Entre recargas semanales, compras de emergencia y camiones cisterna, las familias destinan hasta el equivalente de tratamientos médicos esenciales para cubrir sus necesidades básicas de agua en la ciudad capital.

Caracas. Ana vive en Caricuao. El agua solo llega a la comunidad los viernes y sábado debido al estricto racionamiento en la zona y se ve obligada a recargar cuatro botellones todas las semanas, para cubrir el consumo de su hogar.

“La recarga de cada botellón me cuesta $1 porque salgo a buscarlos en mi carro, porque con delivery saldría mucho más caro. Estamos hablando de $16 mensuales, pero debo sumarle la propina al conserje para que me ayude a subirlos. Vamos a redondearlo a $20, es un gasto fijo porque nunca tengo agua de la calle”.

Las constantes fallas en el suministro de agua en distintas zonas de Caracas, sumadas a la deficiente calidad del servicio, obligan a los vecinos a comprar botellones y, en los casos más extremos, a recurrir a camiones cisterna para cubrir sus necesidades básicas.

Foto: Juan Carlos Salas

En el presupuesto familiar la compra de agua suele convertirse en un “gasto hormiga” por tratarse de gastos minoristas de bajo monto. Sin embargo, al sumar el costo total del mes, la cifra impacta cada vez más en el bolsillo debido a la inflación y a la continua devaluación del bolívar.

A pesar de que Ana tiene un filtro en su apartamento, desconfía del tratamiento y la calidad del agua y lo usa poco. Considera que aunque lo lave igualmente el servicio llega con mal olor.

“Esa agua solo la uso de vez en cuando para lavar alimentos o cocinar cosas hervidas; de resto, consumimos la de los garrafones”.

Aseguró que debe estar atenta al cronograma de recargas para no encarecer el presupuesto, ya que si se le acaba el botellón y está cerrado el local debe comprar botellas selladas, la cuales son más costosas. “Me cuesta $4 por garrafón, lo que descuadra por completo mi presupuesto”.

Foto: Cortesía comerciantes

“Todas las semanas pago más”

Arturo y su esposa, dos adultos mayores que viven en la parroquia El Valle, contabilizan su consumo semanal en un garrafón y una jarra de cinco litros, y pagan $3,5 semanales para que se los lleven a la puerta de su casa.

“Un muchacho nos trae el agua en moto y nos cobra $3,5 todas las semanas, pero como la tasa del dólar sube a diario, cada semana pago más en bolívares. Para quienes vivimos de una jubilación y de la ayuda de nuestros hijos, gastar $14 mensuales en agua pega en el bolsillo: eso me cuestan dos cajas de pastillas para la tensión”.

Comprar agua en la calle tampoco resulta económico, una botella pequeña oscila entre $1 y $1,5, mientras que la jarra de 5 litros supera los $6 en cualquier establecimiento.

“En estos días salí al banco y por el calor me paré en un kiosco a comprar una botellita y me cobraron $1,5. Me salió más cara el agua que el pasaje del autobús”, dijo Arturo.

Foto: Archivo Crónica Uno

Un gasto que se multiplica

Cuando la ausencia del servicio es total, la contratación de camiones cisterna multiplica el gasto de forma exponencial.

El valor del servicio varía según la capacidad del camión, la zona de entrega y la urgencia de la demanda. Una cisterna pequeña de 3000 a 5000 litros cuesta entre $50 y $70, mientras que las unidades de 10.000 litros rondan entre $80 y $110.

Las de mayor capacidad (13.000 a 20.000 litros) se cotizan entre $130 y $200, un servicio contratado principalmente por condominios y empresas.

Vecinos de Caracas se quejan del mal estado del agua.| Foto: Gleybert Asencio

Reinaldo Gómez, con más de 30 años en el transporte de agua en cisterna, sostuvo que la crisis de los servicios públicos mantiene a flote su oficio.

“Comprar una cisterna no es barato, no todo el mundo tiene $50 o $100 solo para el agua. Es un gasto importante, pero es lo que cuesta.

Explicó que los costos operativos justifican las tarifas: el mantenimiento del camión, la logística para acceder a zonas altas o de difícil acceso, el pago en los llenaderos y el combustible.

“El día que llegue agua a todas partes, el costo no será tan alto y volveremos al escenario de antes: cuando la gente nos contrataba solo para una emergencia, llenar una piscina o los tanques de un autolavado. Este problema lleva años y, por lo visto, ningún gobierno ha querido resolverlo”, concluyó.

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