Este jueves el Comercial Pariata amaneció con una fila de unas 20 personas en su entrada, entre todos intentando guardar distancia prudencial. Cada uno acompañado de grandes cilindros de oxígeno medicinal. En este local intercambian bombonas vacías por otras llenas. Los costos varían de entre 5 a 30 dólares, según sea el tamaño del recipiente.

Caracas. María leyó un mensaje que llegó a su celular. “Si pudiera darle mi oxígeno, se lo daría”, fue lo que le envió por WhatsApp una de sus amigas, quien está en casa cuidando a su abuela de más de 70 años contagiada con COVID-19. Mientras tanto, María espera en una cola para cambiar una bombona vacía de oxígeno medicinal de seis metros cúbicos por una llena para la abuela de su amiga.

A las 5:00 a. m., esa misma amiga llamó llorando a María: necesitaba que alguien la ayudara a recargar los dos cilindros que consiguieron para su abuela. Desde el miércoles la señora empezó a tener problemas con la saturación y su médico le recetó oxígeno. A las 7:00 a. m., María y su novio salieron desde El Cafetal, buscaron las bombonas, y una vecina les habló de un lugar cerca de la avenida Andrés Bello donde recargan oxígeno medicinal.

Foto: Gleybert Asencio

Este jueves la entrada del Comercial Pariata amaneció con una fila de personas esperando con bombonas, la mayoría con los recipientes más grandes y guardando distancia social entre todos. El negocio, específicamente ubicado en la segunda transversal de Guaicaipuro (cerca del antiguo Seguro Social), se especializa en equipos y materiales para soldaduras, pero allí también se encargan de intercambiar bombonas de oxígeno medicinal vacías por llenas.

Cuando María llegó a las 8:00 a. m. ya estaba la cola. El local aún no estaba abierto por completo, pero tocando el portón y con un par de gritos, pidiendo que alguien la atendiera, la joven logró que recargaran la bombona más pequeña. Los modelos portátiles son los únicos que llenan allí mismo. Los cilindros grandes los intercambian, y los vacíos los van llevando en el transcurso del día a recargar hasta un llenadero ubicado a las afueras de Caracas.

Con el cilindro pequeño nuevamente lleno, María le pidió el favor a alguien de la cola que le cuidara su puesto en la fila. De allí se fue a llevar la más pequeña a la abuela de su amiga, para luego regresar nuevamente a Guaicaipuro y hacer el cambio del cilindro grande por uno lleno. A las 11:00 a. m., por fin, María y su novio estaban a la entrada del local entregando el cilindro y juntando billetes verdes para completar los 30 dólares que cuesta la recarga de los cilindros grandes. Ya lo único que faltaba era que le entregaran una bombona llena.

Ha sido una corredera horrible desde que ella me llamó esta mañana llorando. Ella es mi amiga de hace mucho tiempo. La conozco de la iglesia cristiana. Otro amigo le está haciendo el favor de comprarle unas medicinas y ya me avisó que está por llevárselas, comentó.

Foto: Gleybert Asencio

El estrés es notable en la cara de María, una joven de unos 30 años que este jueves vistió de jean y zapatos deportivos. La persona contagiada con COVID-19 no es un familiar suyo. Ni siquiera es de su pareja. No es ninguno de los cuatros abuelos de María. Pero pensar que pudiera ser uno ellos quien esté en esa misma situación, le da una carga de motivación extra además de la que siente por el vínculo de amistad que la une con su amiga.

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La infectóloga Patricia Valenzuela, de la Policlínica La Arboleda, explicó que “los pacientes que necesitan oxígeno son aquellos que tienen criterios de hospitalización y son los casos de moderados a severos con una saturación de oxígeno por debajo de 94 %”.

La doctora también aclaró que aquellos pacientes que necesitan oxígeno domiciliario son los que, después de una hospitalización, a pesar de estar en mejores condiciones generales, con una frecuencia respiratoria dentro de parámetros normales, “mantienen una saturación de entre 93 % y 94 %”. En este tipo de pacientes, según la especialista, la saturación incluso puede llegar a 92 %, y puede disminuir aún más si, por ejemplo, caminan, tienen cambios bruscos de posición o suben escaleras.

