En el hospital José María Vargas, en la parroquia San José, la falta de agua obliga a familiares a cargar botellones, pagar por usar sanitarios en locales vecinos y pone en riesgo el funcionamiento de unidades como la de diálisis.
Caracas. En medio de las escaleras cercanas al área de hospitalización y consulta externa se encuentran dos tanques de 1500 litros, en el ala norte. Ambos son los únicos que proveen agua cuando falla el suministro en el Hospital José María Vargas, en la parroquia San José.
Los pacientes llenan los tobos allí y los cargan hasta el baño. “Aunque eso no dura mucho porque hay demasiados pacientes”, dice Carmen*, con el aliento agitado por el peso del agua.
Su madre está recluida en una de las salas superiores y el agua es una necesidad constante, tanto para limpiar la habitación como para garantizar la higiene personal de ambas.

En 2018 un informe de la Fundación Agua Sin Fronteras, Fundación Aguaclara, Clima21 y la Red de Mesas Técnicas de Agua advirtió en su Reporte Nacional por el Derecho al Agua que 65 % de los centros de atención de salud pública no recibían agua de forma continua, o no les llegaba.
Seis años después en siete de cada 10 hospitales tienen un suministro de agua intermitente debido a las fallas de los servicios públicos, según la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) de 2024.
La investigación señala que 47 % de los hospitales monitoreados reciben el servicio a través de cisternas, lo que implica “dedicar recursos adicionales para poder tener agua en el hospital, ya que la distribución por tuberías no es suficientemente regular para poder abastecer los centros de salud”.
Pacientes garantizan su suministro
Alrededor de las camas cada paciente organizó su propio sistema de suministro. El suelo y las mesas de noche son el depósito de botellas plásticas llenas de agua.

Algunas botellas de litro lucen opacas y desgastadas por el uso constante. Al lado de las camas también hay botellones con agua de 20 litros.
“La mayoría aquí trae las pipinas de agua desde su casa o la compramos en las farmacias de la esquina”,
añade Carmen, quien admite que comprar agua potable se convirtió en un gasto adicional y una preocupación constante que se suma a la enfermedad.
En medio de las carencias emerge la solidaridad entre los pacientes. Aunque no todos tienen la misma cantidad de botellas a su lado “si a alguno le hace falta agua o insumos, siempre hay alguien que le ofrece la ayuda y colaboración”.
Insalubridad en los sanitarios
Los baños funcionan de manera intermitente. Huelen a orina acumulada. El suelo también está cubierto de orina y papel higiénico porque no hay papeleras. Al lado de las pocetas hay potes llenos de agua.


Los lavamanos de los baños operativos sirven para posar un envase de plástico con un poco de agua turbia.
En las duchas los pisos de granito están oscurecidos, llenos de sarro, moho y residuos secos. Las llaves están a medio instalar o con sus tuberías incompletas. El agua se almacena en barriles azules, desgastados y manchados. Estos pipotes crean pequeños charcos en el piso.

Alquiler de baños
Las personas se ven obligadas a buscar soluciones afuera del centro asistencial por el mal estado en el que están los baños. Los negocios y casas al frente del hospital Vargas alquilan los sanitarios. En las ventanas ponen carteles escritos a mano que dicen: “Sí hay baños”.
María*, quien lleva 10 días con su abuelo hospitalizado por una infección pulmonar, lleva los productos de limpieza y el agua a la sala de observación masculina. Cuenta que allí los familiares son quienes se encargan de asear la habitación y se distribuyen las responsabilidades.

“Aquí llega el agua solo por una o dos horas cada tres días. Hace una semana sí no hubo agua ningún día. Cuando llega el agua se llenan todos los peroles para el resto de los días”.
Unidades de diálisis
La escasez de agua afecta la Unidad de Diálisis, donde el suministro debe ser constante y permanente para garantizar el tratamiento diario de los pacientes renales.
Una fuente extraoficial de la unidad, quien prefirió mantener el anonimato por temor a represalias, aseguró que en ocasiones pospusieron las diálisis de los pacientes porque no hay agua.
“Las sesiones son reprogramadas para los días en que el suministro llega a través de las tuberías”.

El 28 de febrero 2025 reinaguraron la Unidad de Nefrología y Diálisis del hospital Vargas para atender mensualmente a 1500 personas, de acuerdo con una publicación del jefe de Gobierno de Distrito Capital, Nahum Fernández.
Agregó que las instalaciones están equipadas con sistemas de aire acondicionado, luminarias adecuadas, cinco máquinas de hemodiálisis e insumos médicos de calidad.
Sin embargo, los pacientes reclaman por el deficiente servicio del agua. La fuente consultada reconoció que, aunque la unidad cuenta con tanques de almacenamiento, son insuficientes para cubrir la demanda que requiere el tratamiento.
“Esos días de diálisis no se pierden en el paciente porque siempre aseguramos el tratamiento de cada uno de ellos”, aseguró.
El nefrólogo José Escalona ya había advertido a Crónica Uno en una nota anterior que los hospitales tienen problemas con los servicios de agua y electricidad, lo que afecta directamente a las unidades de diálisis. Esto tiene consecuencias irreversibles en los pacientes con enfermedades renales crónicas, porque ellos dependen de este riñón artificial.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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