Iglesias deben invertir en el refuerzo de la seguridad por constantes robos

Al menos cuatro parroquias de Caracas fueron robadas durante la cuarentena. Los sacerdotes asumieron las reparaciones de los destrozos que cometieron los delincuentes en las iglesias, con poco presupuesto, pues por la pandemia de COVID-19 no hubo actividades religiosas por casi ocho meses y no recibieron donaciones de los fieles.

Caracas. Las puertas de las iglesias permanecen cerradas con candado. Las ventanas tienen refuerzos, al igual que cualquier parte que pueda servirle a los delincuentes para entrar a los templos, causar destrozos y robar lo que puedan. 

Aquella costumbre que tenían los feligreses de pasar por el santuario, cuando quisieran agradecerle a la Virgen María o a un santo, quedó atrás. Por medidas de seguridad los templos abren sus puertas antes de la celebración de una misa. 

En la iglesia San Rafael Arcángel de Lomas del Ávila, en Palo Verde, en el municipio Sucre, hasta talaron los árboles, porque presumen que les servían de escalera a los hampones. En esta parroquia han hecho gran cantidad de modificaciones en la estructura para mejorar la seguridad, pero igual roban.

En la parroquia de Palo Verde presumen que los árboles les servían a los delincuentes para montarse en el techo. Foto: Luis Morillo

Solo en lo que va de año han sufrido entre cuatro y cinco robos, casi todos durante el confinamiento. Hasta los materos se llevaron. El párroco Ronny Pérez contó que han reforzado las rejas con más tubos, para evitar que alguna persona se meta entre los espacios, también han puesto más seguros a las puertas, instalaron cámaras de seguridad, cercado eléctrico y un camino de vidrios en las paredes. 

Desde que empezó la cuarentena en el país, el 16 de marzo, por la pandemia de COVID-19 la actividad parroquial disminuyó, también cesó el flujo de vecinos en las comunidades y la soledad facilitó el trabajo a los delincuentes para ingresar a los templos

El 1º de noviembre las iglesias recibieron nuevamente a los fieles, tras casi ocho meses de confinamiento. Hasta el 18 de noviembre en Venezuela había 98.350 contagios del nuevo coronavirus y 860 fallecidos. 

Por la disminución de misas los donativos que recibían las parroquias disminuyeron considerablemente, por esto resulta un gran esfuerzo para los curas fortalecer la seguridad y recuperar las áreas destruidas durante los robos. Algunos padres hacen los arreglos ellos mismos, otros compran faros para mejorar la iluminación, porque son pocos los postes municipales que tienen luz, y adquieren más candados o cerraduras.

Las parroquias viven de las donaciones en las misas, en las comuniones, los bautizos o en las bodas, y desde marzo las parroquias no han percibido nada hasta el 1º de noviembre. Si había que hacer gastos de mantenimiento ha sido con ayudas muy particulares, si se rompe una tubería alguna familia ayuda. Al no haber actividad pastoral, no hay ofrendas que es lo que sostiene las parroquias, explicó Enrique Yanes, arcipreste de la zona Petare-La California.

En octubre un grupo de delincuentes ingresó al templo San Rafael Arcángel a través del techo y cargaron con las cornetas que se utilizaban para las misas y faros led. Además de la inversión para reponer lo robado, también se tuvo que gastar dinero en reparar los destrozos o reponer las luces, que cuestan entre $50 y $60. Las reparaciones rondan los $500.

En ocasiones los refuerzos de seguridad no impiden que los delincuentes se lleven faros Foto: Luis Morillo

Primera vez que entran al templo, siempre los robos eran en la parte externa. Abrieron el Santísimo, pero fueron más los destrozos. Abrieron las cajas de las ofrendas, pensaron que seguro había algo, contó el sacerdote.

En junio de 2019 ocurrió uno de los hurtos más representativos de la parroquia: se llevaron dos campanas, una de ellas de bronce, de 40 kilos cada una. Es un misterio saber cómo bajaron ambas del campanario, nadie escuchó.

Retomé la costumbre de tocar las campanas todos los domingos antes de las misas y había designado a un encargado para que lo hiciera. Ese domingo las campanas no sonaron y me extrañó, la semana siguiente las fui a tocar yo mismo y no estaban.

En la parroquia ya no suenan las campanas y se desconoce cuándo lo vuelvan a hacer, porque no se han podido comprar otras. Ni he preguntado el precio, porque debe ser muy costoso

Hace un mes aproximadamente el sacerdote Pérez solicitó una donación a la Alcaldía de Sucre, para levantar unas paredes y reforzar la seguridad de la casa parroquial. Espera unos sacos de cemento prometidos, así como el donativo para comprar un tanque de agua, pues les llega el servicio una vez a la semana.

En el mismo municipio Sucre, pero en la iglesia San Lucas Evangelista, de El Llanito, el párroco también perdió la cuenta de los robos este año. Dos fueron durante un fin de semana. Se llevaron aproximadamente 3000 dólares entre herramientas y maquinaria, que estaban guardados en el porche, y el sonido que se usa para las procesiones de la comunidad. 

