Chúo Torrealba: Los que hoy son Gobierno tienen que ver cómo van a ser oposición mañana

El secretario ejecutivo de la MUD indicó que si el Gobierno tranca la vía electoral, la Unidad deberá iniciar una lucha pacífica que será “compleja, dura y costosa”.

Caracas. A dos años de su nombramiento como secretario ejecutivo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús “Chúo” Torrealba, dice que no le ha pasado por la mente renunciar —como ocurrió con su antecesor, Ramón Guillermo Aveledo—. Sin embargo, sí admite que su trabajo no ha sido “sencillo” y que añora volver a su espacio natural como activista social, una vez que termine el trance sobre el referendo contra Nicolás Maduro. “A partir de ese momento creo que será necesario que la Unidad democrática ajuste sus estructuras y mecanismos”, expresó.

Hoy dentro de la Unidad se preparan para cualquier escenario, aunque haya algunos que prefieran no discutir en público. Una de las posibilidades —denunciada por la oposición— es la de la sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que podría “matar” al revocatorio. Torrealba señala que esto abriría una nueva etapa de protesta pacífica —resalta esta palabra— con el objetivo de recuperar el derecho al voto de los ciudadanos. “Aquí viene un diseño de lucha que va a ser complejo, duro y costoso”, indicó.

Asegura que la inclusión del Vaticano como mediador en un posible diálogo es un triunfo de la alianza opositora y agrega que este proceso se ha complicado por las diferencias internas sobre las negociaciones que existen dentro del chavismo: “Los que hoy son Gobierno tienen que ver cómo van a ser oposición mañana”.

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Le escuché decir, en un foro, que estar en la secretaría de la MUD era como estar en una silla eléctrica. ¿Es tan malo así?

—Es una expresión. Ha sido una responsabilidad muy grande, recuerda que yo no pertenezco a ninguna organización política, yo no tengo carrera política que defender, ni proyecto político que auspiciar. No estoy llamado para atender un proceso político ordinario, sino para conjurar dos crisis: una crisis que había en la oposición y una crisis existente en el país. En el momento en que soy llamado a la Mesa habían transcurrido nueve semanas desde la renuncia de mi antecesor, el muy ilustre amigo Ramón Guillermo Aveledo. En esas nueve semanas no se habían podido poner de acuerdo. En las semanas que yo soy designado, el 24 de septiembre, se inicia el proceso de caída de los precios internacionales de los precios del petróleo. Eso fue lo que nos tocó. El balance de eso está a la vista. Si hacemos un corte hoy, 14 de octubre, podemos decir que vivimos todo el proceso de 2015.

Obtuvimos una victoria política el 6 de diciembre de 2015, que parte en dos la lucha opositora; es un antes y un después, porque a partir del 6D ya no somos una oposición a un proyecto político autoritario, sino que somos, no solo por el discurso sino porque tenemos datos para soportarlo, la mayoría nacional. Luego viene el proceso accidentado a lo largo de 2016, en el que esa mayoría no ha hecho sino ampliarse. El 6D ganamos con 56 % de los votos y como todas las encuestas revelan, el Gobierno tiene 80 % del país en contra. Esa es la situación, eso no es mérito personal ni mucho menos, eso es hechura del pueblo, en su reacción frente a la crisis económica y social, eso es hechura de la dirigencia política que ha terminado por aprehender, con «h», el hecho de que la Unidad no es solo una estrategia electoral sino que es una necesidad fundamental, histórica en este momento.

Ciertamente, no es sencillo, no es sencillo desde el punto de vista de lo que son las exigencias personales. De verdad no tengo ninguna aspiración que no sea retornar a mis espacios como activista social y comunicador popular. Aquí no va haber buenos gobiernos hasta que no haya ciudadanos poderosos que así lo exijan. Yo salí a atender un llamado en un momento de crisis, estamos en plena crisis y ojalá que este tema en concreto del revocatorio se resuelva exitosamente y en paz. A partir de ese momento creo que será necesario que la Unidad democrática ajuste sus estructuras y mecanismos. Incluyendo los mecanismos de toma de decisión. Es necesario el diseño, elaboración y publicación de un acuerdo de gobernabilidad para salir de esta crisis y liderar el proceso de transición a la democracia y luego liderar el proceso de reconstrucción del país y para garantizar que ese sea un proceso inclusivo y solidario.

