El lunes, el gobierno de EE. UU. difundió el video de un ataque a una lancha con supuesta droga proveniente de Venezuela que dejó tres muertos. Posteriormente, este martes, admitió un tercer bombardeo, pero sin pruebas. La acción, cuestionada en el Congreso, avivó los temores de “invasión” en el chavismo.
Caracas. El Caribe volvió a estallar en llamas este lunes. Un misil lanzado por fuerzas estadounidenses hizo desaparecer en segundos una embarcación que, según la Casa Blanca, transportaba droga desde Venezuela.
La lancha, que momentos antes se desplazaba sobre las aguas, desapareció en cuestión de segundos envuelta en una densa columna de fuego, tras una potente explosión. El ataque dejó tres víctimas mortales.
El ataque, anunciado por Donald Trump como parte de su ofensiva para frenar la entrada de estupefacientes a Estados Unidos (EE. UU.), no solo se convirtió en un golpe mediático contra el narcotráfico, sino también en un nuevo punto de fricción con el chavismo.
Mientras Washington presume de resultados, el chavismo denuncia una escalada militar que, advierte, busca justificar una futura “invasión”.
Tal como ocurrió en el primer operativo, la administración republicana aseguró que la lancha llevaba droga y había zarpado desde Venezuela, país al que Trump acusa de exportar narcóticos y de enviar a pandilleros del Tren de Aragua hacia territorio estadounidense —una organización criminal nacida en cárceles venezolanas que en la actualidad tiene presencia en varios países de América Latina—.
“Tenga cuidado: si transporta drogas que pueden matar estadounidenses. ¡Los estamos cazando!”, dijo el propio Trump al informar en redes sociales sobre el ataque.
La frase, lanzada con tono de advertencia y desafío, abrió un nuevo episodio en la trama de tensiones entre EE. UU. y Venezuela en la que cada declaración parece elevar un grado más el termómetro diplomático.
Pero, cuáles son los detalles que rodean a este nuevo golpe, que eleva la tensión entre EE. UU. y Venezuela, cuyo gobierno denuncia una escalada para justificar una intervención militar y posterior “cambio de régimen”.
Dos videos, tres barcos
Alrededor de las 5:00 p. m. del lunes, 15 de septiembre, la Casa Blanca informó que tres presuntos narcotraficantes venezolanos murieron en el ataque contra la lancha y difundió un video en el que se observa cómo un proyectil destruye la embarcación.
Las imágenes muestran primero la lancha inmóvil y, luego, el impacto que la hace desaparecer bajo la explosión, que dejó tres víctimas mortales. El mandatario hablaba con gesto de triunfo. Su relato no solo se apoyaba en cifras, sino en la fuerza visual de las imágenes.
“Todo lo que tienes que hacer es mirar la carga que estaba esparcida por todo el océano”, alegó Trump a periodistas tras ser consultado sobre las pruebas para ordenar el ataque.

Pero este martes, 16 de septiembre, Trump reveló que son tres y no dos, como se informó en principio, las embarcaciones que su gobierno ha atacado en el Caribe.
“Derribamos barcos. En realidad fueron tres barcos, no dos, pero ustedes vieron dos”, añadió el mandatario momentos antes de partir hacia el Reino Unido para una visita de Estado.
En ese mismo tono, insistió en señalar a Venezuela como responsable de la crisis de drogas que golpea a su país.
“Dejen de enviar (miembros) del Tren de Aragua a EE. UU. Dejen de enviar drogas a EE. UU.”
¿Qué había en la segunda embarcación?
Trump aseguró que la lancha del segundo video transportaba cocaína y fentanilo —un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína y responsable de decenas de miles de muertes en EE. UU. cada año—, sustancia que ha disparado la emergencia de salud pública en EE. UU.
En 2024, más de 70.000 personas murieron por complicaciones vinculadas al consumo de fentanilo, según cifras de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Una cifra devastadora que mantiene bajo presión a hospitales y servicios sanitarios.
“Tenemos pruebas. Todo lo que tienes que hacer es mirar el cargamento que estaba desperdigado por todo el océano: grandes bolsas de cocaína y fentanilo por todos lados. Además, tenemos evidencia grabada desde donde estaban saliendo. Hemos grabado con mucho cuidado, porque sabemos que ustedes (la prensa) irían tras nosotros”, argumentó Trump sobre el supuesto cargamento, en una intervención desde la Casa Blanca.
“Sabemos a la hora que se fueron y de dónde salieron, lo que tenían”, insistió el mandatario.
La repetición de frases, casi obsesiva, buscaba reforzar la idea de certeza. Sin embargo, la escena también dejaba un vacío: ninguna prueba independiente ha sido presentada.
El frente interno: Trump bajo cuestionamientos
Mientras la Casa Blanca celebra la operación como un éxito, en Washington crece la controversia. Varios legisladores cuestionan la legalidad del despliegue en aguas caribeñas —jurisdicción marítima que suele ser motivo de disputas internacionales sobre soberanía y seguridad— y alertan sobre el riesgo de un choque mayor con Venezuela.

