del Orinoco exigirá inversión privada e impulsará la economía en Zulia, Monagas, Anzoátegui y Guárico.
Caracas. Sin caja para producir: tras la severa crisis operativa iniciada bajo el gobierno de Hugo Chávez y profundizada por Nicolás Maduro, Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la principal empresa estatal energética del país, recurre al alquiler de campos para atraer la maquinaria y tecnología que ya no puede financiar.
Bajo este escenario, el acuerdo petrolero “más grande del mundo” firmado entre Venezuela y Estados Unidos, el cual tiene como objetivo explotar 65.000 millones de barriles, equivalentes al 21,38 % de las reservas certificadas de la nación, en los próximos 25 años, ya está en marcha y podría convertirse en la última oportunidad de nuestro país para monetizar su potencial en hidrocarburos.
A pesar de las reacciones generadas por el pacto bilateral, los expertos en energía no se muestran sorprendidos. Señalan que la medida replica, de cierto modo, el esquema de las concesiones gomecistas, el modelo de explotación petrolera otorgado a capitales extranjeros durante la dictadura de Juan Vicente Gómez en las primeras décadas del siglo XX, y de la apertura petrolera de los años noventa, ambos procesos claves en el ingreso de capital extranjero a la industria venezolana.
Para Oswaldo Felizzola, ingeniero y coordinador del Centro Internacional de Energía y Ambiente (CIEA) del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), la principal escuela de negocios y centro de investigación del país, el acuerdo presenta pros y contras. Sin embargo, considera que una alianza de esta magnitud con Estados Unidos podría generar beneficios significativos a largo plazo.
En una entrevista concedida a Crónica Uno, el especialista asegura que se necesitan por lo menos 20 años para que nuestro país vuelva a una producción superior a los 3 millones de barriles de crudo, siempre y cuando se concreten la explotación y el desarrollo de los 17 campos acordados en la Faja Petrolífera del Orinoco, la mayor concentración mundial de crudo pesado y extrapesado, ubicada al sur de la región oriental venezolana.

No es la primera vez
Felizzola explica que la industria petrolera venezolana tiene más de 100 años y no es la primera vez que nuestro país ha firmado pactos de gran envergadura con los Estados Unidos de América.
— ¿Cuáles son las principales diferencias entre las concesiones petroleras de Juan Vicente Gómez, la apertura de los años 90 y el pacto de 2026 con EE. UU.?
— Con este modelo estamos viviendo una combinación de ambos periodos históricos. En la apertura petrolera de los años 90, el gran operador era Pdvsa y la empresa estaba buscando socios para la extracción de petroleo, ahora estamos viendo unas concesiones como las de los años 40 a diferencia que en este momento es para reactivar la industria petrolera y no para desarrollarla desde cero.
Como nuestra posición ahorita es mucho más débil que la que teníamos en los años 90, porque en esa época había musculo financiero para que Pdvsa invirtiera a partes iguales con los socios, hoy la empresa no tiene flujo de caja y debe alquilar los pozos petroleros para que otras empresas los desarrollen invirtiendo en maquinaria y tecnología.

— ¿Qué impacto tiene la reforma de la Ley de Hidrocarburos del 2026, para concretar este acuerdo con EE.UU?
— La Ley de Hidrocarburos del 2006, establecía un único modelo. Es decir, Pdvsa como única dueña y operadora de los campos petroleros o la conformación de una empresa mixta, básicamente donde la estatal tenía el 51% de las acciones y el otro 49% eran para los socios y el modelo no era muy business friendly. Era básicamente buscar un socio que aportara capital y Pdvsa luego se encargaba de la comercialización del crudo.
Con la reforma de la Ley del 29 de enero de 2026, se abrió un abanico de modelos de negocios. Entre uno de esos el que se creó con la Ley Antibloqueo que se conoce como CPP (Contrato de Participación Productiva) y que ahora se conoce como CDPA (Contrato de Desarrollo de Actividades Primarias en Hidrocarburos). Con esta figura ahora Pdvsa puede firmar acuerdos de servicios para la explotación de crudo y eso fue lo que se hizo con Estados Unidos.
Pdvsa ahora alquila el campo petrolero, manteniendo la propiedad del mismo y las empresas vienen a desarrollarlos y explotarlos. Esto hecha por tierra algunas versiones que señalan que EE. UU. se adueñó de los campos petroleros venezolanos, porque la República sigue siendo la dueña del petróleo, Pdvsa es la empresa que la representa y eso no se ha roto en la cadena de valor.

