El periodismo se convirtió en una sombra dentro y fuera del Zulia

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El Colegio Nacional de Periodistas, seccional Zulia, asegura que 75 % de los egresados en la carrera de Comunicación Social no están ejerciendo su profesión. En Maracaibo ser reportero es una tarea titánica que se enfrenta a la mayor crisis de su historia. Aunque la migración sigue siendo el plan a corto plazo para los profesionales del periodismo en la región, ejercer fuera del país no es un sueño posible para todos.

Maracaibo. El estado Zulia ha sido uno de los más golpeados por la crisis económica y social por la que atraviesa Venezuela. Las fallas en los servicios públicos, inseguridad, desempleo, educación y salud han obligado a muchos zulianos a cruzar la frontera. Esta realidad golpea a todos los ciudadanos, sin importar cuál sea su profesión. En el caso del periodismo, el cierre de los medios de comunicación en la región ha mermado el oficio.

De acuerdo con Leonardo Pérez, secretario general del Colegio Nacional de Periodistas, seccional Zulia, 75 % de los egresados de la carrera no está laborando en su área, mientras que 80 % de los comunicadores que estaban ejerciendo dejó de hacerlo por diversos motivos, entre ellos la migración.

La ONG Espacio Público en su informe Situación General del Derecho a la Libertad de Expresión, enero -abril 2021, destacó que durante 2020 fueron cerradas 18 emisoras radiales, cuatro medios impresos y dos medios digitales, en procedimientos llevados a cabo, principalmente, por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), en compañía de cuerpos de seguridad del Estado.

Esta práctica se ha mantenido presente durante los primeros meses del año, apuntando a fortalecer la hegemonía comunicacional del gobierno de Nicolás Maduro y limitando la pluralidad informativa en Venezuela. Entre enero y abril fueron cerrados al menos cuatro medios de comunicación: tres emisoras de radio y un medio de comunicación digital.

Desde el 2013, de acuerdo con las estadísticas del Instituto de Prensa y Sociedad Venezolana (Ipys) han salido de circulación 66 diarios en todo el país. El diario Panorama fue el último en despedirse, el pasado 14 de mayo de 2019, luego de 104 años de labor periodística en el estado. Su edición impresa dejó de circular. En el 2018, lo antecedieron los diarios La Verdad, Versión Final, Qué Pasa y el semanario de la Universidad del Zulia.

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Luis Dagand ha perdido 40 % de su masa muscular en los últimos 6 años. Foto: Cortesía.

Con el paso del tiempo cada vez más periodistas buscaron oportunidades de sobrevivencia y una de ellas fue abandonar el país. Daniel Cubillán es uno de ellos. Recuerda que cuando recibió su título “estaba cargado de sueños, enamorado de mi profesión, contando los días para conseguir mi primer trabajo. Jamás pensé que la historia sería otra”.

Se especializó en la fuente de espectáculos y ejerció hasta el 2018 como editor en esa área en el diario La Verdad, cuando decidió salir del país.

Tenía el trabajo ideal, pero la coyuntura política y económica del país me obligaron a irme. Ya no dependía de tener un buen trabajo, sino de la electricidad, agua, transporte, comida. Hasta un día dije ¡no más!”.

En paralelo, hacía las relaciones públicas de artistas, eventos y marcas. Fue jefe de prensa del Mini Zulia y trabajó con la franquicia del Miss Venezuela, eso lo ayudaba a subsistir económicamente, pero reconoce que la calidad de vida lo terminó ahogando.

Salir de Venezuela es una travesía

“Salir fue la decisión más difícil de mi vida. No solo dejé atrás a mi familia y mi trabajo, también una relación sentimental de 11 años que aún me duele en el corazón”. Su primera parada fue en Cartagena, Colombia. Confiesa que estaba entusiasmado, pero pronto la realidad lo golpeó. “La falta de empleo y la inexperiencia lo hizo descubrir cómo era el mundo lejos de Venezuela”.

Luego de estar tres meses en Cartagena, decidió moverse a Bogotá donde se encontraría con su hermana y sus tías. Ahí duró un año.

