Las autoridades ordenaron cuarentena en todo el territorio nacional el 17 de marzo para frenar la propagación del virus. Se pararon actividades educativas, laborales y recreativas con el fin de frenar la curva, pero luego de más de 130 días los resultados no son alentadores. La nación hoy supera los 20.000 contagios. Las empresas aseguran que solo han podido trabajar siete días desde que llegó la pandemia.

Caracas. En más de cuatro meses de cuarentena en todo el país la mayoría de los sectores económicos solo ha podido trabajar siete días. Algunos deciden arriesgarse a recibir una multa o la visita de las autoridades al atender clientes a puerta cerrada. Es eso o seguir sin generar ingresos para sostener sus negocios.

Desde el 13 de marzo cuando se decretó estado de alarma por los primeros casos de COVID-19 solo los sectores de alimentos y medicinas tuvieron autorización para mantener actividades; el resto quedó excluido con una breve semana de permiso entre el 15 de junio y el 21 de junio. En ese momento un total de 25 sectores pudieron trabajar luego de meses parados. En ese período de flexibilidad entraron: librerías, centros comerciales y heladerías.

Las autoridades ordenaron cuarentena en todo el territorio nacional el 17 de marzo para frenar la propagación del virus. Se pararon actividades educativas, laborales y recreativas con el fin de frenar la curva, pero luego de más de 130 días los resultados no son alentadores. Los contagios se aceleraron entre junio y julio. Hoy Venezuela registra 21.438 casos y 187 fallecidos a causa de la enfermedad, de acuerdo con el último reporte del gobierno de Maduro, emitido el 4 de agosto.

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En Los Chaguaramos algunos locales dan la impresión de que están cerrados. Las puertas están entreabiertas, otros tienen la santamaría a la mitad. Una papelería de la zona entra en esos que decidieron abrir a riesgo de que la policía les mande a cerrar. El encargado manifestó que desde marzo solo han podido trabajar bien siete días y que las ventas han caído y están alrededor de 30 %.

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Foto: Gleybert Asencio

En la avenida Las Acacias se ve a la policía que va en motocicletas recorriendo la zona. La situación es otra para restaurantes y panaderías: estos trabajan con normalidad al estar autorizados. Sin embargo, alrededor abundan los negocios de servicios para automóviles y venta de aceites o accesorios; ninguno de ellos tiene permitido trabajar al no ser considerados esenciales.

El dueño de una cauchera, que está cerrada, cuenta que tiene 40 empleados a su cargo. Ellos tampoco han trabajado más de siete días desde que llegó la pandemia. “Seguimos pagando mientras se pueda, por ahora estamos aguantando”, dice. El comerciante agrega que estos meses solo han podido pagarles sueldo mínimo a los trabajadores, los bonos y comisiones quedaron suspendidos por la falta de actividad.

“Las pérdidas son en cantidades industriales”, expresa la encargada de un local que presta servicios de balanceo para vehículos. La mujer explica que pierden clientes debido a que están a puerta cerrada y algunos se van al pensar que no están trabajando. Cada tanto la policía pasa y les recuerda que deben cerrar. Antes en un día normal podía vender unos 1500 dólares, pero en este momento dice que hacen $40 o con suerte unos $500. Esta semana prevén devolver mercancía a los proveedores porque no se vendió y no tienen cómo pagarla.

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En otra cuadra una tienda tiene las santamarías abajo, pero por una rendija se ven las maletas y los bolsos que venden. El dueño dice que no están trabajando y que ha sido igual durante estos meses. Dentro hay dos policías sentados en una mesa. Quienes se atreven a abrir sus negocios saben que es probable recibir la visita de funcionarios.

El Consejo Nacional del Comercio y los Servicios advierte que 30 % de los establecimientos está en riesgo por la recesión económica que enfrenta el país desde 2013. Además, la caída del consumo es una de las mayores amenazas. En 2019 el consumo cayó 28 %, al cierre de este año calculan una contracción de 76 %.

Una joven que atiende un pequeño local de aceites y productos para autos resume este año como “perdido”. Relata que la escasez de combustible, que se agudizó en los meses de abril y mayo, también afectó sus ventas. “Este sector ha estado muy golpeado por la falta de gasolina, son pocos los que sacan sus carros y, por ende, baja la demanda. Otra cosa que nos afecta es el cambio de horario. Los clientes no están habituados”, dice.

En ese local abren a las 9:00 a. m. y cierran entre las 11:00 a. m. y 12:00 del mediodía con el temor de que pasen las autoridades y les pidan bajar las santamarías o los multen. La vendedora recuerda que el primer mes en cuarentena lo perdieron completamente, a partir del segundo decidieron abrir de forma intermitente.

El gobierno de Maduro adelantó que para el 10 de agosto se espera relajar las medidas de confinamiento en todo el país. Gremios empresariales defienden una desescalada de la cuarentena bajo las normas de bioseguridad. Sin embargo, hasta ahora las medidas han sido tomadas de forma unilateral.

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