Eso va a necesitar mucho más que tener una suerte de bisagra, llamada secretaría ejecutiva, va a ser importante redefinir los mecanismos de gestión, dirección, los criterios en la toma de decisión. En ese momento, con una sonrisa de oreja a oreja, yo retornaré a lo que son mis espacios naturales de ejercicio y de realización.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
«Aquí viene un diseño de lucha que va a ser complejo, duro y costoso», señaló Torrealba.
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¿Le ha cruzado por la mente renunciar?

—No, el tema no es de renuncia. Si renuncio ¿me voy para dónde? ¿Renuncio al país? ¿Renuncio a la lucha? No soy de los que quiere salvar su responsabilidad. Yo quiero ejercerla, y mi responsabilidad como ciudadano movilizado en este momento es hacer lo mejor posible esto que estoy haciendo para garantizar llegar a la única solución real que tiene un conflicto como el venezolano. La única solución real tiene dos expresiones: una: que se pacífica, si no es pacífica no es solución sino parte del problema, dos: que sea construida con la opinión del pueblo, los votos del pueblo y que no sea un acuerdo de cúpulas.

No porque yo tenga una distancia epistemológica con los acuerdos de cúpulas sino porque necesitamos salir de acá hacia un estadio de mucha estabilidad política para poder recuperar la gobernabilidad económica y también poder recuperar la convivencia social. Cualquier solución a esta crisis que no tenga un sólido apoyo social, un sólido apoyo popular, no va a tener esa estabilidad política necesaria. Cuando eso se logre —y yo creo que pudiéramos estar a las puertas de eso— habrá cesado la necesidad de que una persona como yo, que ni es militante político, ni está interesado en serlo, ni es funcionario público, ni quiere serlo, esté en esta posición.

El 6D creció mucho el voto de la oposición en los sectores populares ¿Atribuye eso a su gestión? 

—No, creo que es algo más complejo y profundo. Incluso, quienes pensaban que se trataba simplemente de lograr una conexión simbólica entre la dirección política opositora y los sectores populares creo que se quedaban cortos. Yo lo planteé también, de manera muy respetuosa, pero lo planteé en aquellos días. Es necesario construir una nueva alianza social, un nuevo pacto social. Es necesaria una alianza de los pobres de siempre y los empobrecidos de ahora para cambiar la correlación de fuerzas y abrir el camino del futuro.

Eso se dio no porque yo lo decretara, sino porque el proceso social, el proceso económico nos ha llevado a eso. Aquí ha habido una nueva conjunción de los sectores populares y de la clase media, de los sectores humildes y la clase media empobrecida. Ya no se trata de un concepto ambicioso, de una especulación sociológica. Eso se dio en las colas, en los mercados, eso se dio en la dura lucha del pueblo venezolano por la sobrevivencia, allí donde todo el mundo ha sido víctima de la especulación, de la escasez, del mercado negro que es hijo de la economía roja, del bachaqueo. Allí se ha producido esa nueva amalgama de realidades sociales. El descontento está presente en el este y en el oeste, en la faja norte costera urbana y en el sur profundo rural y semirural. En el occidente y en el oriente. El descontento es transversal y eso es lo que se está expresando.

Yo creo que he podido dar un humilde aporte, sobre todo en lo que tiene que ver con el tema de los códigos comunicacionales y la articulación del discurso político. Si he hecho algún aporte ahí es porque cuando yo soy vocero en Carapita nadie tiene que traducir cual es la opinión de la Unidad democrática, porque está dicho en los códigos populares. Esa es quizá la única contribución, pero el tema es más de fondo, es mucho más complejo. El venezolano es mucho más homogéneo de lo que suponían las quincallas ideológicas que se retroalimentaban con la polarización.

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La participación en simulacro del 20 % fue discreta ¿Cómo lo evalúan ustedes?