Fue complicado, porque para tener un trabajo en Colombia me pedían una documentación que dependía del proceso de regularización que el gobierno adelantará para los venezolanos, mientras aplicaba para eso estaba ilegal, así que mis trabajos fueron en puestos de comida rápida, limpiando, como seguridad en una discoteca y cosas así”.

En 2019 tuvo la oportunidad de ir a Chile. “Cuando llegué me topé con una pared de concreto, apliqué para una visa profesional y me la aprobaron tres meses después de que decidí salir de ahí, estuve un año esperando y mientras tanto trabajé de conserje, atendiendo llamadas, en una tienda de variedades, entre otras cosas, porque si no tienes papeles no puedes tener un trabajo estable”.

A pesar de todo nunca olvidó su profesión y la añoranza de volver a ejercer lo desvelaba. Sus colegas en Santiago comenzaron a invitarlo a ruedas de prensa, encuentros con artistas que reconocían al periodista fuera de su país, y eso lo motivó a crear su revista digital. “Comencé a subir contenido, pero por desconocimiento, el dominio de la página se venció y no lo pude renovar”.

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Foto: Cortesía.

Eso fue devastador. Cuenta que la soledad y la depresión le jugaron en contra. “Ese año mi hermana me dio un sobrino y aún no lo conocía, me sentía muy mal, así que me fui con ella para Lima en febrero de 2020. Salí en autobús porque no pude tramitar la visa que le pedían a los venezolanos, la cita de los antecedentes penales en Venezuela nunca me salió”.

Cubillán se unió a otros venezolanos en el viaje y llegaron a Lima por trocha. “Esperamos que se hiciera de noche y cruzamos. Caminé dos horas en el desierto abrazado a mi maleta. La policía de Perú nos agarró, me sentí un delincuente. El oficial nos pidió 50 dólares a cada uno, nos montaron en una camioneta y nos dejaron en una carretera que ya era territorio peruano”, cuenta el comunicador.

Sin un dólar en el bolsillo, tuvo que dormir en el terminal de pasajeros. Al día siguiente su familia le pagó un pasaje en autobús hasta Lima. “Cuando me reuní con mi hermana y mi sobrino, sentí que todo había valido la pena”.

Pensé que no la iba a contar

Sin cerrarse a nada, el profesional de la comunicación tomaba cualquier oportunidad de trabajo. Fue obrero en una fábrica de muebles, traductor en una casa de huéspedes para turistas, vendedor, promotor y encargado de un hostal, a mediados de 2020 una bacteria se alojó en su estómago y perdió el trabajo.

“Estuve tres meses sin trabajar y bajé 10 kilos de peso, pero con tratamiento salí adelante, cuando pensé que todo regresaba a la normalidad, me dio COVID-19”. El estado de salud del periodista se complicó debido a problemas respiratorios. Su familia pidió ayuda a través de las redes sociales para costear su tratamiento, mientras él permanecía aislado.

Fueron momentos duros en los que solo tenía a Dios, le pedía que no me desamparara porque pensé que no la iba a contar, pero salí victorioso y me di cuenta que hay muchas personas que me estiman”, dijo.

Luego de su recuperación, el periodista zuliano comenzó un nuevo empleo como asistente administrativo en una clínica dental. “Esa oportunidad me sirvió porque comenzaron un proyecto en el área de marketing digital, hacen sorteos y transmisiones en vivo, así que me dieron la oportunidad y no lo dudé, ahora soy el moderador y hasta ahora ha salido muy bien”.

El sueño de volver a ejercer en Venezuela

El periodista resume sus años fuera de Venezuela como un descubrimiento. “Los oficios que me ha tocado hacer para ganarme la vida me hicieron entender que hay cosas con las que uno puede y no sabe. Para estar fuera de tu país necesitas mucha disposición, entereza y tranquilidad mental para que no te arrastren los sentimientos”, aseguró.

Dijo que 95 % de sus colegas que han migrado se desempeñan en otros oficios. “Ser periodista afuera no es fácil, pero es un sueño que no se vence. Yo sigo soñando en volver y hacer lo que me gusta, pero soy consciente de que Venezuela no es la misma, así que toca trabajar para cumplir los sueños en el lugar donde estamos. Quiero volver a ser periodista y estoy trabajando en ello”, adelantó.