Se han llevado micrófonos, en los salones de la parroquia se han llevado casi todos los ventiladores. Un señor tiene guardados objetos personales en estos espacios y se llevaron cosas de él. Lo que más se sufre en la parroquia es que cada vez que entran destruyen, los ventiladores los arrancan de la pared, contó una persona allegada a la parroquia, quien prefirió no revelar su nombre por miedo. 

Los micrófonos, cornetas y luces son otros de los objetos con que cargan los delincuentes Foto: Gleybert Asencio

En hurtos anteriores los delincuentes se llevaron las cámaras de seguridad y destrozaron el circuito. También causaron daños en puertas, ventanas y los muebles en los que reposan algunas imágenes sagradas. Los arreglos que puede los ejecuta el mismo párroco, para ahorrar dinero. 

La iglesia Nuestra Señora de Coromoto, en El Paraíso, sufrió un robo el 28 de septiembre. En un comunicado contaron que forzaron todas las puertas de las criptas donde se imparte la catequesis y los actos parroquiales, destrozaron puertas de madera, abrieron el sagrario e intentaron llevarse unas láminas color oro, pero no pudieron. 

Lograron subir a los balcones y se llevaron un hidrojet color amarillo, un taladro profesional y dos reflectores (el de la Virgen y el pequeño de colores que alumbraba el Cristo). Las autoridades de la GNB se hicieron presentes para revisar todos los lugares de la iglesia, expresó el presbítero Jonathan González, en un comunicado.

Días después publicaron en sus redes sociales que incrementaron las medidas de seguridad con la instalación de luces led y con refuerzos en las puertas.

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A principios del mes de noviembre hubo un tiroteo cerca de la parroquia San Rafael Arcángel, en Palo Verde. Eran las 3:00 a. m. cuando el padre Pérez escuchó las detonaciones, pero por seguridad se quedó en su habitación. A la mañana siguiente se dio cuenta de que una bala perdida había impactado en la parte de abajo de la casa parroquial

Aquí suelen escucharse tiroteos. Hay un aviso afuera de la parroquia y tiene dos impactos de bala, también hay otro en la fachada de la casa, añadió. 

La bala perdida impactó en la planta baja de la parroquia. Foto: Luis Morillo

El párroco anterior sufrió aproximadamente 16 robos. En una oportunidad lo amarraron y lo amenazaron de muerte si no conseguían algo de valor. Además le robaron su vehículo y ahí cargaron con las pertenencias de su casa, incluso con dinero.

Las hermanas del colegio Jenaro Aguirre de Fe y Alegría huyeron de la parte alta de José Félix Ribas, durante los enfrentamientos entre la megabanda de Wilexis y la banda del Gusano, por control territorial, registrados entre finales de abril y mayo de 2020.

Lo voy a aclarar por aquí. Las hermanas del colegio tuvimos que irnos por unos días del barrio porque entró una bala hasta el pasillo en el que estábamos refugiadas durante el tiroteo. Y la madre general y la delegada nos dijeron que nos fuéramos a otra parte hasta que pasara todo, escribió en su Twitter la hermana Marisela Mujica, aunque después fue eliminado.

En José Félix Ribas los delincuentes se enfrentaron durante seis días seguidos. Los vecinos relataron a Crónica.Uno que vivieron una pesadilla durante los tiroteos, debían dormir debajo de las camas o en habitaciones que no tenían ventanas, por miedo a las balas perdidas. El 8 de mayo el gobierno de Nicolás Maduro desplegó un operativo para capturar a miembros de estas bandas, pero no se conoció un parte oficial. 

Luego del decreto de la cuarentena para prevenir los casos de COVID-19, entre marzo y abril, delincuentes robaron al menos cuatro veces en el Colegio San José de Tarbes de El Paraíso. La Arquidiócesis de Caracas denunció, a través de Twitter, que las hermanas que habitan en el plantel corrían peligro y temían ser víctimas de un ataque.

Los delincuentes se llevaron ventiladores, lavadoras, licuadoras, computadoras, impresoras, material administrativo y de oficina. 

Las hermanas dijeron que se retiraron del barrio, porque su vida podría estar en riesgo. Foto: @FeyAlegriaVE

En San Carlos, estado Cojedes, el sacerdote José Manuel de Jesús Ferreira, fue asesinado afuera del Santuario Eucarístico San Juan Bautista, el 20 de octubre. Polito Rodríguez, obispo de la diócesis de San Carlos, indicó en un comunicado, que la víctima despedía a unos fieles, luego de oficiar una misa, y fue interceptado por varios hombres que intentaron robarlo. 

Sacerdotes consultados por Crónica.Uno contaron que sienten temor de los robos en las parroquias, muchos viven solos o con personas mayores y no tienen cómo defenderse. También se sienten desprotegidos, las pocas veces que denuncian no se sienten a gusto con el trato de la policía. 