—Yo lo evalúo con unos ojos no caraqueños. Cuando lo evalúas así sientes que tuviste una excelente participación en el estado Nueva Esparta, a pesar de que hubo que desafiar la violencia oficialista. Tuviste una excelente movilización en Amazonas, tuvimos una excelente movilización en estados que supuestamente eran hegemónicamente dominados por el oficialismo, como Portuguesa y Trujillo. En lugares como Carabobo, en lugares como Barinas, en lugares como Zulia. En el caso de Lara se hizo aún más.

Además de las 92 asambleas, se hizo una suerte de mitin político en la plaza Macario Yépez. En Caracas ocurrió otra cosa, por una decisión que yo respeto mucho, el comando del RR y la Mesa de Caracas decidieron concentrar la actividad en un centro por parroquia. Eso hizo que mucha gente llegara a su centro y no encontrara nada y que hubiera, ciertamente, desconcierto. Así que soy absolutamente claro en eso. La jornada fue un éxito ¿En dónde? En todo el país. ¿En Caracas? Dejó mucho que desear.

Hay dirigentes comunitarios que reclaman la presencia de los diputados y líderes de la MUD en los sectores populares y además de que las protestas no se hagan solo en el este de Caracas. ¿No hace falta reforzar la presencia de la Unidad en esos espacios?

—Yo creo que sí y que la marcha del 1° de septiembre fue una demostración contundente en ese sentido. Mucha gente no creía que el punto de concentración que habíamos colocado en el suroeste de Caracas, en la avenida O’Higgins —en la frontera entre La Vega y la Morán—, no iba a tener mucho resultado en esa convocatoria. Resulta que fue masiva y se hizo, para decirlo en términos maoístas, una larga marcha, la más larga de todas. Fue desde la plaza O’Higgins hasta la avenida Río de Janeiro, atravesando toda Caracas, todo el oeste caraqueño, todo el suroeste caraqueño y fue una movilización impresionante.

Los grupos que tradicionalmente coloca el oficialismo para hostigar nuestras manifestaciones tuvieron que limitarse a ver nuestro tránsito por lo grande que era la marcha. Eso fue lo que pasó. Cambian más rápido las realidades que las percepciones. Nosotros somos mayoría en Libertador, nosotros ganamos 20 de las 22 parroquias del municipio Libertador. No basta con ser mayoría, hay que ejercerse como tal.

¿Cuál es el peor enemigo de la MUD en este momento?

—Nosotros tenemos tres adversarios muy importantes. Uno: obviamente, el Gobierno y más que este, la fragmentación, la balcanización, la dispersión del Gobierno porque tienes en frente a un adversario y no tienes con quién hablar. Empiezas una dinámica de acercamiento, diálogo, negociación con el Gobierno de Maduro y resulta que dejan por fuera a Diosdado [Cabello] y Diosdado les sabotea el proceso. Ellos ni terminan de incorporar a Diosdado ni lo terminan de excluir sino que lo tienen allí.

Dos: La fragilidad espiritual de importantes sectores de la población frente a una crisis como la que tenemos que enfrentar y resolver, hay sectores en la población que viven en una suerte de montaña rusa afectiva. Cuando las cosas salen bien están eufóricos, cuando salen mal se deprimen. En eso vamos, de la depresión a la euforia y ambos estados, tanto el eufórico como el deprimido, no son el estado que tienes que tener de sobriedad y de firmeza para enfrentar una cosa como la que viene. Un tercer adversario, y es el más importante de todos, es cómo la crisis nos va tragando a todos. Nadie puede pensar que pasa por esto y pasa indemne. Lo que está ocurriendo en el país es muy duro.