Por ahora, Daniel Cubillán espera estar solvente con su estatus migratorio para perseguir su sueño en Lima, mientras eso sucede colabora con una página web del Zulia escribiendo farándula.

“Ese es mi drenaje ante todas las cosas que vivo, cosas que hacemos por obligación porque la situación en Venezuela nos obligó a atrincherarnos en el mundo. Yo sigo esperando que la tormenta algún día pase en mi país”, soltó.

Desde Lima, el periodista dijo admirar y sentir “envidia de la buena” por sus colegas que aún siguen en Maracaibo. “Solo les puedo decir que aprovechen al máximo todo lo que puedan de su carrera porque no hay nada más satisfactorio que hacer lo que te gusta, que tu trabajo siga vigente y sea reconocido, no tiene precio. Los admiro y tienen todo mi respeto por el sacrificio que hacen todos los días. Es un trabajo titánico”, concluyó.

La otra cara de la moneda

Luis Dagand, de 29 años de edad, es periodista en Maracaibo. La falta de transporte público lo obligó a dejar su último trabajo en un portal de noticias en junio de 2020. Desde entonces se las ingenia para salir adelante.

Ayudaba a mi esposa que también es periodista en las redes sociales y así le aminoraba la carga, hasta que conseguí trabajo en un portal de España haciendo social selling, es decir, creando bases de datos con posibles clientes”.

La pandemia por COVID-19 nuevamente lo dejó desempleado. “He intentado emprender vendiendo helados, pero las fallas eléctricas me hicieron fracasar, sé hacer tortas, pero cargar una bombona de gas aquí tarda hasta una semana. He metido papeles hasta para descargar gandolas y no he tenido suerte”, dijo.

Confesó que su plan a corto plazo es migrar. “Ser periodista aquí es duro, un día comes y otro día no sabes, además de las fallas en los servicios, te desgasta la situación.

Para Dagand, ser periodista es motivo de orgullo, pero la realidad atropella ese sentimiento. “Es preferible hacer otras cosas, porque de los pocos medios que quedan en Maracaibo ninguno paga bien, la mayoría ha cerrado. Hay que aprender a hacer otra cosa, esta pandemia nos demostró cuales son los trabajos esenciales y cuáles no, aquí en el Zulia la comunicación social pasó a segundo plano, hay maltrato laboral, explotación y mal pago”, sentenció.

Solo alcanza para comer

El periodista zuliano ha perdido 40 % de su masa muscular en los últimos seis años. “Lo que se consigue barato en el mes es lo que comemos, generalmente pasta o arroz, y se repiten las comidas hasta que se acabe. Hay que darle gracias a Dios que hay comida, pero uno se cansa de la mala alimentación. Darse un gusto equivale a la comida de cuatro días. Vivimos en una camisa de fuerza”, relató Dagand.

La falta de ingresos ha llevado a Dagand a buscar vías desesperadas, como él mismo las define. “Me he puesto a jugar en línea o a ver videos en Internet con los que ofrecen paga. La desesperación hace que uno pase por todo eso a ver que se gana”,

El comunicador social confesó: “Siento mucha incertidumbre y ansiedad. Siento que me ahogo porque hago muchos intentos por salir de esta situación y no puedo. Estoy en arenas movedizas, con cada acción me hundo más. Es frustrante”.

Andrés Hernández es periodista deportivo en Maracaibo, actualmente, trabaja vía remota para un medio internacional. Para salir adelante emprendió junto con su madre una venta de comidas y postres por encargo.

Las fallas eléctricas y de gasolina son los principales enemigos de los periodistas del Zulia”, confirmó.

Dijo que su capacidad de ahorro es nula, a pesar de que la paga es en divisas. “Resuelvo vendiendo comida para no dejar mi carrera. Para mí, el periodismo es el más mermado del país, hay muchos problemas para poder informar y a la hora de sumar todas estas dificultades tenemos una pared de concreto difícil de escalar”.


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