Una veintena de locales fueron robados la noche del 21 de abril. 13 muertos dejó la violencia esa noche y centenares de personas desempleadas. A casi un mes y medio de los hechos, los afectados trabajan en la reconstrucción de sus vidas.

Caracas. Hay que seguir adelante. Nos saqueó el mismo barrio. Yo vivo en el cerro y fue la gente que venía a comprar aquí la que hizo todo el destrozo y cometieron los robos. Ahora estamos arreglando todo para comenzar. Aunque la amenaza no se acabó esa noche. Todavía estamos a merced de los saqueos.

Del Valle Lobato, dueña de un pequeño frigorífico, estaba sentada en la puerta del local con otro familiar mientras tres obreros hacían arreglos al inmueble.

Ella recibió de parte del Gobierno un crédito por Bs. 40 millones para recuperar el negocio. El mismo beneficio, dijo, obtuvieron algunos de los afectados por los saqueos la noche del 21 de abril, que dejaron 13 muertos y centenares de personas sin empleos.

Lobato está reforzando hasta las puertas del local.

A Lobato le perjudicaron todos los aparatos para refrigerar. Pero ahora ya tenemos piso nuevo y pronto estaremos trabajando. De este local dependen cuatro familias y no podemos quedarnos de brazos cruzados.

¿Siente miedo?

—Claro. Eso no fue fácil. Yo vivo en el cerro y aunque uno tiene ganas de seguir trabajando, uno escucha los rumores. Dicen que van a seguir saqueando y que si pusimos puertas de hierro, romperán las paredes.

La santamaría de su comercio desapareció con la arremetida de la turba. Ahora aprovechó el crédito para poner un portón reforzado. Ella cree que eso parará cualquier acción violenta de la gente.

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Entre tanto, en la calle los buhoneros no detuvieron la marcha tras los eventos de esa noche. Más bien crecieron en cantidad. Minaron aún más las aceras y ofertan todo tipo de víveres. La policía no suele frecuentar el lugar.

“De vez en cuando pasa una patrulla pero ni miran para los lados”, contó un transeúnte quien señaló justo cuando una camioneta de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) doblaba la esquina.

En el lateral de la Cajigal, donde saquearon lo que llaman el mercadito y donde murió abaleado Ramón Martínez, también reparan los locales.

El sonido de los taladros y las máquinas de soldar avisa que pronto estarán activos. De hecho, ya hay un puesto que está listo y abastecido con mercancía seca.

¿Les dieron el crédito para recuperarse?

—Sí nos dieron la ayuda, pero no te puedo decir más. Estamos trabajando.

Mientras intentan recobrar la normalidad, las colas no cesan: para tomar la ruta troncal y la que hacen por la harina precocida de maíz.

“Uno cree que pasó todo, pero no. Aquí hay que estar muy pendiente del cerro”, señaló Lobato mirando hacia el barrio, donde ella vive.

En la Cajigal ofrecieron arreglar las vías y solucionar el problema de la recolección de la basura. Los vecinos aún prenden velas para que se cumpla la promesa.

Foto referencial: Francisco Bruzco


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