Cuando ves el tema de la mujer en Maracay que le paga a unos sicarios para que asesinen a sus padres y casi termina asesinando a su propia hija; cuando ves el episodio del supuesto canibalismo penitenciario en Táchira, tú dices ‘ya va, ¿en qué nos estamos convirtiendo como sociedad, como conglomerado humano? ¿Cuándo estas cosas empezaron a ser parte normal del paisaje como para que ocurran y no haya una sensación nacional de repulsa frente a esto?’ Eso me parece que es gravísimo y me parece que es un adversario muy importante, no para la MUD, sino para todo aquel que quiera hacer de Venezuela un país viable.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
«No tengo ninguna aspiración que no sea retornar a mis espacios como activista social», dijo Torrealba.
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Tomando en cuenta esa fragilidad espiritual de la que habla ¿confían en que la gente va salir a una movilización si el TSJ sentencia contra el revocatorio?

—¿Y quién te dice que el tema es una movilización? ¿Una, dos, diez movilizaciones? A lo mejor el tema no es ese. A lo mejor el tema es el diseño de un modelo de lucha que asuma que el Gobierno está cerrando las vías electorales o posponiendo las vías electorales, que hay que recuperar el derecho al voto. Para recuperar el derecho al voto y a la lucha electoral tienes que desarrollar una forma de lucha previa que es la lucha social. Tienes que hacer un diseño de lucha que sea sostenible en el tiempo para el país y para la cúpula corrupta inaguantable. Eso implica reciedumbre ética, fortaleza moral.

Yo no estoy hablando de clandestinidad, ni de conspiración, ni de nada de eso. Nosotros estamos en una situación que yo he definido como de ‘obediencia constitucional’, quien está al margen de la Constitución es el Gobierno. Yo sé que al venezolano —no solamente por el proceso político reciente sino por más de 60, 70 años de cultura petrolera—, le encanta apostarle a la barajita de la solución mágica, de ese gesto heroico que va a cambiar en un día toda la situación, el venezolano opositor incluso. El tema no es una convocatoria. Los tipos van decir tal cosa y yo respondo con la mamá de las marchas.

No, aquí viene un diseño de lucha que va a ser complejo, duro y costoso y que hay que asumirlo con fortaleza espiritual y con disciplina social y con claridad política, allá vamos. Estamos obligados a hacerlo bien y hacerlo bien se expresa en un resultado pacífico. Algún autor decía, cuando le preguntaban por los finales felices: ‘Si no es feliz no es el final’. Algo así digo yo en relación al tema de la solución política.

¿Los dirigentes de la oposición están preparados para ese tipo de lucha que vendría?

—Yo creo que sí. Yo he encontrado reservas morales y capacidades políticas muy importantes en toda la dirigencia partidista de la oposición, desde los muy jóvenes, hasta los muy expertos, me he encontrado con gente conocedora de su oficio. La unidad no es una barajita electoral, no es un trapo para guindarlo como bandera cuando conviene y usarlo como coleto en otra, sino que es una necesidad estratégica del pueblo venezolano. Entender que la Unidad es clave, no solo para llegar al poder, sino también para ejercerlo. La Unidad tiene que ser transversal en la gestión de los Gobiernos futuros. Entender que nuestra victoria no consiste en aplastar al adversario, por el contrario, una victoria que consista en eso sería una victoria cultural del proyecto totalitario, sería la demostración fáctica de que el sistema del odio puede seguir gobernando aunque cambien los actores.

La victoria política y la victoria cultural de los demócratas pasa por ejercer el poder sin aplastar al adversario, sino incorporándolo a una dinámica democrática, en la medida en que quiera serlo, en que esté dispuesto a reconvertirse, reorganizarse y reinventarse. Hay cosas que a mí me asombran, te lo digo porque he estado en ambos lados del escritorio, he sido sociedad civil y muy crítico frente a los actos de la dirigencia política y ahora ocupo esta responsabilidad. A mí me asombra cómo hay gente que es muy crítica con la oposición y después dice: ‘La oposición hoy tiene su gran momento, si lo deja perder’… ¿Tienes el gran momento cómo? ¿Cómo lograste ese gran momento? Lo lograste con criterio, con rigor, con precisión, con una dirección política que ha demostrado capacidad y que yo no tengo la menor duda que va estar a la altura de los retos que viene.

Si no hay sentencia, ¿qué va a pasar el 28 de octubre?

