Nuevo apagón tiene desesperanzados a los caraqueños

Un nuevo apagón dejó a oscuras gran parte de Venezuela en horas de la tarde del lunes 25 de marzo. Desconectados, sin agua, sin transporte, sin clases, sin comida, el panorama lucía desolador para los caraqueños este martes. Eugenio Da Silva, habitante de las Veredas de Coche, sin embargo, tiene otros planes: no piensa amargarse …   leer mas

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Un nuevo apagón dejó a oscuras gran parte de Venezuela en horas de la tarde del lunes 25 de marzo. Desconectados, sin agua, sin transporte, sin clases, sin comida, el panorama lucía desolador para los caraqueños este martes. Eugenio Da Silva, habitante de las Veredas de Coche, sin embargo, tiene otros planes: no piensa amargarse más por la situación. Mabel Sarmiento relata la jornada en las parroquias Coche y El Valle para Crónica.Uno.

Caracas. «No voy a estresarme, esto es mucho ya. Ahora qué van a decir. No voy a cargar el teléfono ni siquiera en el carro. No puedo seguir con esta incertidumbre«, le comentaba Eugenio Da Silva a su vecino, y además paisano portugués, luego de contar 24 horas sin luz. «No puedo ni comunicarme con los clientes, tengo a mis hijos encerrados porque tampoco hubo clases«.

La molestia de Eugenio era compartida por su vecino. Sentado en su mesón de arreglar zapatos, preguntaba por información: «¿Qué se sabe del apagón?». Ladeó la cabeza antes de que pudiera responderle y añadió: «Me preocupa que esto termine mal, que la gente salga y saquee». La situación para este habitante de las Veredas de la urbanización Carlos Delgado Chalbaud (Coche) es una tragedia. Todo es una sucesión de negaciones: no se puede trabajar, no hay transporte, no hay comida, no hay medicinas, no hay agua. Eugenio se detiene en este último punto y reflexiona: «Un día, si esto continúa, veremos a la gente peleando en las colas para el agua».

El 13 de marzo, seis días después del primer megapagón, llegó el agua a las Veredas. Centenares de vecinos acudieron a varias casas para abastecerse. Eugenio tiene el recuerdo fresco detrás de las pupilas. La desesperación, la angustia de la gente. En esta ocasión más de uno tomó sus previsiones y almacenó agua, pero cualquier intento parece vano frente a una sequía cuya duración se desconoce. «Esto es deprimente», sentencia el hombre.

Reina la incertidumbre

Fuera de las Veredas, el panorama era desolador a primeras horas de la mañana. Pese a que el centro comercial de Coche tenía negocios que contaban con plantas eléctricas no hubo grandes colas detrás de los puntos de venta. Tal vez la sombra del 7 de marzo pasado presionó lo suficiente para que los ciudadanos cumplieran con su cuota de compras de emergencia, o puede que no hubiera fuerza monetaria para enfrentar esta nueva crisis. Comercios de frutas, plátanos y verduras estaban activos pero sin clientela.

El mercado mayor de Coche abrió una puerta peatonal y vendió en efectivo y en dólares. En El Valle sucedió lo mismo. Los locales en penumbra exhibían papeles con los métodos de pago aceptados «efectivo o $». El Ipsfa estuvo cerrado por los cuatro costados. Algunas panaderías de Los Chaguaramos y Santa Mónica subieron las santamarías, sin embargo, la oscuridad se mantuvo como el cliente principal. Un equipo antimotín del Ejército hizo puntos de control en esa zona.

Hubo poco transporte público, algunos choferes pedían 200 bolívares de Coche hasta La Bandera. El Metro —la opción más económica— sin operatividad limitaba la movilidad peatonal de un punto a otro de la ciudad. La circulación de vehículos particulares también fue irregular: el interés eran las estaciones de servicio. La única bomba de gasolina que funcionó entre Coche y El Valle fue la de La Rinconada, donde no se hizo esperar la cola de carros. La Guardia Nacional hacía en ese punto labores de control, mientras equipos antimotín de la Policía Nacional Bolivariana recorrían las calles de estas parroquias del suroeste capitalino.

En Los Jardines de El Valle hay dos centros de salud: la clínica popular de El Valle y el Materno infantil. En el primer puesto había planta eléctrica pero no como para recibir siquiera a pacientes asmáticos, y en el segundo atendían a las personas en las áreas hasta donde entraba la luz del sol. En muchos espacios no tenían energía, tampoco hacían Rayos X ni laboratorio. En la puerta, varias mujeres embarazadas con exámenes en las manos eran referidas a otros puestos de salud. A los pacientes críticos que podían caminar los mandaban a los Centros de Diagnóstico Integral de la zona.

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Foto referencial estación El Valle | Luis Miguel Cáceres

Al final de la tarde Eugenio reunió a varios vecinos, cerró parcialmente la calle de su cuadra, sacó un par de arquerías e infló un balón de fútbol. «No me voy a estresar más», dijo. Y aunque no logró acertar un gol, se reía. Desconectado, sin luz y sin agua, fallarle a la portería era solo el menor de sus problemas.

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