El capital es fundamental
El especialista puntualizó que la industria petrolera es muy intensiva con respecto al capital. Esto se traduce en que se debe invertir mucho dinero antes de poder explotar y desarrollar yacimientos de crudo.
— ¿Cuál será el papel de la empresa Nabep, cuyo director es Alejandro Betancourt, en el desarrollo de la industria petrolera nacional?
— Nabep será la empresa encargada de desarrollar y explotar 17 campos petroleros en Venezuela. Eso fue lo que vimos en la firma del acuerdo donde estuvo presente la presidenta encargada, Delcy Rodríguez y el secretario de energía de EE. UU., Chris Wright.
De los 17 campos 8 son vírgenes, donde se tiene que desarrollar absolutamente todo y los otros 9 que son campos que ya producían algo de crudo, hay que hacerle mantenimientos importantes e instalar equipos que son muy específicos y sumamente costosos. Esos equipos duran entre 2 y 3 años en fabricarse.
Una de las cosas que está haciendo esta empresa Nabep y el fondo de inversiones que destinó la secretaría de energía de EE. UU. para Venezuela, es utilizar recursos para ponernos en la cola para que nos entreguen esos equipos y comenzar a incrementar la producción. Pero es importante aclarar que todo esto será a mediano y largo plazo.

— ¿De cuánto tiempo estamos hablando?
— La industria petrolera se mueve con tiempos normales, no como los tiempos de Venezuela que muchos creen que largo plazo es diciembre. Nosotros estaremos viendo los primeros barriles de este acuerdo a finales del 2027 o en el 2028, dependiendo del esfuerzo que haga esta empresa Nabep, porque los incrementos de producción no son fáciles.
Las mismas autoridades tanto de Estados Unidos como de Venezuela hablan de que llegaremos a unos 2 millones de barriles para final de la década. Ahora bien es importante precisar que el 35% de las acciones de la empresa Nabep, son propiedad del Departamento de Guerra de los EE. UU. y esto sirve como garante de que las metas de producción se van a cumplir.
Para finales este año es muy probable que lleguemos a 1.300.000 barriles. Pero no podemos pasar de ese número porque sencillamente no hay electricidad para producir más.
Por eso se firmó el acuerdo con General Electric Vernova: elevar la producción de otro modo sería imposible. Además, es indispensable reformar la ley de electricidad, ya que expropia a quien supere los 10 megavatios, mientras un pozo petrolero requiere hasta 50. Ninguna empresa invertirá con ese riesgo.

Empresas pequeñas y medianas son el foco
Aunque la petrolera estadounidense Chevron informó que invertirá unos 7000 millones de dólares en los próximos años para desarrollar su producción en Venezuela, Felizzola recalcó que esté acuerdo beneficiará a pequeñas y medianas empresas norteamericanas.
— ¿Además de Chevron, podríamos ver otras empresas de gran envergadura en Venezuela con la firma de este pacto?
— Nosotros estamos acostumbrados a pensar que la industria petrolera norteamericana es de las Big Mayor, dígase Chevron, Exxon Mobil y Conoco Phillips. Pero ellas no son el corazón de esa industria, porque son las pequeñas y medianas empresas familiares que producen unos 40 a 50 mil barriles diarios las que mueven esa industria.
Los costos de producción de petroleo en Venezuela están entre los 15 y 20 dólares y en EE. UU. con la técnica del fracking ascienden a unos 40 a 50 dólares. El incentivo sin duda alguna es venirse a producir petroleo en Venezuela y más cuando el propio presidente Donald Trump, proyecta el costo de barril de petroleo a futuro en unos 60 dólares.

— ¿Cómo se traduce este acuerdo en beneficios para la gente?
— La recuperación económica en Venezuela va a ocurrir en primer lugar en las zonas donde se desarrollará la actividad petrolera. Esto es una recuperación sana, de la buena, es decir, dólar que se produce dólar que va a generar más dólares. No como lo que vimos en los últimos años que era un incremento sostenido del gasto público.
Estos 17 contratos para el desarrollo de pozos están entre la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, sur del estado Monagas y sur del estado Anzoátegui y algunos campos en el estado Guárico. La recuperación será primero en estas zonas y, posteriormente, se irá trasladando a las capitales principales como Caracas, Valencia, Barquisimeto, Maracay y los Andes entre otras.

— ¿Un nuevo gobierno en Venezuela podría cambiar las bases de este acuerdo?
— Siempre existe la posibilidad que haya un cambio de condiciones y eso pasó en el año 2006 cuando el presidente Chávez electo por voto popular cambió las condiciones de los socios petroleros de Venezuela y los transformó en empresas mixtas.
Venezuela sin duda es un socio de alto riesgo. No podemos olvidar que, además, estamos en default y para generar confianza, hemos visto que la agencia de energía norteamericana ha venido directamente a firmar los contratos y la secretaría de guerra (en alusión al Departamento de Defensa de EE. UU.) ha aportado recursos.
Lo que si no podemos olvidar es que Venezuela necesita aumentar su producción petrolera y el mismo pueblo estará muy pendiente de estos acuerdos a medida que vaya mejorando su calidad de vida y su capacidad económica. Existe la posibilidad de ajustar el acuerdo, pero la idea es hacerlo bajo la modalidad de ganar ganar.

