En las parroquias Coche y El valle, luego del cacerolazo que inició a las 8:00 p. m., se activaron focos de protesta. Las Fuerzas Acciones Especiales se encargaron de reprimir, contrario a las manifestaciones de 2017, cuando ese papel lo tenían los funcionarios de la GNB. Los gritos desde las residencias se escucharon incluso entrada la madrugada de este jueves 24 de enero.

Caracas. Con humo de basura quemada e incertidumbre entre sus habitantes amaneció este jueves la avenida San Martín de Caracas y sus alrededores. Las protestas nocturnas en contra de Nicolás Maduro fueron reprimidas por fuerzas policiales y, en algunos casos, resultaron en saqueos a comercios de la zona.

Dirección centro, la avenida San Martín mostraba más comercios cerrados conforme se acercaba a la plaza Capuchinos, lugar donde, de acuerdo con vecinos del lugar, un grupo de manifestantes tomó por asalto una “perrera” de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), la arrastró por toda la avenida y la incendió.

El mercado de San Martín, por ejemplo, tenía sus puertas cerradas al momento de pasar por el lugar (10:30 a. m.). Buhoneros ubicados en sus adyacencias manifestaron desconocer el motivo del cierre, hecho que sorprendió a propios y extraños de la zona.

Mientras que, a una cuadra del mencionado mercado, una cuadrilla de la misión Juntos es posible limpiaba las aceras y recogía los montones de basura que se apostaban en las esquinas; Sonia Luján, vecina de una de las residencias cercanas, insinuó que la presencia de dicha cuadrilla “es para que la gente no proteste ni queme basura. Porque aquí hay basura que no se recoge desde la primera semana de enero”.

Más adelante, a la altura del elevado inaugurado en 2014 por el Ministerio de Obras Públicas, empezaba a notarse la quema de basura en el asfalto. Freddy Cerinza, dueño de un quiosco ubicado cerca de la iglesia Nuestra Señora de Lourdes, declaró a Crónica.Uno que las protestas y las detonaciones se prolongaron hasta la madrugada.

Había gente de los edificios, gente de El Guarataro. Yo soy neutral, pero la situación está muy difícil y no se puede negar. Apoyo las protestas pero no estoy de acuerdo con el vandalismo. Algunos quemaron carros, saquearon locales y así no saldremos del Gobierno, indicó Cerinza.

Miguel José, habitante de la residencia Palo Grande, mostró su total respaldo a las protestas siempre y cuando no terminaran en actos vandálicos y denunció que efectivos de la PNB entraron a algunas residencias. Asimismo, afirmó haber asistido a la concentración convocada por la AN el pasado miércoles y mostrar su apoyo a Juan Guaidó, quien se juramentó como presidente interino de la República.

Cerca de la estación Capuchinos del Metro de Caracas, trabajadores de una licorería recogían los restos del saqueo del que fue víctima el local. El olor a alcohol se mezclaba con el del gas lacrimógeno mientras propios y extraños miraban la escena por medio de la rendija que los antisociales usaron para entrar al establecimiento.

Los trabajadores lamentaron el hecho y le facilitaron a Crónica.Uno la toma de las fotografías del desastre causado. Justo al lado se encontraba una charcutería que, para sorpresa de muchos, no había sido saqueada pese a que sus neveras se encontraban vacías «producto de la crisis», como indicó el encargado. Indicó que no sufrieron saqueo pero los delincuentes subieron a la azotea del local y sustrajeron equipos que se encontraban ahí guardados.

Transeúntes condenaron los actos pues «perjudican al ciudadano, no a Maduro», como indicó Florencia Villasmil, enfermera que caminaba por la acera en compañía de su hijo. Hizo un llamado a que las protestas «sean pacíficas» aunque los repriman pues «los violentos son ellos».

La agencia del Banco de Venezuela, que se encuentra justo al lado del supermercado Unicasa de Capuchinos, también sufrió un intento de saqueo, como admitió un efectivo de la PNB a Crónica.Uno. El funcionario, muy escuetamente, informó que no hubo pérdidas materiales. En ese momento el personal del banco se encontraba trasladando mobiliario de la agencia a un camión de mudanzas, pero se negaron a ofrecer testimonios.

A una cuadra de la agencia bancaria, otro local fue afectado por los saqueos realizados durante la noche del miércoles. Vecinos de la zona aseguraron que se trata de una confitería, pero los dueños del comercio —que se encontraban dentro del mismo limpiando el desastre causado— se negaron a salir a dar testimonios.

En los alrededores de la plaza Capuchinos, donde también hubo trancas y protestas la noche del 23 de enero, la situación ya se encontraba normalizada a altas horas de la mañana. Habitantes del sector señalaron que cerca de las 8 de la mañana fueron retirados los autos quemados —incluyendo la perrera tomada por los manifestantes— y la basura con la que fue trancada parcialmente la avenida.

