En la mayoría de los hospitales con mayor capacidad instalada de atención en Caracas rechazan a pacientes graves por emergencia debido a falta de laboratorio, radiología y otros insumos. El “ruleteo” entre centros sin insumos convierte urgencias en un peregrinaje mortal, alertó Huniades Urbina, presidente de la Academia Nacional de Medicina.

Caracas. A las 9:00 p. m., *Alejandra, de 38 años, sintió un fuerte dolor de pecho y cabeza, la boca se torció y el brazo derecho se puso morado, síntomas de una emergencia médica grave, que exigían atención inmediata.

Sus familiares corrieron a la emergencia del Hospital Dr. Miguel Pérez Carreño, uno de los principales centros públicos de referencia en Caracas, pero los médicos de guardia se negaron a atenderla porque “estaban cenando”, una respuesta que resume el colapso de un sistema donde las puertas están abiertas, pero la atención se posterga, deriva o niega.

Tras recibir una respuesta que consideraron arrogante y la orden de “llevársela porque no tenían cómo atenderla”, la familia se trasladó al Periférico de Catia, otro hospital público en oeste de la ciudad al que suelen acudir pacientes cuando no consiguen atención en el primero.

Allí, en primera instancia no quisieron recibirla. La atención llegó cuando un conocido que trabaja en otra área del hospital intercedió. Los médicos de guardia, molestos por la presión, le brindaron los primeros auxilios.

Sin embargo, la estabilización fue precaria, el diagnóstico definitivo de Alejandra tuvo que ser realizado días después en una clínica privada, lo que muestra que la atención inicial no siempre basta para resolver el caso dentro del sistema público.

Foto: Crónica Uno

Especialistas consultados por Crónica Uno afirmaron que las emergencias operan bajo el colapso y que sigue evidenciándose como los pacientes que refieren a otros centros o al sector privado para estudios básicos, lo que es “un ruleteo formal para buscar respuesta”, una expresión que describe el peregrinaje del paciente de un hospital a otro en busca de atención.

“El ruleteo persiste de manera ininterrumpida. Esto obliga a saltar de un hospital a otro debido a la falta de insumos o servicios. Este retraso es peligroso en patologías tiempo-dependientes”, advirtió, Huniades Urbina, presidente de la Academia Nacional de Medicina. 

Colapso estructural

El especialista en salud pública explicó que el solo hecho de que un hospital tenga las puertas abiertas no significa que dé respuesta. Los hospitales deberían resolver emergencias, pero para ello se requiere una tríada de diagnóstico que no funciona: laboratorio, imagenología y anatomía patológica, tres áreas básicas para confirmar enfermedades, ubicar lesiones y definir tratamientos.

Agregó que la inoperatividad de los laboratorios bajó a 70 % y la falla es estructural.

Al no haber una política de abastecimiento, hay un profundo desabastecimiento en emergencias, quirófanos y terapias intensivas, los espacios donde se atienden pacientes que necesitan diagnóstico rápido, cirugías urgentes o vigilancia permanente.

Sobre el hospital Pérez Carreño, que históricamente fue el gran receptor de urgencias, alertó de un decliven sin mejoras. De acuerdo con su monitorero, se observa que la respuesta ante emergencias es muy baja.

Además, reveló, están rechazando pacientes por falta de radiología, insumos o laboratorio. El sinfín de causas por las que mandan al paciente a otro centro es grande, puntualizó, y ese traslado se ha convertido casi en la única respuesta de atención, aunque en la práctica retrasa la solución del problema y muchos casos es costeada por el propio paciente o familiares.

Foto: Crónica Uno

Solo con “palanca”

En el Hospital Universitario de Caracas (HUC), la estructura de la emergencia luce remodelada, pero la puerta permanece cerrada. Para entrar, hay que tocar y esperar que abran.

Durante una visita de Crónica Uno, seis personas esperaban por atención, ya habían intentado verse por el triaje del ambulatorio, la clasificación inicial que define a quién se atiende primero según la gravedad; y allí las rechazaron. El hospital tampoco quería recibirlas.

