La cuarta temporada de la historia estrenada en 2016 se vuelve mucho más inquietante y atractiva, con conflictos que afianzan la propuesta de sus primeros capítulos

Caracas. La cuarta temporada de Stranger Things salva a la franquicia. Tanto la segunda como la primera tambalearon la entretenida y cautivante historia que se estrenó en 2016.

Los más recientes capítulos que salieron a partir de mayo de este año, renuevan el fervor por una trama que se ha caracterizado por remover la nostalgia, presentar como nuevo lo que es clásico, tomar referencia conocidas por montones, pero que, dentro de esa intención, ha logrado la atención de su público por la conexión de sus personajes, entrañables todos, en un contexto de constante peligro siempre ante una gran amenaza inminente.

Matt Duffer y Ross Duffer, mejor conocidos como los hermanos Duffer, han creado una serie que interpreta de mejor manera las obras de instituciones como Steven Spielberg y Stephen King, así como toda la tendencia de los años ochenta en todos los sentidos, para hacer de Stranger Things su obra entremezclada con su particular visión de las sagas de terror. Como todo, una reinterpretación que busca su personalidad a partir de todo lo consumido por ambos autores.

Stranger Things
Desde California, el grupo de amigos emprende un viaje para salvar a su pueblo

La cuarta temporada presenta al grupo de amigos separado. En 1986, Once (Millie Bobby Brown), Joyce (Winona Ryder), Will (Noah Schnapp) y Jonathan (Charlie Heaton) están en California, lugar al que se mudaron luego de lo ocurrido en el centro comercial. Once además ha perdido sus poderes y enfrenta un proceso de adaptación en la escuela, donde no encaja y es blanco de acoso por parte de un grupo de compañeros.

Por su parte, en Hawkins siguen Mike (Finn Wolfhard), Dustin (Gaten Matarazzo), Lucas (Caleb McLaughlin), Max (Sadie Sink), Nancy (Natalia Dyer), Steve (Joe Keery) y Robin (Maya Hawke). Además, Joyce descubre que Jim (David Harbour) está vivo, pero encarcelado en una cruenta prisión de la Unión Soviética.

En ese contexto comienza la cuarta temporada de Stranger Things, nueve capítulos que reconfiguran la serie en su coherencia y atractivo. Para ello, se valen de una amenaza mucho mayor: Vecna (Jamie Campbell Bower), un ángel caído con obvias remembranzas a Freddy Krueger, no solo físicamente, sino en sus maneras. Es un antagonista muy bien contado, pues se ve cómo sus inicios configuran un futuro inesperado durante la trama. Hasta que todo calza.

Stranger Things
Eddie Munson le enseñó a nuevas generaciones qué es «Master of Puppets», de Metallica

Esta cuarta temporada no se desespera en el manejo de la tensión. Hila muy bien cada uno de los conflictos, de los menores a los mayores. Por un lado, vemos a quienes están en California, quienes lidian con todo ese proceso infructuoso de adaptación de Once. A la vez, hay sentimientos que se afianzan en su expresión y sugerencia cuando Mike viaja para ver a Once y también se reencuentra con Will.

En Hawkins empiezan a ocurrir una serie de muertes muy sospechosas y misteriosas. En todo eso, aparece un personaje que se convierte en una de las claves: Eddie Munson (Joseph Quinn), sobre quien recaen toda clase de empatías por el hecho de ser diferente en medio de muchos que juzgan sin medidas.

El planteamiento más exagerado en esta temporada de Stranger Things es el viaje de Joyce con Murray Bauman (Brett Gelman) a tierras soviéticas para rescatar a Jim. En parte inverosímil, pero a medida que avanza se adentra en terrenos más digeribles y emocionantes.

Stranger Things
Eleven vive su mayor proceso de descubrimiento en esta temporada

Disponible en Netflix, esta cuarta temporada representa el afianzamiento no solo en la madurez de sus creadores, quienes recuperan el tino al timón, sino también de sus protagonistas, quienes se ven ya mucho mayores. Ya no son los niños de hace unos años, ahora, adolescentes, lo que han escrito para ellos es cónsono con las vivencias de la edad.

Desde pequeños los personajes han enfrentado los mayores peligros. Han salvado a su pueblo con temor mientras fortalecen su valentía. Por la premura, el público ha visto cómo han tenido que resolver cada amenaza sobre la marcha. Ahora bien, los otros desafíos, los normales, los personajes, se desenvuelven paulatinamente, a otro ritmo.

Esa ambivalencia, especialmente en esta temporada, la hace mucho mejor lograda. Las luchas internas y la exposición de los sentimientos siempre llevan otra velocidad. En Stranger Things lo entienden muy bien, y por eso sus momentos más dramáticos son aquellos de confesiones, despedidas, lealtades, decepciones y sacrificios.

Stranger Things
Vecna se configura con uno de los villanos claves de esta historia que comenzó en 2016

Eleven (Once) además vive un profundo proceso de descubrimiento sobre su pasado, sobre quién realmente es y qué puede hacer a partir de ese dolor. Un caos muy vinculado además a Vecna. 

La segunda y tercera temporada fallan al exhibir conflictos que por momentos se vuelven poco atractivos debido a la redundancia de sus motivos, así como decaen otros conflictos paralelos más personales, que no logran sostener ciertos comportamientos.

Stranger Things recupera el esplendor de su primera temporada, sin vericuetos ni imprecisiones. Con un quirúrgico desarrollo de su villano, que se establece como entidad maligna que regresa a cobrar por lo recibido, a la vez que sus protagonistas se encuentran con lo mejor de su ser, impulsados por sus pasiones y convicciones de una manera convincente y con la que es fácil empatizar. 

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