El puente se cerró por la rotura de un tubo de Hidrocapital y hoy es causa de congestión y cambios de rutas de transporte público. Pese a que hay maquinaria pesada trabajando en el lugar, los obreros desconocen la fecha de culminación de las reparaciones. Mientras, conductores y peatones se las ingenian para llegar a sus destinos, en un lugar sin semáforos ni fiscales que pongan orden.

Caracas. Más de cinco meses han pasado desde que se rompió el tubo matriz de agua potable que está debajo del elevado de La Yaguara, inaugurado en noviembre de 2014. El resultado: cierre parcial de una parte de la avenida Intercomunal de Antímano, congestión vehicular y angustia para habitantes y transeúntes, pues el transporte –ya de por sí deficiente– escasea para quienes tienen que trasladarse desde la estación del Metro La Yaguara, en dirección al centro de Caracas.

En septiembre de 2018, Crónica.Uno estuvo en el lugar constatando la rotura. Autoridades de Hidrocapital y la Alcaldía de Caracas también llegaron al sitio a tratar de solventar la falla. Actualmente, si bien hay maquinaria en el puente trabajando en la reparación, el panorama no luce alentador. Tan solo un canal está habilitado para el paso de los carros en ambos sentidos, lo que genera caos y desorden en la vía, pues los semáforos no funcionan y tampoco hay fiscales de tránsito que controlen la situación.

La intersección entre el puente Montalbán-La Yaguara, la avenida Intercomunal y la subida hacia El Junquito es el escenario más problemático. Todos los conductores quieren pasar primero, los peatones se lanzan a la vía y el ruido de las cornetas no cesa durante todo el día, pero se intensifica en las horas pico. Yelitza Arteaga, habitante de Carapita, asegura que ha tenido que adecuar su horario para llegar temprano a su lugar de trabajo.

«Yo trabajo en El Paraíso y hasta el año pasado prefería tomar una camionetica que me dejara en el puente Santander a tener que calarme los retrasos del Metro, pero ahora uno puede pasar hasta 15 minutos en ese desorden. Hagas lo que hagas, llegas tarde», señaló Arteaga.

Y aunque hay choferes que prefieren luchar para continuar su ruta habitual, otros optan por desviarse a la autopista Francisco Fajardo y llegar hasta la estación La Paz por el puente de Los Leones, como pudo constatar el equipo de Crónica.Uno. Esta situación no solo ha afectado a los habitantes de Carapita, Antímano y La Yaguara, sino a personas de Catia, 23 de Enero o Propatria que laboran en las pocas empresas que aún sobreviven en la Zona Industrial.

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«Las camionetas que bajan desde La Silsa hasta acá tardan en pasar y cuando consigues tomar una, te tienes que calar esta cola», mencionó un joven al bajarse de la unidad y seguir su camino a pie hasta su trabajo, pues la unidad llevaba más de diez minutos detenida justo donde empieza el elevado.

Foto: Alberto Torres

Quienes pretenden ir al hospital Miguel Pérez Carreño ven limitadas sus opciones. Fernando Sotillo tiene a su hermana hospitalizada allí, vive en Petare y todos los días debe decidir entre caminar desde las estaciones La Yaguara o La Paz, esperar pacientemente el Metrobús que sale desde La Paz o «ligar» que pueda montarse en una buseta y que no se encuentre con el embotellamiento que ahora es común debajo del elevado.

Un transeúnte criticó que las calles de la capital ahora parecen «de pueblo» haciendo alusión a la cantidad de huecos, deformaciones, tierra y polvo que caracterizan a algunas zonas caraqueñas.

Una señora, con sus dos hijas, preguntaba a viva voz: «¿Dónde se agarra el Metrobús que va hasta el (hospital) Algodonal?» Nadie responde, nadie sabe. Otra escena que alimenta el caos.

La obra de 300 metros, parte de las «soluciones viales» del ex ministro de Transporte Haiman El Troudi, que permitía circular más de 15.000 vehículos diarios y ahorrar más de 30 minutos de viaje a los conductores, hoy es un dolor de cabeza para propios y extraños de la zona. En la página del Ministerio de Transporte tampoco se hace alusión al término de la reparación.


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