De acuerdo con una investigación del Observatorio Venezolano de Violencia, entre abril y mayo, los conductores prefieren ganar menos con tal de resguardar su vida del hampa.

Caracas. Los transportistas del país saben que sus movimientos son estudiados por los delincuentes. Dónde se detienen, si transitan por rutas oscuras, por calles llenas de huecos que faciliten el atraco y hasta cuántas vueltas llevan. Las autoridades están al tanto de esto, pero no actúan.

El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), junto con cinco universidades en Lara, Bolívar, Sucre, Táchira y Distrito Capital, realizó un estudio acerca de la inseguridad en el transporte público, con grupos focales de conductores, entre los meses de abril y mayo de 2016.

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La investigación arrojó que el gremio no se siente protegido por los cuerpos de seguridad porque solo les hacen promesas, los pasajeros le temen a otros pasajeros y a los choferes les da pavor que las personas que montan los atraquen.

Roberto Briceño León, director del OVV, explicó que esto se debe a que muchas veces han denunciado cuáles son las zonas más peligrosas y aunque los funcionarios tienen conocimiento no actúan.

“Los conductores tienen identificados todo, los puntos calientes y las rutinas de los delincuentes desde hace tiempo y no hay funcionarios ahí, no hay respuesta, no hay presencia. Eso también lo saben las autoridades y no han tomado cartas en el asunto”, añadió la coordinadora del OVV, Gloria Perdomo.

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En Petare, por ejemplo, los choferes consultados para el estudio indicaron que las zonas donde más se registran robos -con armas de fuego- son la parada de transporte de Palo Verde y la de los barrios José Félix Ribas y Julián Blanco; normalmente en horas de la mañana.

Pero hacia el terminal de La Urbina y la parada de la calle Panorama, por la redoma de Petare y el barrio El Nazareno, además de atracos ocurren secuestros de unidades para utilizarlas de traslado en los entierros.

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“Cuando nos reunimos con los conductores de Antímano encontramos algo particular, y es que ellos identificaron todas las zonas como puntos calientes. Dicen que todas las rutas son peligrosas y roban a cualquier hora del día”, explicó el sociólogo Briceño León.

Usualmente los antisociales son hombres entre 15 y 25 años. Sin embargo, el grupo consultado señaló que ahora las mujeres, embarazadas y personas mayores también actúan con las bandas.

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Ganan menos pero resguardan sus vidas

En consecuencia los choferes han disminuido su horario laboral y por lo tanto ganan menos, situación que también perjudica a los vecinos porque no pueden trabajar horas extras y llegar tarde a sus casas, pues no conseguirían unidades.

“Antes uno trabajaba hasta las 10:00 u 11:00 pm. Ahorita se sale a trabajar hasta las 6:00 pm o las 7:00 pm, porque es mejor que le quede un poquito de dinero a uno que perderlo en un ratico”, comentó un transportista de Ciudad Guayana al OVV.

Ante el miedo de ser víctimas del hampa, pues hasta finales de 2015 tres de cada cuatro venezolanos temía usar el transporte público, los choferes optaron por crear códigos entre ellos para avisar algún hecho irregular.

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“Nosotros salimos con Dios por delante, tratando de que no nos vaya a poner ningún delincuente que nos vaya a echar una lavativa”, dijo.

Otra opción es simular averías si observan la presencia de algún malandro en la unidad, armarse con palos y machetes, no denunciar, o lanzarse del vehículo.

“Seis de cada 10 delitos no se denuncian. Los conductores sienten que si denuncian se exponen porque el delincuente sabe todos sus movimientos y además no tienen garantías de protección. Por eso se protegen entre ellos”, soltó el sociólogo.

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Un transportista de Cumaná señaló al OVV que se sienten atados de manos porque los hampones los ven todos los días en las rutas y les da pavor denunciarlos, ya que al día siguiente el está en la calle y se sienten bajo amenaza.

El observatorio recomendó al Gobierno proteger a los choferes y pasajeros, para que retomen la confianza en las autoridades, identificar puntos calientes y colocar vigilancia en ellos.

Foto referencial: Cristian Hernández


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