El Congreso intenta supervisar la ofensiva, pero el Departamento de Guerra —nombre con el que Trump rebautizó al tradicional Departamento de Defensa— ha bloqueado la entrega de información clave.
Según revelaron tres fuentes al Wall Street Journal, se impidió que altos cargos de la Cámara de Representantes y de comités especializados participaran en una sesión informativa sobre el ataque.
La negativa se justificó en supuestas “medidas de control compensatorias alternativas”, una fórmula burocrática para referirse a protocolos de seguridad destinados a mantener la operación bajo secreto.
El hermetismo alimenta cada vez más la sospecha. Mientras Trump multiplica declaraciones públicas sobre el tema, su propio Congreso recibía puertas cerradas y respuestas en clave burocrática.
El debate trascendió fronteras. Este martes, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, se refirió a la operación estadounidense en el Caribe y pidió a la administración Trump respetar “la ley y el derecho internacional”—principios básicos que regulan el uso de la fuerza entre Estados—.
“No tenemos la información completa sobre lo que pasó exactamente, pero para nosotros es evidente que es absolutamente esencial respetar la ley y el derecho internacional en esta materia”, .
indicó en una comparecencia ante la prensa
La reacción del chavismo
Desde Caracas, Nicolás Maduro respondió con dureza y acusó a Washington de cometer una “agresión militar” contra Venezuela. Del mismo modo, alertó que su gobierno “tiene derecho a responder” en el marco del derecho internacional.
“Venezuela ejerce el legítimo derecho a la defensa y lo ejercemos plenamente; no es una tensión, es una agresión en toda la línea, una agresión judicial cuando nos criminalizan, es una agresión política con sus declaraciones amenazantes diarias, es una agresión diplomática y es una agresión en camino de carácter militar”, agregó Maduro durante una rueda de prensa en Caracas la mañana del 15 de septiembre.

Además, el mandatario señaló que las comunicaciones de su gobierno con EE. UU. están “deshechas”.
“Están deshechas por ellos, con sus amenazas de bombas, muertes y chantajes. Así no funcionamos nosotros, con amenazas y por las malas jamás habrá nada y lo saben. Así que pasaron de una etapa de relaciones maltrechas de comunicaciones a deshechas”, recalcó.
Al mismo tiempo, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, —país vecino y principal aliado militar de EE. UU. en la región—, calificó la operación como un “asesinato”.
“Acaban de destruir otra lancha con tres (personas). Así lleven cocaína, matar con un misil a tres pasajeros de una lancha desarmada y no blindada es un asesinato, y el Gobierno de los EE. UU. está asesinando gente latinoamericana en su propia tierra”, apuntó Petro durante un consejo de ministros televisado.
El nuevo ataque dejó más preguntas que certezas: ¿son estos ataques una ofensiva real contra el narcotráfico o el preludio de un conflicto mayor en América Latina?
Entre videos virales de explosiones, declaraciones encendidas y acusaciones mutuas, la crónica del Caribe se escribe como una tormenta: con luces y estruendos que iluminan por un instante, pero sin despejar el horizonte.
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