Importaciones masivas sin aranceles y apagones de hasta nueve horas asfixian al campo venezolano. A este panorama económico se suma la amenaza del fenómeno El “Súper Niño”, que reduce las lluvias y pone en riesgo hasta 60 % del rendimiento de las cosechas.
Caracas. Con pérdidas de rendimiento estimadas de entre 20% y 60% en cultivos bandera como el maíz, el fenómeno El Niño, un evento climático caracterizado por el calentamiento de las aguas del océano Pacífico que altera el patrón global de lluvias, amenaza con golpear con fuerza las zonas agrícolas de Venezuela.
Ante la reducción de las precipitaciones y la falta de sistemas de riego artificial en las siembras de secano, como se conoce al sistema de cultivo que depende exclusivamente del agua de lluvia, los ingenieros agrónomos apuestan al uso de tecnologías como el hidrogel para salvar las cosechas en estados de alto riesgo como Guárico.
Todo esto en medio de un escenario donde la producción nacional también enfrenta severas presiones económicas e importaciones masivas.
Al respecto, la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro) advierte sobre la grave distorsión comercial que sufre el sector nacional debido al ingreso masivo de productos importados y subsidiados que cuentan con exoneraciones arancelarias, un beneficio otorgado por el Gobierno que los libera del pago de impuestos de aduana, otorgadas por el Estado.
Por su parte, la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines (SVIAA) sostiene que este escenario climático afecta especialmente a aquellos rubros que dependen de mayores volúmenes de agua para su desarrollo y cosecha.

Competencia desleal en puerta
El presidente del gremio agropecuario, Osman Quero Pérez, denounced que durante el presente año han ingresado al país más de 2.2 millones de toneladas de maíz (blanco y amarillo) y arroz, además de importantes volúmenes de azúcar refinada.
A su juicio, la situación empeora por las exoneraciones de tributos y aranceles a la mercancía importada. Esta entra al mercado con precios reducidos, lo que genera una competencia desleal y provoca el desplome de los precios de las cosechas locales.
“No podemos seguir dependiendo de la despensa de un vecino. Eso es el mayor fracaso. En Venezuela tenemos la tierra, una clase agrícola comprometida y gente apostando al campo, pero las importaciones desmedidas nos colocan en una desventaja dramática”,
expuso.
Asimismo, valoró las conversaciones en el Ministerio de Agricultura para reestructurar la fijación de precios sin recurrir a controles arcaicos. Aunque subrayó que referenciar las tarifas locales con la Bolsa de Chicago, el principal mercado bursátil a escala mundial donde se negocian los precios internacionales de los productos agrícolas, ignora la realidad venezolana.
Hasta esta publicación, el Ministerio de Agricultura Productiva y Tierras no ha emitido un pronunciamiento oficial en respuesta a las solicitudes del sector privado respecto a la revisión del esquema de aranceles.
“Los productores extranjeros cuentan con financiamiento a tasas de 4 % o 5 % anual, subsidios en combustible y fertilizantes, e infraestructura adecuada. Mientras tanto, el agricultor venezolano enfrenta una inflación de tres dígitos, ausencia de crédito bancario y costos de dinero mucho más elevados”, aseguró.

Asfixia por falta crediticia
El dirigente y productor del estado Portuguesa enfatizó en que la falta de apalancamiento financiero para invertir en la siembra, destruye la capacidad operativa en las regiones.
Recordó que mientras la cartera crediticia total reportada en Venezuela para todos los sectores fue de apenas 2.600 millones de dólares, países vecinos como Colombia destinan más de 14.000 millones de dólares únicamente al sector agropecuario.
Indicó además que, ante la falta de financiamiento bancario, los agricultores se ven obligados a recurrir a prestamistas privados para adquirir insumos de siembra. Al respecto, especificó los casos del arroz, maíz, caña de azúcar, café, lo que encarece de forma crítica su estructura de costos.

El presidente de Fedeagro agregó que el sistema agroalimentario funciona como un engranaje interconectado desde el campo hasta el anaquel. No obstante, alertó que este se encuentra “enfermo” en sus distintos eslabones.
“El productor es el eslabón más vulnerable al asumir un ciclo de más de 150 días desde la preparación del suelo hasta la cosecha. Teniendo que absorber variaciones macroeconómicas que no controla”, destacó.
Pese a este panorama, resaltó el esfuerzo productivo del país al señalar que actualmente se cuenta con un inventario de 200.000 hectáreas de maíz blanc. Ese total es suficiente para abastecer 10 meses de consumo de harina precocida. Además, previamente, alcanzó entre 70 % y 75 % de abastecimiento nacional en arroz.

Apagones y altos costos
Por otra parte, Osman Quero denunció que los cortes eléctricos no programados, de entre 6 y 9 horas diarias, perjudican gravemente la operatividad de los pozos de riego y las plantas acondicionadoras de grano.
“Interrumpir intempestivamente el procesamiento en silos durante la zafra genera pérdidas mecánicas, retrasos en la recepción de materia prima y costos operativos extraordinarios por el uso continuo de plantas eléctricas a diésel”, dijo.
A esto se suma el elevado precio del combustible (entre $0,80 y $0,92 por litro según la zona), lo que exige inversiones de hasta $15.000 solo en diésel para sembrar 100 hectáreas, un flujo de caja inalcanzable para la mayoría de los productores.
El presidente de Fedeagro también ratificó la urgencia de garantizar la seguridad jurídica sobre las unidades de producción.
“Continúan registrándose invasiones en tierras agrícolas debido a la falta de aplicación inmediata de la acción penal. Aunque existen órdenes de desalojo dictadas por tribunales regionales, las ejecuciones se paralizan a la espera de decisiones centralizadas, vulnerando el patrimonio de las familias productoras”,
denunció.

Alarma por la sequía
Saúl Elías López, presidente de la SVIAA, aseveró que debido a la ubicación geográfica de Venezuela, este fenómeno climático reduce directamente los promedios mensuales de lluvia. Esto impacta de forma directa a cultivos como el maíz, el arroz, el frijol, el ajonjolí y el girasol.
“Cuando llueve menos se produce un mayor estrés hídrico en la agricultura de secano, es decir, la que depende exclusivamente de las lluvias. Aquí incluimos nuestro rubro bandera, el maíz blanco y amarillo, ya que no se siembra bajo sistemas de riego”, detalló López.
Sin embargo, el vocero recalcó que existen alternativas tecnológicas para mitigar el riesgo en las siembras.
“Venimos alertando a los productores sobre esta situación. Afortunadamente existen insumos como el hidrogel, un retenedor de agua que, durante los llamados ‘veranitos’ —lapsos secos de 15 a 21 días—, logra liberar hasta 200 litros retenidos por planta, reduciendo el estrés hídrico de los cultivos”, dijo.

Al ser consultado sobre las zonas más vulnerables, precisó que sectores del estado Guárico y la franja agrícola del oriente venezolano presentan un alto riesgo de afectación por la caída drástica de las precipitaciones.
“Nuestras lluvias son muy erráticas por la posición geográfica que tenemos. Por eso, la recomendación principal para los productores es mantener un monitoreo permanente del clima y apoyarse en la tecnología para reducir los riesgos durante la siembra y la cosecha”, alegó.

