Foto cortesía madres

Sin aire acondicionado no pueden prepararse las quimioterapias porque debe haber una temperatura especial. Además, hay otras dificultades de infraestructura en el servicio de Hematología como las camas en mal estado que no suben o bajan, la poceta del baño público no sirve y huele mal, el techo tiene humedad y hay partes que se están cayendo.

Caracas. El servicio de Hematología del hospital J. M. de los Ríos tiene tres semanas sin quimioterapias porque el aire acondicionado de la unidad de mezclas sigue dañado. Día tras día aumenta el número de procedimientos y tratamientos atrasados mientras que la dirección del hospital sigue sin resolver una falla que se ha presentado de forma reiterada.

Según datos de la organización Prepara Familia, al menos seis niños nuevos necesitan iniciar su protocolo de quimioterapia y están expuestos a que se complique su patología de base. La última denuncia que tuvo relación con el aire acondicionado de este servicio fue el 5 de febrero, cuando afectó al quirófano.

Los niños que sufren de talasemia, anemia drepanocítica, aplasia medular, púrpura dependen del Banco Municipal de Sangre, necesitan un hemoterapista, reactivos sangre, plaquetas y requieren el medicamento, agregó Prepara Familia en un tuit en el que hacen la denuncia.

El deterioro del servicio de Hematología ha sido progresivo y difícil para las madres que acompañan a sus hijos con enfermedades crónicas.

Laura*, de 9 años de edad y con linfoma No Hodgkin, comenzó su diagnóstico en mayo de 2019. Su mamá, María, la llevó a la emergencia del J. M. de los Ríos porque tenía un tumor muy grande en el pecho que le presionaba la vena aorta, el corazón tuvo un derrame y la presión en los pulmones no la dejaba respirar bien. Ese día no la aceptaron.

María tuvo que llevarla a otro hospital en la ciudad para que la estabilizaran y, después, al establecer un contacto con una doctora del J. M. de los Ríos fue que pudo entrar por el servicio de Hematología. Y eso que en ese año no estaba tan decadente como ahora, contó María a Crónica.Uno.

En ese momento, en la emergencia del hospital había una sala especial para pacientes de Hematología porque deben estar aislados. Poco a poco esa sala desapareció y, aunque en los pisos de hospitalización hay mucho espacios y camas, no hay suficientes enfermeras para poner los tratamientos en las noches. Por lo general, es una sola enfermera para más de 10 o 15 pacientes.

Sin aire acondicionado no pueden prepararse las quimioterapias porque debe haber una temperatura especial para evitar bacterias. Pero, más allá de esto, hay otras dificultades de infraestructura en el servicio de Hematología que detalló María como que los muebles donde los niños reciben las quimios están rotos y sucios, hay camas en mal estado que no suben o bajan, la poceta del baño público no sirve y tiene mal olor, hay humedad en el techo y hay partes que se están cayendo.

Hay muchísimas mamás que son del interior del país y tienen que lavar dentro de los baños porque el servicio de lavandería del hospital no sirve, relató María.

Todos estos problemas los han notificado las madres a la dirección del hospital en reiteradas oportunidades y no han recibido respuesta. El último llamado de atención los hicieron a partir de esta nueva paralización de las quimioterapias a través de un video que grabaron en el servicio de Hematología:

En una ampliación de medidas cautelares otorgada el 21 de agosto de 2019 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) aparecen los niños del Servicio de Hematología del J. M. de los Ríos, una acción que se dio luego de que otorgaran las primeras medidas en febrero de 2018 para el Servicio de Nefrología, donde murieron 12 pacientes pediátricos.

Esas medidas no impidieron que cerraran los servicios de Neurología o Cardiología. Una vez que los niños pasan por cierta fase del tratamiento, tienen que tener consulta en esos servicios y las madres tenemos que ver cómo hacemos porque ya no existen en el hospital, explicó María.

En enero de 2020, los trabajadores de la salud del hospital de niños denunciaron que había más de 40 punciones lumbares atrasadas por problemas con el quirófano por el aire acondicionado. Tampoco podían hacer análisis de laboratorio como hematologías, exámenes de coagulación, química sanguínea y test para la detección de hemoglobinopatías.

Foto cortesía madres
El plan B que sale caro

María contó que muchas veces ha tenido que recurrir al sistema de salud privado por la simple razón de que la vida de su hija no tiene precio. La última vez, Laura tuvo una fisura en el recto y gastó 60 millones de bolívares en dos medicamentos. Uno de esos, era un antibiótico de dos blíster cada uno con solo siete pastillas.

Además de eso, María gasta mínimo 10 dólares mensuales en los exámenes más básicos cada vez que lleva a Laura a ponerse la quimioterapia y otros cinco dólares en un control semanal porque debe tomar esteroides.

Los niños del hospital tampoco pueden contar con una alimentación adecuada. Prepara Familia ha denunciado que las comidas no las dan ni con la cantidad ni con la calidad necesaria. Y, María, coincidió con esta afirmación a decir que ha visto como solo les sirven granos a pacientes pediátricos que deberían tener una dieta especial.

María sostuvo que trata de mantener a su hija al margen de la información sobre la situación del hospital porque la enfermedad cambió mucho su vida y no quiere preocuparla más, pero cuando Laura va al hospital se da cuenta de que todo está en muy mal estado o ha tenido dolores cuando tienen que salir corriendo a comprar medicamentos.

Que se pongan en nuestro lugar, le pidió María a la directiva del hospital. No sabemos si tienen hijos o no, pero es fuerte lo viven nuestros niños y adicional no tener las condiciones mínimas de salubridad para que sean atendidos, agregó.

A Laura le toca el lunes 8 de marzo su cita para recibir la quimioterapia. Hay unos que ya perdieron la cita y tendrán que reprogramarla. Otros, que viven en el interior del país que llegaron a perder su viaje. En condiciones normales, puede haber un flujo de entre 15 y 20 pacientes pediátricos semanales.

Laura* es un nombre ficticio a petición de su mamá.

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