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Un poco más atrás en la cola estaba Gustavo González con un cilindro de 6 metros cúbicos sobre una carretilla. Llegó allí a eso de las 8:00 a.m. y faltando poco para mediodía aún no le tocaba turno. A esa hora el sol pegó directo y con fuerza frente a los que estaban en la cola. Algunos buscaron sombra hacia el otro lado de la calle. Pero Gustavo estaba solo y lo único que le ayudó a disimular el solazo fue una gorra. Estaba allí porque necesitaba una bombona llena para su exsuegra de 70 años con diagnóstico de COVID-19.

Foto: Gleybert Asencio

Gustavo ha ido varias veces a Comercial Pariata en los últimos días, pero desde hace dos días específicamente ha notado que más y más personas llegan al lugar, lo que ha hecho que cada vez demore más en salir de allí. En el caso del miércoles 7 de abril llegó a las 8:00 a.m. y salió a las 2:00 p.m. La saturación de la mamá de su exesposa no ha estado muy bien y cada vez el oxígeno se agota más rápido.

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La señora está siendo atendida en casa. Cada consulta a domicilio cuesta 45 dólares. Justo este jueves tocaba una visita del médico. Estando en la cola, a Gustavo le avisaron que el doctor considera que la señora debe recibir oxígeno por lo menos por un mes más.

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Gustavo es comerciante. Tiene una distribuidora de alimentos, pero a partir de la pandemia por la COVID-19 encontró otra forma de generar ingresos importando artículos de bioseguridad como mascarillas, guantes y batas quirúrgicas. Sin embargo, últimamente no ha podido producir suficiente en el negocio. Su atención ahorita está en ayudar a su exesposa con su mamá mientras esté enferma.

Foto: Gleybert Asencio

A pesar de la separación como pareja sentimental, Gustavo no ha tenido inconvenientes en ayudarla, sabe que es hija única y que no cuenta con los recursos suficientes para costear los gastos que genera un paciente adulto mayor con COVID-19. De hecho, está tratando de conseguir un concentrador de oxígeno y la opción más económica que ha encontrado hasta ahora ha sido un concentrador de 7 litros alquilado por 500 dólares.

Las consultas en casa, las ampollas de remdesivir, la recarga de la bombona, prácticamente todos los gastos de la señora han corrido por cuenta del exyerno. El único gasto que se han ahorrado ha sido el alquiler del cilindro. Gustavo contaba con un cilindro en casa que anteriormente no había tenido que utilizar ni con un familiar.

—De lo que voy vendiendo, voy cubriendo los gastos. Ahorita aquí se salva el que tenga dólares.

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Las 20 personas que aproximadamente están en la cola sintieron alivio al ver llegar un camión con cilindros que parecían llegar llenos. Al local Pariata no solo van personas particulares. Clínicas también se surten allí de bombonas llenas.

Al momento de entregar los cilindros estos son rociados con desinfectante por los empleados del negocio. Los costos varían según el tamaño de las bombonas, pero según Luis Nieto, encargado de la contabilidad, los precios van desde los 30 dólares para la más grande hasta 5 dólares para las pequeñas.

A pesar de que su trabajo es otro, Luis está en la entrada trabajando con los demás. Ayuda recibir las bombonas, revisa las facturas o atiende las inquietudes de los clientes. En el poco tiempo libre que tiene para hablar, antes de que otra persona se le acerque a preguntarle algo referente a las bombonas, cuenta que desde hace un mes aproximadamente ha ido cada vez más en aumento el flujo de personas en busca de cilindros de oxígeno medicinal.

Foto: Gleybert Asencio

El intercambio de bombonas allí en el local no es algo nuevo. Siempre han trabajado con oxígeno medicinal e industrial, pero siempre fue un servicio que estuvo en segundo plano. En su fachada y dentro del local se pueden leer su especialización en materiales y servicios de soldadura. Hasta que apareció en Venezuela la COVID-19 y lo cambió todo.

Este miércoles los nuevos contagios reportados en Venezuela fueron 1115. Caracas ocupó el primer lugar con más casos con 184. Y en total existen 14.461 casos activos según los datos aportados por el gobierno de Nicolás Maduro. Otras cifras oficiales son que en el país existen 6725 pacientes con insuficiencia respiratoria aguda leve, 496 con insuficiencia respiratoria aguda moderada y 237 en unidad de cuidados intensivo.


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