Cada día se hace más cuesta arriba para las familias en la ciudad de Maturín, estado Monagas, cumplir con una dieta balanceada que incluya el consumo de proteína animal. Por los elevados precios de la carne de res, consumidores resuelven con pollo, rubro que se ha convertido en la primera opción a la hora de comprar.
Caracas. Martha* recorre tres establecimientos y dos mercados a cielo abierto cuando sale a adquirir los alimentos para su hogar. Se coloca una gorra y zapatos cómodos para iniciar el recorrido y conseguir los mejores precios en proteína animal.
En sus manos lleva una lista en la que anota el costo de la carne y del pollo, comparando entre un sitio y otro. Cada bolívar cuenta, y ante la variación del dólar oficial —la tasa que establece el Gobierno para transacciones legales— y el incremento de los productos en moneda nacional, busca ofertas y procura resolver los almuerzos, al menos por 15 días.
“El mercadito” puede hacerlo cuando el Gobierno nacional deposita el Bono de Guerra Económica a través del Sistema Patria, un pago equivalente a $120. Este ingreso lo reciben trabajadores de la administración pública como complemento salarial, sin incidencia en prestaciones sociales —es decir, no forma parte del cálculo de pensiones o beneficios laborales—.
En los últimos meses, el bono se ha convertido en un alivio no solo para Martha, profesional de la docencia, sino también para muchas familias venezolanas que logran cubrir cerca del 30 % de la Canasta Básica Alimentaria —el conjunto de bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades alimenticias de una familia promedio durante un mes— con este aporte, según testimonios recopilados por Crónica Uno.
“Como el kilo de carne está casi en $13, decidí sustituirla por pollo picado, cochino o hígado”, confiesa la mujer, con más de 20 años de servicio en el Ministerio de Educación.
Explica que el aumento de los precios de los alimentos, tanto en bolívares como en dólares, ha limitado la compra de productos en el mercado. Esto se traduce en una reducción del consumo de carnes en su hogar, donde vive con su esposo, también docente activo, y su hijo, un joven universitario.

Menos productos en la bolsa
“Hasta el mes de abril se podía comprar un kilo de carne de primera. Pero con la hiperinflación —un aumento acelerado y sostenido de los precios que reduce el poder adquisitivo del dinero— solo puedo llevar medio kilo de carne molida, que alcanza para tres almuerzos, rendiéndola con hortalizas y verduras como calabacín, papas, zanahorias y berenjenas”, detalla Martha.
Añade que con el valor de la carne –que roza los Bs. 3000 la de primera– puede comprar hasta dos pollos pequeños, cuyo precio oscila entre Bs. 779 y Bs. 990 por kilogramo.
“Rara vez compramos carne, el menú de la casa se basa solo en pollo y algunos enlatados. En ocasiones compramos sardina, hígado o cochino para variar el plato, aunque el bolsillo no ayuda mucho para darnos esos lujos”, .
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Según el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), la Canasta Básica para una familia de cinco integrantes supera los $500 desde junio pasado. Este monto está muy lejos del ingreso mensual fijo de un trabajador público, que recibe menos de un dólar.
“Cada día son menos los productos que se adquieren en los mercados. No tenemos dónde quejarnos para que atiendan esta situación. Entendemos que la vida está muy costosa, pero debe haber una solución”, expresa Martha.

Otras alternativas
Opciones como la mortadela, salchichas, queso y huevo se han convertido en el “resuelve” de familias con un solo ingreso, como la de Antonio Gil. Su esposa está desempleada y tiene dos adolescentes bajo su responsabilidad.
El kilo de embutidos puede encontrarse entre Bs. 1000 y 2500, según la marca y presentación. Mientras tanto, el cartón de huevos supera los Bs. 1800.
Es decir, entre una mortadela de Bs. 1200, un kilo de queso blanco en Bs. 2000 y un cartón de huevos por encima de Bs. 1600 —calculado para una semana— se requieren más de Bs. 4500, equivalentes a unos $19, sin incluir harinas, arroz ni pasta —lo que evidencia la dificultad de cubrir la alimentación básica con un solo ingreso en Venezuela—.
Otros consumidores, como Carlos Pérez, han incorporado más legumbres, hortalizas y verduras a su dieta. “Me ha tocado guisar calabacín y repollo, para rendir una mortadela en los almuerzos”.
Agrega que, para estirar el dinero, los mercados populares —espacios donde los productos suelen ser más económicos que en cadenas de supermercados— siguen siendo la mejor opción. Afirma que con Bs. 2000 puede comprar un “poquito” de cada cosa, en comparación con los precios de las cadenas de supermercados de la ciudad. Señala que logra ahorrar entre Bs. 50 y Bs. 100 por producto.

Preocupación por la llegada de diciembre
La cercanía del mes de diciembre también causa inquietud entre los consumidores. Oswaldo Ruiz señala que para esa fecha todos los rubros tienden a aumentar, incluso cuando hay mayor movimiento en los mercados.
“Por como se ven las cosas, la carne se va a disparar como lo viene haciendo el cochino. En menos de 15 días el kilogramo de cerdo, tanto en chuletas como en pieza entera, aumentó más de Bs. 600 en su costo”.
La creciente disparidad entre los precios de la proteína animal y los salarios ha vuelto a forzar un replanteamiento obligatorio de la dieta en los hogares venezolanos. Ante la imposibilidad de acceder a la carne, familias recurren a sustitutos de menor valor nutricional, como pollo, embutidos y huevos.
Este fenómeno no es una mera adaptación, sino un indicador contundente de la precariedad alimentaria que se ha normalizado en el país.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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