Por eso muchos hurtos no son denunciados ni a la policía ni se hacen públicos, por temor a ataques o por amenazas, se callan. Los párrocos se encargan de reforzar la seguridad y tratan de reparar los daños ocasionados por los delincuentes. 

En 2013, el párroco Marcos Antonio Robayo Cárdenas, de 80 años de edad, fue atacado a golpes en la iglesia San Martín de Porres, en la UD-2 de Caricuao. En la madrugada del 16 de enero, tocaron la puerta de la iglesia y el padre, junto con su sobrina, tocaron las campanas en alerta. Momentos después fue a verificar que todo estuviera en orden en la parte externa y un joven lo atacó, y le robó un reloj. Tres hombres fueron detenidos.

Así quedó el sacerdote luego de la golpiza. Foto: Cortesía La Voz
Inseguridad también perjudica a los fieles 

Los feligreses y hasta el grupo de misioneras de la caridad Hermanitas Teresa de Calcuta, de Petare, fueron víctimas del hampa afuera de las iglesias en cuarentena. En octubre el grupo de religiosas asistió a una misa en la iglesia Nuestra Señora del Rosario, en La California, y al salir habían hurtado la batería y la computadora de la camioneta en la cual se trasladaban.

El sacerdote Enrique Yanes, arcipreste de la zona Petare-La California, contó a Crónica.Uno que tuvieron que regresar en una grúa que les cobró $60 hasta Petare.

También cuando fui párroco en El Marqués tuvimos que poner un vigilante en el estacionamiento, por los constantes robos que se cometían cuando los feligreses estaban en la misa, dijo.

Durante el confinamiento los sacerdotes registraron que hubo hurtos afuera de las iglesias, principalmente de baterías de vehículos. Pero también atracaron a fieles, como ha sucedido en distintas ocasiones en la iglesia Nuestra Señora del Rosario. 

Una señora que llegaba a misa, con una torta, fue atracada afuera de la parroquia en El Llanito. También una señora que hacía ejercicios afuera, le robaron el celular, la zona es insegura y oscura. De tres faros led solo queda uno y estamos pidiendo a Dios que no se queme, contó una fuente de la iglesia San Lucas Evangelista. 

A las ventanas les hacen refuerzos tras cada incursión del hampa. Foto: Gleybert Asencio

En Palo Verde, en los alrededores de la iglesia San Rafael Arcángel también se han cometido hurtos, es muy común escuchar que a un vecino lo atracan en la zona.

Residentes de la avenida Las Fuentes, donde se ubica el santuario Nuestra Señora de Coromoto, aseguran que la zona es peligrosa por la cantidad de delitos que presencian. 

Las calles en la cuarentena estuvieron muy solas, cuando comenzó la flexibilización se comenzaron a ver más personas en la calle. Son frecuentes robos de carros y a quienes van caminando, agregó una vecina. 

Reducción de horarios por miedo

Luego de que se restablecieron las actividades eclesiásticas, los sacerdotes tratan de no celebrar las misas tan tarde.Trato de que la última sea a las 5:00 p. m. Además evito salir de noche, a menos que sea por un enfermo que esté muy grave o una emergencia, dijo el arcipreste Yanes.

Ahora que se acerca diciembre, en las iglesias se plantean horarios muy tempranos para las misas, a fin de evitar que algún fiel sea víctima del hampa. En la iglesia San Rafael Arcángel, de Palo Verde, posiblemente este diciembre se lleve nuevamente el horario de las misas a las 5:00 p. m.

En la iglesia San Lucas Evangelista de El Llanito se robaron las cámaras y destruyeron el circuito. Foto: Gleybert Asencio

Hace 15 años se celebraba la Misa de Gallo a la medianoche, ya no, el año pasado la hice a las 7:00 p. m. y este año pienso hacerla a las 6:00 p. m. Igual la misa de resurrección, Las misas de aguinaldo se solían celebrar antes del amanecer, pero este año la haré a las 6:30 a. m., recuerdo que cuando era monaguillo, hace muchos años, yo tocaba las campanas en Baruta a las 4:30 a. m., dijo Yanes.

Son pocos los párrocos que denuncian a la policía, por lo engorroso que suelen ser estos procesos, por miedo o porque simplemente no confían en las autoridades. Muchos delitos pasan desapercibidos y los sacerdotes asumen las reparaciones. 

El párroco de Palo Verde, Ronny Pérez, llamó al VEN 911 en uno de los últimos robos, pero le pidieron que se dirigiera hasta la sede del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). “Lo ideal era que mandaran una patrulla a verificar qué estaba pasando”.

Los sacerdotes agradecen el apoyo de la comunidad para combatir la inseguridad, pero exigen al Estado que incremente el patrullaje y se iluminen las comunidades, para disminuir los hechos delictivos. 

Foto principal: Luis Morillo

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