“La emergencia está colapsada, todas las sillas están ocupadas, las camas ocupadas y los doctores atendiendo los casos. Vayan al ambulatorio u otro centro”, dijo un médico desde la puerta.

Josefina* tuvo que pasar por el “no” de tres doctores antes de lograr un cupo para su madre con una patología cardíaca en el hospital. Lo logró solo por “palanca”, una forma coloquial de referirse a la influencia o el contacto personal que abre puertas. No obstante, antes había llevado a su madre al Hospital Vargas y al Periférico de Coche.

“Tenemos seis días aquí. Me hicieron firmar un papel que dice que no piden insumos, pero me toca traer desde la comida para los doctores hasta los insumos médicos”, relató.

En 2019, una investigación de Crónica Uno evidenció que los venezolanos debían “ruletear” hasta tres centros antes de que los admitieran en un hospital. En 2024, Nicolás Maduro instó a los directores de hospitales a acabar con el ruleteo, pero en la práctica, la orden no llegó a los hospitales, porque el problema depende menos de un anuncio que de la capacidad real de los centros para recibir y resolver pacientes.

Urbina, quien ejerce como pediatra intensivista, recordó que la crisis hospitalaria venezolana alcanzó niveles críticos en 2016 cuando se empezó a denunciar la existencia de una Emergencia Humanitaria Compleja.

10 sueldos mínimos | trabajadores de la salud
Foto: Crónica Uno

Apenas 0,8 %

El médico señaló que, a diferencia de épocas anteriores donde los problemas se solventaban progresivamente, actualmente el sistema está fragmentado y con recursos mal invertidos, una situación que dificulta coordinar servicios, comprar equipos y sostener el funcionamiento básico.

“Mientras la OMS recomienda destinar al menos 6 % del PIB a la salud, estimaciones indican que Venezuela solo asigna 0,8 %. Se han priorizado gastos en infraestructura superficial en lugar de equipamiento funcional”, cuestionó.

Un hombre herido por una caída fue referido del Periférico al Lídice tras recibir solo los primeros auxilios. Horas después, una mujer de la tercera edad, víctima de arrollamiento, llegó al centro, pero no fue admitida por falta de insumos y especialistas, dos carencias que pueden transformar una urgencia tratable en una espera de alto riesgo.

El desabastecimiento de suministros en las áreas de emergencia de los hospitales públicos en Venezuela se situó en 36 % durante el primer semestre de 2024, según la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH).

Organizaciones no gubernamentales como Provea han reiterado que la falta de transparencia en las donaciones impide saber si los recursos llegan al hospital, lo que deja sin claridad el recorrido de medicamentos, equipos y materiales que deberían reforzar la atención.

Opacidad y escasez

Aunque el Gobierno ha activado recientemente un plan nacional de recuperación integral de hospitales para mejorar infraestructura y servicios, el especialista denunció la opacidad en el manejo de recursos, un problema que dificulta evaluar si los anuncios oficiales se traducen en mejoras concretas.

“Nos enteramos por redes cuando un director publica una foto. A veces llegan insumos de adultos a hospitales de niños y no pueden usarse. Hay una oscuridad total sobre las compras o planes de inversión”,

expuso Urbina.

Para el especialista, los planes de infraestructura actuales son tardíos. El mantenimiento debe ser continuo. “Si no hay un plan preventivo, terminas con hospitales sin baños, sin lámparas en los servicios y sin oxígeno que llegue al sistema central, fallas básicas que afectan desde la higiene hasta la seguridad de los pacientes”.

Alejandra y Josefina aún arrastran las secuelas de aquellas noches de dolor y rechazo en las emergencias.

Las puertas de los hospitales públicos de Caracas continúan como testigos de la misma escena: familias con urgencias graves que llegan, golpean una y otra vez para que les abran, esperan horas bajo la lluvia o el sol y, al final, escuchan la respuesta de siempre: “vayan a otro centro”. El ciclo se repite, idéntico a hace diez años, sin que nada cambie.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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