Los terremotos de La Guaira cobraron la vida al menos ocho tachirenses, cuatro de ellos oriundos de la frontera. Entre las víctimas figura Luis Ángel Gaitán Silva, un repatriado de EE. UU. cuyo cuerpo fue rescatado del colapsado Hotel El Santuario. Su familia enfrentó una dura travesía para recuperar su cuerpo y sepultarlo en Ureña.
San Cristóbal. A las 10:22 a. m. del 24 de junio pasado, un avión de deportación aterrizó en Venezuela; pocas horas después, la tierra se sacudió. Ese día, la vida cambió para miles de venezolanos y, de manera trágica, para la familia Gaitán Silva, al perder a uno de sus miembros en medio del doble terremoto que causó estragos y colapsos estructurales en diversas zonas de Caracas y el estado La Guaira.
Luis Ángel Gaitán Silva, un joven de 23 años oriundo del municipio Pedro María del estado Táchira, en la frontera colombo-venezolana, fue una de las víctimas mortales.
Formaba parte del grupo de 146 personas, 120 hombres, 17 mujeres y 7 menores de edad, repatriadas desde Estados Unidos (EE. UU.), en el vuelo identificado por organizaciones de monitoreo como ICE Flight Monitor, de la iniciativa Human Rights First, y reportado internacionalmente como el Vuelo 164.
Estos ciudadanos fueron trasladados hasta el Hotel El Santuario, cuya estructura colapsó por el movimiento telúrico, provocando decenas de fallecidos en este lugar incluyendo a “Luigi”, como le decían familiares y amigos por cariño.
Su hermana mayor, quien prestó su testimonio desde el anonimato y quien prefirió resguardar su identidad, reside en California, EE. UU. Relató a Crónica Uno que la crisis económica obligó a su hermano a llegar a Norteamérica en búsqueda de mejores oportunidades de vida.
Sobrevivir al Darién
Luis llegó a EE. UU. el 12 de julio de 2023. Cruzó por la selva de Darién, superando los obstáculos de este lugar que fue epicentro de secuestros, violaciones y otros hechos. Aún así él no perdió la esperanza de salir adelante por el bien de su hijo.
Primero se instaló en Chicago, pero luego viajó a California, donde residía su hermana. Al notar el alto costo de vida, decidió retornar a Chicago. Allí trabajó en una empresa de embutidos y después hizo traslados de comidas rápidas en Uber.
El 6 de junio pasado, fue detenido por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE por sus siglas en inglés) cuando regresaba de una lavandería con unos amigos.
Como era la persona que conducía fue la última en descender. “Si corres te disparamos”, le dijo uno de los funcionarios al ser capturado en un operativo del ICE.
Tras cumplir el proceso de deportación lo trasladaron a Venezuela, llegando el 24 de junio. Al llegar a tierra venezolana, se comunicó con su hermana mayor cerca de la 1:00 p. m., también lo hizo con su otra hermana que reside en Ureña, a quienes les informó que ya estaba en La Guaira y que llegaría a la frontera al siguiente día en horas del mediodía.
La última llamada
El joven realizó la llamada desde el celular de un funcionario del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), quien le permitió hablar por un minuto.
“Él llamó a mi mamá, pero no sé pudo comunicar porque estaba en Cúcuta y no tenía señal, por eso me llamó a mí. Me dijo que al otro día ya estaría en Ureña y a los minutos falleció en los terremotos”, dijo la hermana.

Horas más tarde cuando ocurrió la tragedia, la familia no se preocupó porque no conocían el nivel de devastación, pero al ver los vídeos en redes sociales y noticias se prendieron las alarmas. “Pasaron las horas y Luigi no llamaba, eso nos preocupó”, dijo.
Según el balance oficial más reciente, difundido por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, el pasado viernes, 24 de julio, el número de fallecidos por los sismos asciende a 5.46 personas.
Del mismo modo, indica que 17.907 ciudadanos quedaron sin viviendas, 22.811 personas se encuentran distribuidas en 107 campamentos, 856 edificios están afectados, 109 estructuras colapsaron y se han registrado 1500 réplicas.
El sitio web Desaparecidos Terremoto Venezuela forma parte de las plataformas civiles e independientes que han permitido hallar a personas desaparecidas, que si bien no hay un reporte oficial por parte del gobierno nacional, el sitio web sostiene que 29.894 personas siguen sin ser localizadas, esta cifra permanece estable desde hace una semana.

Sin esperanzas
Al no saber noticias al siguiente día, la hermana que vive en Ureña se trasladó hasta el punto de control de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) de Ureña, para preguntar sobre el paradero de su familiar, pero en este organismo le señalaron que debía consultar en el Sebin, en San Antonio, municipio Bolívar.
Una vez en la sede del Sebin, uno de los funcionarios le dijo que las personas del vuelo 164 habían sido alojados en el Hotel El Santuario, el cual colapsó.
Le pidió sus datos para llamarla si llegaba a tener alguna información, a pesar de esto, no hubo comunicación. Ante la falta de respuestas de los cuerpos de seguridad:
“Dijeron que no había esperanzas de nada”,
contó.
Un familiar que vive en Caracas tomó la decisión de trasladarse hacia La Guaira en su búsqueda. Al recorrer varias zonas que habilitaron como morgueslo encontró. A “Luigi” lo identificaron por un tatuaje de ojos en el brazo derecho, que se hizo cuando estaba en EE. UU.
Evitar la fosa común
El joven llegó al país vestido con una franela gris y sudadera gris y estas prendas son las que portaba al momento que se produjo el derrumbe del hotel.
Para evitar que el cadáver fuera sepultado en una fosa común, la familia recolectó dinero y logró trasladar el cadáver hasta la frontera para darle el último adiós.
“Hay personas que no encontraron a sus familiares. Ya pasó un mes y no superamos este dolor y tragedia”, expresó su hermana.
La historia de Luis Ángel es el retrato vivo de una tragedia de doble impacto: la de la migración forzada y la del desastre natural. Tras sobrevivir al Darién y a la detención en suelo estadounidense, el joven de 23 años regresó a su país solo para encontrar el final de su camino bajo los escombros de La Guaira.
Su familia, que logró rescatar su cuerpo para evitar la fosa común, lleva hoy un duelo marcado por la pérdida, mientras miles de hogares venezolanos aún buscan respuestas entre el silencio oficial y el rastro de sus desaparecidos.
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