A seis días del asesinato dentro de la casa del comisario jubilado del Cicpc, Heberto Alfonzo, los vecinos siguen hablando de lo sucedido y tienen más miedo que nunca de convertirse en víctimas del hampa.

Caracas. “¿Te enteraste de lo que pasó en Villa Heróica?”, fue lo primero que le preguntaron a Darío Pérez —nombre ficticio por seguridad— al montarse en el taxi porpuesto que toma desde La California hacia Guatire, estado Miranda.

La pregunta de la señora, otra pasajera que iba sentada a su lado, no lo tomó por sorpresa, pues antes de salir de la oficina revisó la red social Twitter y leyó un tuit de un periodista de la fuente de sucesos, que hablaba de una «situación irregular» en la urbanización de clase media Villa Heróica. Sabía que pasaba algo grave, porque no solían hablar tanto de su pueblo.

Aquel martes 27 de septiembre corrió como pólvora la noticia del asesinato de la familia de un comisario jubilado del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Tal fue la conmoción que, por primera vez, la urbanización Villa Heróica de Guatire era tendencia en las redes sociales.

Al llegar a su casa, Darío se encontró también con la impresión de sus parientes. Ya la información estaba un poco más clara, se conocía por los medios de comunicación que las víctimas del dantesco crimen eran la esposa del comisario jubilado, su hermana, su cuñada, la doméstica y el hijo de ella.

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La madrugada del miércoles, el grupo de vecinos que baja a pie hacia el terminal por miedo a ser víctimas del hampa —sobre todo en la calle Zamora— tocó el tema durante todo el trayecto. Lo mismo se hablaba en supermercados, paradas de autobús, unidades de transporte, Guatire estaba completamente sobrecogida.

“A todos nos conmocionaba mucho la edad del muchacho implicado (15 años), a esa edad lo máximo que yo hacía era ir al cine. Y nos preguntábamos si la mamá estaba al tanto de que él era delincuente, o solo quería proteger su trabajo, sacábamos muchas hipótesis”, soltó.

A seis días del crimen, el tema sigue en boca de los guatireños, al igual que el temor a ser presa de la delincuencia dentro de su vivienda.

Justina Piñango —nombre ficticio por seguridad— ya casi no habla con sus vecinos y si alguien le pregunta algo en la calle se hace la loca. Tiene miedo de ser sometida en su apartamento y convertirse en otra víctima más de la violencia.

“No quiero ni que los amiguitos de mi nieto vengan a la casa, ahora desconfío de todo el mundo y temo que nos pase algo. Si eso le sucedió a la familia de un Cicpc, qué puede quedar para los demás. Esto fue una tragedia”.

Los vecinos de Justina, en la urbanización Castillejo, también quedaron sumamente tocados por el quíntuple homicidio, tratan de no comentar su vida personal con nadie y apenas llegan a la casa se encierran bajo llave.

“Hago todo dentro de mi casa, igual mis vecinos. Ya nadie quiere salir por aquí, la inseguridad nos tiene muy nerviosos”, sostuvo Justina.

Otra habitante de Guatire, quien prefirió no identificarse por miedo, manifestó que en su casa todos están muy nerviosos porque los delincuentes no se conforman solo con robar, sino que tienen que quitar la vida a personas inocentes: «La inseguridad está horrible, se supone que dentro de la casa estamos seguros y ahora andamos con los nervios de punta».

Delincuentes en complicidad con el hijo de la doméstica

El pasado martes 27 de septiembre fueron asesinadas cinco personas dentro de la quinta número 260, en la calle 1 de la urbanización Villa Heróica, municipio Zamora de Guatire.

Entre las víctimas, están la esposa del comisario jubilado, Yamileth Barrios Rodríguez, de 41 años; su hermana, Xioraima Margarita Alfonzo Olano, de 45 años; su cuñada, Yojana Chiquinquirá Díaz; la doméstica Liliana Characo Monroy, de 36 años; y el hijo de ella, José Characao Monroy, de 15.

Fuentes policiales expresaron que el adolescente fue quien llevó a los delincuentes a la casa, pues más temprano vio que las mujeres estaban contando un dinero que depositarían en el banco, producto de su trabajo con una flota de autobuses.

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Un allegado a la familia indicó a Crónica.Uno que el menor entró a bordo de un taxi rojo y tocó la puerta. Como era conocido, el empleado de jardinería, Pedro —quien resultó herido en la cabeza momentos después— le abrió sin problemas, y tras él entraron dos sujetos más.

Maniataron a todos en la terraza. Se presume que les dispararon porque la doméstica reconoció a los amigos de su hijo.

Los antisociales encerraron en un cuarto a la madre del comisario Heberto y a sus tres nietos, de 14, 12 y 5 años, luego de que ella se les arrodillara y les suplicara a los hampones que no los asesinaran.

Fuentes del Cicpc comentaron que los malandros se llevaron cuatro escopetas, dos fusiles AR15, una pistola calibre .9 milímetros, joyas y la cantidad de 2.300.000 bolívares en efectivo. Determinaron que el móvil del hecho fue robo.

Darwin José Rodríguez Mesías, de 26 años, y Elkin Álvarez Medina, de 56 años, fueron detenidos la noche del pasado martes por funcionarios de la Policía del municipio Plaza y la Policía del municipio Zamora, que realizaron un despliegue entre Guarenas y Guatire.

A Rodríguez le decomisaron varios cargadores, prendas de las víctimas y una maleta llena de dinero, tal y como notificó la nota de prensa del Ministerio Público (MP).

Foto: Yohana Marra


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