La educación permanente y de calidad quedó sepultada en medio de una crisis que aleja cada vez más a estudiantes y maestros del aula: “La emergencia humanitaria compleja en educación es una consecuencia del quiebre del Estado”, opina Olga Ramos, de la Asociación Civil Asamblea de Educación. El no reconocimiento de esta situación por parte del Gobierno deja como resultado un año escolar resquebrajado.

Caracas. Las horas y los días de David en la escuela quedaron atrapados en medio de la agonía del país. En su cuaderno no hay tareas por corregir ni lecciones por repasar. Está vacío. En su mente no resuena la división de tres cifras, sino una voz que le dice con frecuencia: “No hay clases”.

Su última anotación fue el 22 de noviembre de 2017. La siguiente el 22 de enero de 2018. “Suspendidas las clases por remodelación”, fue el anuncio que acompañó durante aproximadamente dos meses la entrada de la institución pública ubicada en el Barrio El Carmen en Petare. En ese tiempo David se olvidaba a ratos de su sexto grado, aunque su mamá insistió en que adelantara lecturas y ejercicios de matemáticas.

Entre febrero y marzo acudió a clases de forma irregular por las fallas de agua en la zona: tres veces por semana o menos. En abril la ausencia en el suministro se intensificó y David comenzó a cargar agua los lunes —junto con 5 compañeros de quinto y sexto grado— para bajar las pocetas. Eso les garantizaba tener al menos tres horas de clases. También debía llevar dos litros de agua apta para el consumo, la cual compartiría con sus compañeros, ya que muchos no tenían ni para tomar en sus casas.

Yo no sabía que él estaba cargando agua. Un día llegué a la escuela y lo vi. Me dijo: ‘mamá, nos pidieron el favor para poder tener agua en los baños y poder ver clases de 7:15 a. m. hasta las 10:30 a. m.’. Incluso una sección tenía que llenar un pipote grande. Él lo hacía para tener clases y tener un día normal de todo niño que va al colegio, cuenta Diana Villanueva, nombre cambiado a petición de la fuente. Y agrega: «En años anteriores yo tenía que comprar más cuadernos a mitad de año, en este se quedaron vacíos«.

En ese mes y durante los siguientes, la crisis de transporte le hizo el camino más lejano a la escuela. Su profesor, quien vive en Mariche, no podía llegar a clases. Cuando esto sucedía al menos dos veces a la semana a David lo regresaban a casa. Era cuestión de suerte. El día que más tenía clases era los viernes. Los profesores auxiliares de Matemática y Literatura sí acudían. Creo que en todo el año escolar reunieron como tres meses de actividades. Que él viera clases era como un sorteo, dice Villanueva. Un sorteo con grandes posibilidades de perder.

Y así el año escolar acabó para David, logró sacar adelante dos exposiciones en junio y un proyecto final en julio. Su mamá, preocupada por las condiciones en que fue promovido a primer año, lo inscribió en tareas dirigidas. Durante vacaciones, tres veces por semana, David aprenderá lo que no vio en 200 días de clases.

Aunque salía todos los días a clases, al llegar la escuela era devuelto a casa.

La educación de calidad y permanente no fue posible para muchos en el año escolar 2017-2018: el alto costo de la vida sacó a los docentes del aula, la crisis de transporte, agua y electricidad interrumpió la rutina escolar, mientras que la hiperinflación que inició un mes después del año académico dejó a los planteles con menos de lo mínimo para su mantenimiento y dotación. No solo las aulas estuvieron vacías, el Programa de Alimentación Escolar (PAE) también quedó inasistente.

Especialistas coinciden en que esta situación se traduce en una emergencia. La emergencia humanitaria compleja en educación es una consecuencia del quiebre del Estado, opina Olga Ramos, de la Asocación Civil Asamblea de Educación. Para ella, en estos dos últimos años escolares la situación dejó de ser coyuntural para convertirse en un problema permanente.

Un desplome de la educación fue lo que se evidenció, enfatiza Raquel Figueroa, coordinadora nacional de la Unidad Democrática del sector educación. Desde el 27 de junio el gremio adelanta esfuerzos para debatir y demostrar en plenaria de la Asamblea Nacional, que la educación también forma parte de la crisis y la salida humanitaria.

Si en este momento está debilitado el derecho a la salud, también lo está el derecho a la educación. En este caso decimos que es compleja porque también se está violentado el derecho a la alimentación en las escuelas.

Los artículos 102 y 103 de la Constitución consagran la educación como un derecho humano. Pero en Venezuela para que un niño pueda recibir clases, debe sortear el colapso de un sistema político y económico que lo supera en edad y en tamaño.

Los estudiantes están siendo promovidos sin aprendizajes, sin cumplir con los mínimos necesarios, dice Ramos. Luisa Pernalete, coordinadora del proyecto de Ciudadanía y Paz de Fe y Alegría, destaca la necesidad de que el Gobierno reconozca la emergencia: Estos niños no van a ir a la escuela si no se garantiza un mínimo: alimentación, lápices y cuadernos, protección a las escuelas y a maestros.

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 Maestros fuera del aula

María Teresa Herrera, nombre cambiado a petición de la fuente, es administradora en un colegio privado en El Paraíso. Intenta recordar la cantidad de docentes que se les fueron y cómo hizo para sustituirlos. Empieza a enumerar: “La de sexto”, piensa. Guarda silencio. Prosigue: Fueron siete. Seis maestras y un asistente directivo. Se iban a ir dos más, pero lo están planificando para irse el año que viene. En la búsqueda de sustitutas, tuvo que unir quinto y sexto grado, estudiantes que son atendidos por una maestra auxiliar y el personal directivo. Primer grado tuvo a lo largo del año escolar 7 maestras. Una no conseguía transporte y renunció, a otra el Gobierno le adjudicó una casa. Algunas duraron un mes, cuenta. Pese a que han intentado que no se pierda la planificación, admite que sí hubo descontrol.

