«Mi nieto no tenía problemas del corazón. Falló la luz, eso fue lo que pasó»

Quien así se expresa es Yameli Parra, la abuela del pequeño Argenis David Ugas Bracho, una de las tres personas que murieron en la UCI del Hospital Universitario de Maracaibo durante el apagón del pasado 15 de octubre. Extraoficialmente se habla de que ese día, cuando la luz faltó por más de 12 horas, murieron tres personas más en otros hospitales del estado. Crónica.Uno estuvo en la casa de la familia del bebé.

Maracaibo. En la casa de la familia Ugas Bracho no cabía la felicidad desde que supieron de la llegada de otro miembro de la familia. Desde el primer mes del embarazo de Joheiny Bracho, de 29 años, los cuidados no le faltaron. Esta familia, oriunda de La Cañada de Urdaneta, hizo hasta lo imposible para asegurarse de que el pequeño Argenis David, como decidieron llamar al segundo de sus hijos, viniera sano.

Todo iba muy bien. El parto fue asistido en la Maternidad Castillo Plaza, el pasado 10 de octubre. El niño nació con una hernia umbilical y lo trasladaron el 11 al cuarto piso de la torre pediátrica del Hospital Universitario de Maracaibo para ser atendido, pero un apagón le arrancó la vida a los cuatro días de nacido.

Andrea Villazmil, tía del bebé, contó conmovida, a las afueras de la funeraria, lo que ocurrió. «Él estaba bien, solo presentó fiebre el sábado y llevamos la medicina. El lunes fuimos a llevar otros insumos que nos habían pedido y no había luz. La doctora pidió que subieran los familiares de Argenis. Ahí nos dijo que ella estaba preocupada, no tanto por la fiebre sino por la luz. ‘Pídanle mucho a Dios para que la luz regrese pronto porque esto es preocupante’. Nosotros tuvimos que darle ventilación manual hasta que los bomberos llegaron con la planta para darle lo que él necesitaba, pero los bomberos se tardaron un poco y el bebé le faltó respiración y estaba un poco complicado. Nos pidió otros insumos y nosotros salimos a buscarlos, pero nos dijo: ‘Si quieren se quedan aquí abajo, si pasa algo yo les aviso’. Eso fue a las 10:00 de la noche más o menos, el papá se quedó, pero no nos dijeron nada hasta el otro día».

Aunque el acta de defunción dice que el pequeño murió por cardiopatía congénita, los familiares desmienten esa versión. La tía del bebé confesó:

La doctora dijo que el bebé no recibió la respiración que necesitaba porque la planta no abastecía a los 12 niños que tenían ahí con ventilación mecánica».

Ese momento fue muy difícil. Esa noche se habían quedado mi esposo y mi hermano. Cuando la planta se apagó, a las 3:00 de la mañana, a él no le dieron los pies para subir al cuarto piso donde tenían a mi sobrino y mi hermano se desesperó, comenzó a llorar. Nosotros nos damos cuenta de que murió el martes 16 en la mañana. La doctora todavía estaba de guardia. Llamó a los familiares, estaba mi mamá. Y ella le dijo: «Le tengo una mala noticia, el bebé hizo una parada respiratoria. Logramos reanimarlo, pero no soportó el paro».

«Es mucho dolor, mucha impotencia, porque estuvimos nueve meses ilusionados, luchando para que naciera bien y lo queríamos con nosotros. Se sabe que Dios es el dador y quitador de vida, pero así no. Ya no podemos seguir así. Yo no puedo creer que haya tanto problema de electricidad. Mi sobrino murió porque no había luz».

Yameli Parra, abuela de Argenis, no podía contener el llanto. Frente a su nuera fingía estar tranquila, pero una vez que salió de la habitación de su casa, donde cuida a la mamá del pequeño de la cesárea, no pudo contenerse más y soltó entre lágrimas:

Ya estábamos acomodando el clóset del bebé. Ya teníamos todo, su ropita, sus cosas. Desde el primer mes la llevé al médico. Todos me decían que su corazón estaba bien. ‘Quédense quietos, él solo trae el problema de la hernia, pero es totalmente corregible. Su corazón, su cabeza y su cuerpecito están bien formados y sanos’. Yo lo escuchaba y le hacía pucu pucu. El nació bien, pesó cuatro kilos y midió 53″.

Argenis permaneció cinco días en incubadora recibiendo tratamiento para su hernia, pero el lunes un apagón general que afectó 14 estados del país le quitó la vida.