—Ahí hay un escenario claro. El 26, 27 y 28 de octubre va estar en la calle el país. Cuando uno era muchachito uno decía: ‘tramposería sale’. Esta cosa que inventaron las cuatro señoras pesuvistas en el CNE [Consejo Nacional Electoral], que creyeron que era una viveza, terminó generando un gran problema para el Gobierno. Ese embudo de concreto que apenas permitía la participación de unos 3,9 millones o un poquito más, 4,5 millones, lo que está generando es que va haber millones de personas poniendo su huella. Millones de personas haciendo cola y millones asistiendo a las personas en la calle haciendo cola, eso es lo que va a pasar.

El único requisito que nos pide la Constitución es el 20 % nacional y vamos a tener en la calle a tanta o más gente que la que votó por Maduro en el año 2013. Con esa fuerza legal y con esa fuerza política estaremos exigiendo nosotros entonces que el RR en Venezuela se produzca, no cuando las señoras pesuvistas quieran, sino cuando la necesidad del país lo determina, que es en el marco del 2016.

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Foto: Crónica Uno / Miguel González
Foto: Crónica Uno / Miguel González

¿Descarta ir al referendo en 2017?

—No lo descartamos, simplemente decimos que esa pregunta en este momento no la consideramos pertinente. Ahorita estamos trabajando con todo lo que tenemos para que sea en 2016. Cualquier otro puente será cruzado cuando lleguemos a ese río.

Según Héctor Rodríguez si se dispara el precio del petróleo en tres meses, se resuelve la crisis económica.

—Claro, y si mi abuela tuviera ruedas fuera bicicleta y si yo tuviera pelo largo yo sería de los Rolling Stones. No voy a discutir con Héctor Rodríguez sobre la base de presunciones sino sobre la base de hechos. El hecho es que el presupuesto espurio que presentó Nicolás Maduro en el Panteón es de más de ocho billones de bolívares, cuando el de 2016 fue de 1,6 billones. El mismo Gobierno estima que la inflación para el año que viene va ser absolutamente criminal mientras tiene el precio de la divisa controlada, es decir, divisa controlada pero inflación descontrolada.

Ese es el país que Héctor Rodríguez nos está diciendo que, producto de un azar de los dados, va a ser vivible. Yo no quiero que la condición de ‘vivible’ del país dependa de ningún azar, quiero una democracia libre, abierta, productiva, capaz de financiar a una sociedad que realmente sea inclusiva y solidaria en el marco de una democracia funcional y transparente.

Hay quien cuestiona, más que el fondo, la forma como se dieron los encuentros con el Gobierno, que si lo debieron anunciar al país o tener un tercero de buena fe presente en las reuniones, ¿Cómo ve estas críticas?

—Muchas de ellas pueden ser válidas y en función de ellas se ha actuado. La Unidad democrática logró que el Gobierno aceptara la mediación del Vaticano. Creo que en relación al tema del diálogo hay un antes y un después a partir de la aceptación del Vaticano. Con la presencia de un mediador que ya no es una individualidad, una personalidad, un expresidente, sino un Estado y un Estado como el Vaticano con una indudable autoridad moral en occidente, ya el diálogo no podrá ser asumido como una operación de relaciones públicas. Ojalá que se pueda convertir en un instrumento para garantizar el respeto al derecho al voto del pueblo venezolano y que nos permita a todos lograr ese mapa del futuro en el que todos podemos vernos.

Los que hoy son Gobierno tienen que ver cómo van a ser oposición mañana. Ellos tienen que ver claramente que van a ser oposición no como la están ejerciendo hoy Carlos Melo o Yon Goicoechea, o Manuel Rosales o Leopoldo López, o Antonio Ledezma. Quienes son hoy oposición, mañana van a ser Gobierno y deben estar bastante claros en que no lo van a poder ejercer de la manera atrabiliaria como lo ejerce Nicolás Maduro. Ese mapa del futuro hay que dibujarlo y en el dibujo de ese mapa puede ayudar muchísimo la existencia de un espacio de diálogo que esté regido por una mediación confiable y proba.

Fotos y video: Miguel González


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