Mireya Yepez, quien reside en uno de los edificios apostados en la avenida, manifestó que la protesta estuvo compuesta por personas tanto del barrio Guarataro como de las residencias aledañas de San Juan y El Paraíso. La misma visión compartían unos motorizados que se encontraban en la entrada del mencionado barrio, quienes no dejaron de expresar su opinión acerca de la aguda crisis económica y social por la que atraviesa el país.

Las protestas se extendieron a otros sectores de la avenida San Martín

En La Quebradita, la actividad comercial comenzó más tarde de lo normal. Gran parte de los comercios subieron sus santamarías alrededor de las 10 de la mañana. La protesta nocturna en ese sector comenzó cerca de las 9:00 p. m. del miércoles 23 y se prolongó por, al menos, dos horas. Con quema de basura y barricadas improvisadas con containers de basura, un grupo de manifestantes intentó repeler la arremetida de perdigones que hacía la PNB mientras vecinos de los bloques aledaños apoyaban la protesta con cacerolazos.

Wilmer Mora, habitante del sector, comentó que “las calles estuvieron vacías como hasta las 8 o 9 de la mañana. Muchos vecinos que estacionan sus carros en la calle estuvieron abajo cuidándolos porque la última vez que reprimieron, los guardias rompieron varios vidrios. Como a las 10 de la noche quitaron la luz en la calle principal y la volvieron a poner a las 12”.

En los alrededores de la estación Artigas, la mayoría de los negocios abrió. Una señora que atiende un local de empanadas —que prefirió no dar su nombre— señaló que optó por confirmar que estuviera todo “tranquilo” antes de iniciar actividades. En la pequeña plaza que está al lado de la estación, dos adultos mayores discutían acerca de lo ocurrido con Guaidó el miércoles.

“Claro que lo reconocemos, hizo lo que tenía que hacer. Maduro no puede gobernar porque la mayoría de los venezolanos no lo elegimos”, indicó Arístides Aguilar, habitante del barrio Atlántico que frecuenta la zona.

El puente 9 de diciembre —foco de enfrentamientos durante la mañana-tarde del 23 de enero— se encontraba despejado aunque con algunos escombros todavía en las orillas de la calle. Un vecino —que no quiso identificarse— informó que las detonaciones y gases lacrimógenos fueron la norma hasta bien entrada la noche del miércoles.

Tres días activos en Coche y El Valle

Las manifestaciones no fueron tan intensas este miércoles 23. Los vecinos de las parroquias El Valle y Coche que salieron a la concentración convocada por los partidos de oposición llegaron graneaditos a sus casas. Pero pasada las 8:00 p. m., cuando sonaron con fuerza las cacerolas y luego se escucharon detonaciones de cohetones, comenzaron a bajar de la calles 14, 11, 8, 4 y 2 de Los Jardines de El Valle. Armaron barricadas en plena avenida. Y al cabo de dos horas, cuando ya todo estaba más desolado, los gritos se apoderaron de las calles. La razón: carros y motos de las FAES entraban cerro arriba con la intensión de reprimir.

Apuntaban las casas y ventanas. Le decían a la gente que se metiera, rociaban gas pimienta y generaron angustia en muchas mujeres que salían a ver qué pasaba. Lo mismo ocurrió el martes 22, cuando incluso sacaron de la zona a dos muchachos heridos de perdigones.

También en Coche, se armaron cerca de siete manifestaciones en diferentes puntos de la parroquia. Las bombas se dejaron sentir por los lados de la avenida Intercomunal y a eso de la 1:00 a. m. las ráfagas de tiros se apoderaron del ambiente.

Poco a poco se fueron recogiendo los manifestantes. En Coche se notó la sensación, en horas de la mañana, de desolación. Muy poca gente madrugó, no mandaron a los muchachos al colegio. Los pocos que fueron terminaron clases a mitad de mañana, la poca afluencia vehicular se sintió. Los comentarios entre los vecinos son que las protestas deben continuar, pero sin violencia. «El tema es que no tenemos calidad de vida, no hay servicios y esto debe parar«, comentaron dos señoras que compraban unas pilas de plátanos. «Fíjate 2000 bolívares soberanos, esto no es justo».

El mismo ambiente reinó en El Valle, donde a medida que avanzaba la mañana regresaba la normalidad. Solo las manchas sobre el asfalto, dejadas por los cauchos quemados, daban cuenta de la refriega que este miércoles 23 se libró en esa zona del suroeste caraqueño, que hasta hace poco se decía «territorio chavista».

Fotos: Alberto Torres


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