En una visita al apartamento de la Gran Misión Vivienda donde viven los esposos, en el sector Villa Camelia de la Cañada de Urdaneta, su abuela aprovechó para mostrarle a Crónica.Uno todo lo que tenían listo para la llegada del varón de la familia. «Mi nieto no tenía problemas del corazón. Falló la luz, eso fue lo que pasó. Era un bebé bello. Por eso la doctora dijo, apenas falló la planta del hospital: ‘Mija, si son católicas, cristianas, lo que sea, arrodíllense delante de Dios para que venga la luz porque sino se va a complicar’. Yo amanecí orando, cuando llegué al hospital subí y me dijeron que se había muerto la noche anterior, le dio un paro. Y también se murió otro señor en la UCI por falta de luz a la misma hora».

Después de calmar su llanto, la abuela fue tajante: «Yo era chavista, pero con esto no. Este desastre me quitó a mi nieto».

Cuando se va luz en los hospitales solo queda la muerte

Ante este hecho, Hania Salazar, presidenta del Colegio de Enfermeras del Estado Zulia, se pronunció. «Cuando se va la luz los profesionales de la salud entramos en crisis, especialmente nosotros que estamos con el paciente, porque sentimos impotencia de no poder hacer mucho al saber que, cuando se va, lo más seguro que tienen es la muerte. Eso fue lo que pasó el día lunes que nos quedamos por más de 12 horas sin electricidad y eso afectó a los hospitales. En el Hospital Universitario de Maracaibo no respondió la planta eléctrica porque solo duró dos horas y teníamos pacientes en la Unidad de Cuidados Intensivos tanto neonatal como de adultos. Los profesionales de la salud trataron de mantener vivos a los pacientes hasta donde pudieron, dándoles oxígeno manualmente, que es lo que nos queda en una emergencia de este tipo, pero eso nada más puede durar, máximo, dos horas, no 12 horas, porque sabemos que lo más seguro es que mueran. Se apoyaron con la luz de celulares porque eso es lo máximo que podemos hacer. Esto es de verdad alarmante, se tiene que resolver porque nuestros hospitales se han convertido en una morgue grande«.

Según explicó Salazar, en la Unidad de Cuidados Intensivos del Universitario existen cinco cupos: tres de adulto y dos neonatal. La enfermera confirmó: «De esos murieron dos adultos y un neonatal. Entonces, ¿en qué nos estamos convirtiendo? En cómplices de la muerte, porque no podemos dar absolutamente nada. Esto sucedió ese día puntual, pero, a diario, cuando llegan pacientes con heridas de bala, hemos tenido la experiencia de conseguirlos  en camilla, desangrándose, y nadie puede hacer nada porque no hay guantes ni solución, porque los familiares no han conseguido el insumo para atenderlos y se mueren aun cuando nos gritan: ‘no me quiero morir, por favor ayúdenme’ y enfermería comienza a tratar de mantenerlos vivos diciéndoles: ‘no se duerma hasta que llegue el familiar con los insumos para que pueda llegar al quirófano. Esa es una de las pocas cosas de las tantas que suceden en nuestros hospitales día a día».

Para la representante de las enfermeras en el Zulia, otro de los graves problemas que enfrentan es la situación de limpieza y de infraestructura de los hospitales. «Los quirófanos no están en condiciones porque lo que más hay son moscas, sucio, aguas negras. Qué le podemos brindar al paciente cuando tenemos que usar bolsas plásticas para poder atenderlo y eso sin contar que nosotros también arriesgamos la vida. No es solo el paciente sino también el médico, la enfermera, todos estamos en la cadena de riesgo. Esto parece la tumba. ¿Donde están los directores de los hospitales? Porque ellos son los responsables de mantener nuestras unidades equipadas con insumos, en buenas condiciones, que haya garantía de salud, eso no sucede en ninguno. Ni siquiera en los hospitales privados como el Coromoto, que es el que tiene un poquito más de insumos. Allí se contaminan los pacientes por falta de antibióticos, antisépticos, por falta de limpieza».

Los insumos para limpiar nuestros hospitales son hechos por el mismo personal de limpieza, utilizan sábanas, traen de sus casas trapos para hacer lampazos. Es muy poca el agua que tenemos. Con un solo lampazo limpian todos los quirófanos y el pasillo. Entonces, esas no son las técnicas de prevención».

Finalmente, la enfermera hizo un llamado a las autoridades. «Le hacemos el llamado a la OMS que se aboque, porque estamos siendo cómplices de que las muertes ocurran en nuestras manos. Seguimos preparando a nuestros profesionales para que, con sentido científico, puedan dar atención, pero de qué nos sirven nuestros conocimientos si cuando vamos a la práctica es todo lo contrario. Por eso tenemos que decir que Venezuela se está muriendo lentamente, no podemos hacer nada por nuestros jóvenes, neonatos y adultos».

Extraoficialmente, pudo conocerse que el pasado lunes 15, en varios hospitales de Maracaibo, como el General del Sur y Noriega Trigo, murieron tres personas más por la falla eléctrica. Sin embargo, esta información no ha sido confirmada y las autoridades regionales de salud no han ofrecido declaraciones al respecto.

Fotos: Mariela Nava


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