Esta situación comenzó, sobre todo, desde diciembre, fue por lo menos una vacante por mes. La cual es casi imposible volver a ocupar. Me llegaban a la oficina con la carta y decían ‘hasta hoy trabajo’, todavía tengo liquidaciones de maestras que se fueron y no la retiraron, agrega.

En otro liceo, también ubicado en El Paraíso, en octubre del año pasado 5 profesores renunciaron. En noviembre fueron 2 de Educación Física. En enero 2 de Inglés. Y para el próximo año escolar la profesora de Química y de Inglés, más una coordinadora, saldrán de la nómina.

La escuela en emergencia se refleja en las cartas de renuncia que día a día llegan a los escritorios de Dirección, cuya exposición de motivos son los bajos salarios y las dificultades para seguir en Venzuela. Un docente I solo puede cubrir 4,22 % de la canasta básica, devenga 9.277.549 bolívares. Para el ministro de educación, Elías Jaua, no existe una deserción masiva de maestros, aseguró el 12 de junio en una entrevista en el programa Vladimir a la 1: De 500.000 maestros, son las estadísticas que tenemos en Zona Educativa, en el último año, las renuncias de maestros no alcanzaron las 2000. Además, está dentro del promedio regular de renuncias. No tenemos un comportamiento anormal.

Pese a los planes de formación de maestros, hay un déficit de 53.948. Según la última Memoria y Cuenta del Ministerio de Educación, en 2015 eran 553.948 docentes. De estos 82,2 % pertenecen a planteles oficiales y el resto a la iniciativa privada. La formación ya era una preocupación para el sector, expone el documento. En las áreas críticas —Química, Física, Biología, Matemática— de una meta de 5300, lograron 2318 ese año. Mientras que, en Castellano, Memoria, Territorio, Ciudadanía, Idiomas y Educación Física, se formó a 2599 de 4690.

Daniel, un estudiante de séptimo grado en un colegio privado ubicado en Las Mercedes, estuvo un trimestre sin profesora de Matemáticas, llegó una, pero se volvió a ir. En el segundo trimestre se quedó sin profesor de Inglés, mientras que el tercer trimestre no vio dibujo.Le promediaron las notas. Tuve que pagar clases particulares de Matemáticas y ponerme a estudiar con él. Estaba perdido en el contenido, tenía que nivelarlo, cuenta Sofía Gutiérrez, mamá de Daniel.

La Asociación Venezolana de Educación Católica (Avec) contabiliza que desde septiembre de 2017 unas 5300 personas han salido de la nómina. Trina Carmona, presidente de la Avec, expresa que un número importante corresponde a docentes, aunque no precisa la cifra. La institución espera con preocupación que al finalizar julio se presente otro pico de renuncias.

Para la Asociación Nacional de Instituciones Educativas Privadas (Andiep) la situación no fue diferente, el presidente de la sección Caracas, Fausto Romeo, indicó una pérdida de 200 profesores.

Desde septiembre del año pasado la Escuela de Educación de la UCAB colgó en página web un formato de solicitud de docentes, donde los planteles solicitan egresados de la Escuela. En total se generaron 354 requerimientos. Su director, José Javier Salas, indica que 72 % corresponde a colegios privados y 17 % planteles públicos. Ellos tratan de distribuir las solicitudes entre los docentes que pertenecen a la comunidad de educación de la UCAB y los estudiantes. Algunos logran solventar la falta. Otros incorporan a sus representantes a dar clases, dijo Salas. Docentes integrales, de Biología, Química, Física y Matemática, tienen mayor demanda.

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Plan de emergencia. La calidad educativa forma parte de la preocupación, sobre todo, luego de la transformación curricular en la Educación Media General que comenzó este año escolar. Salas expresa: Terminamos el año académico y pareciera que ‘gracias a Dios por eso’. Es increíble lo que se está viendo desde las inasistencias, la calidad educativa y los resultados que los estudiantes están obteniendo.

En un liceo ubicado en El Valle, 89 estudiantes, distribuidos en 6 secciones de 5to año, reprobaron Biología. Después de 2 evaluaciones, de las 3 que corresponden como parte de la actividad remedial, solo 8 aprobaron con la nota mínima, 10 puntos. El resto quedó por debajo de 5. Docentes manifiestan que los estudiantes esperan hasta el último momento para hacer cualquier actividad —limpiar el patio, pintar alguna pared— y pasar.

Hay una política institucional por eliminar la exigencia académica, el estudiante tiene muchas posibilidades de aprobar sin esfuerzo, es indignante como se pierde tiempo repitiendo evaluaciones en cada uno de los momentos, y, al final del año, se aparece el estudiante para aprobar y continuar engañándose, dice Salas.

De cara al próximo año escolar será necesario un plan de emergencia que permita recuperar la rutina del estudiantado. La replanificación y restructuración serán clave. Un plan de maestros preparados que sustituya a los que se están yendo, pelear con quien sea por la alimentación escolar. Es decir, una formación para educar en emergencia. Se requieren juegos terapéuticos para los niños que se están quedando solos por la migración de sus padres, que sean capaces de expresar lo que sienten, considera Pernalete.

Ramos coincide y agrega que al inicio del curso académico se debe realizar una prueba diagnóstica: Debe estar enfocada en una evaluación profunda de los aprendizajes alcanzados hasta el momento para poder establecer un programa de compensación y restauración de quienes no pudieron lograr los objetivos por las fallas en el sistema educativo. Que sea un sistema diagnóstico que permita saber el conocimiento del niño para el grado en que está.

Fotos: Luis Morillo @luizmorillo15.


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