A pesar de las restricciones sanitarias impuestas por el Ejecutivo, desde el pasado 16 de marzo, para evitar la propagación del COVID-19, los organizadores de los comedores se las ingenian para prestar el servicio comunitario.

Caracas. Moisés fue el primer niño que llegó al comedor La Bendición de las Tres Torres, ubicado en Cochecito, parroquia Coche. Se sentó en un costado de la acera, encogió las piernas, apoyó los brazos y recostó la cara. En esa posición  aguardó con paciencia casi 20 minutos, hasta que le dieron el almuerzo, su primer plato del día.

Ya casi eran las 11:00 a. m. A esa hora era como para que estuvieran dando el almuerzo, pero  el retraso que imponen los cierres de vías desde que se decretó la cuarentena, el pasado 16 de marzo, afecta la distribución de la comida en los comedores subsidiados por la fundación World Central Kitchen, en el circuito Coche, El Valle y Santa Rosalía.

“Estamos abriendo de 11:00 a. m. hasta las 1:00 p. m. No estamos haciendo las actividades de rutina, ya no pasan al comedor, no hacemos las oraciones diarias, tampoco les hablamos de las normas de convivencia, ni les hacemos los cumpleaños del mes, pero les estamos garantizando los alimentos. No podemos dejarlos desasistidos. En muchos casos esta es la única vez que comen”, dijo Ingrid Rodríguez, encargada del comedor.

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Foto: Mabel Sarmiento Garmendia

Tampoco están yendo todas las madres colaboradoras. Si acaso están dos en el servicio, una para envasar, otra para entregar, mientras Ingrid lleva la cuenta.

70 comidas reparten, cada una con su pan y su cambur.

Este centro de atención se ideó para niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. 

“Sin embargo, nos dimos cuenta de que muchos niños se llevaban la mitad de la comida para sus mamás y, en la medida que podamos, también se las enviamos”, indicó.

Por la cuarentena, lo ideal es que los adultos busquen la donación. Sin embargo, son los hermanitos más grandes los que llegan al recinto. Una de ellas, Mariangeli. Con sus 14 años a cuestas, y aunque su estatura la muestra como una niña de 8 años, se hace responsable de sus seis hermanos.

“Es la única comida que hay en casa. Mi mamá está en otro comedor buscando más para la cena”, contó.

Antes de la cuarentena su madre los llevaba al comedor del gimnasio vertical ubicado en El Valle, administrado por el gobierno central. 

“Desde que está cerrado hacen ese periplo para buscar comida, y así muchos. Moisés vive en El Estanque y llega hasta aquí por la necesidad que tiene. Mariangeli vive en La Laguna, un sitio de muchos enfrentamientos entre bandas, y su familia no tiene recursos, esas son las historias que atendemos”, relató Rodríguez.

Para Semana Santa, dijo Rodríguez, están ideando un plan para continuar con el servicio.

El problema es que, pese a que las unidades que hacen el transporte tienen salvoconducto, ya se están quedando sin gasolina.

Por ejemplo, este lunes 30 de marzo llegó el almuerzo a las 2:00 p. m. Y la angustia en muchos de los niños era evidente.

A pocas cuadras está el comedor popular que funciona en el liceo Mac Gregor, conocido como “La Técnica”.

Ahí también regulan la entrada y el horario. La gente, principalmente los de la tercera edad y los estudiantes, deben llevar sus envases para recibir el beneficio. También piden que colaboren con aliños para la preparación de los platos.

Tampoco ha dejado de funcionar el comedor que está dentro de la Unidad Educativa Carlos Delgado Chalbaud, también en Coche.

En Santa Rosalía sigue activo el comedor de Puente Hierro, que atiende a las personas en situación de calle, y en el casco de la parroquia hay dos que tienen como prioridad dar alimentos a niños, bajo la misma programación que adoptaron en La Bendición de las Tres Torres: en las horas del mediodía se entregan las viandas para que se las lleven a sus hogares.

Los comedores de Alimenta la Solidaridad de la parroquia Sucre tampoco han retrocedido en sus entregas. Solo que tienen dificultades para hacerles llegar a las madres voluntarias los insumos para la elaboración de los platos diarios. Sin embargo, están haciendo el esfuerzo para mantenerse a flote en medio de la cuarentena, y llevar así alimentos a los  hogares más desfavorecidos.

Sortean dificultades

El comedor social ubicado en la iglesia San Miguel Arcángel, en El Cementerio, estuvo 10 días cerrado –del 16 al 25 de marzo– por órdenes de funcionarios de los cuerpos de seguridad del Estado que llamaban a las personas a resguardarse en casa, después de haberse decretado la cuarentena nacional. Durante este tiempo ninguno de los beneficiarios recibió alimento, y les prohibieron acercarse al lugar.

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En este sitio atienden a una población de más de 300 personas, desde recién nacidos hasta adultos mayores, en su mayoría con desnutrición. Incluso, algunas en situación de calle o abandono.

Wilfredo Corniel, párroco de la parroquia, dijo que fue “imposible” durante estos días dar de comer a la comunidad porque las fuerzas de seguridad no lo permitían.

“El Grupo Social Cesap nos apoya con los alimentos. Ellos diseñan, planifican y ejecutan programas de desarrollo social en este comedor. Las personas que vienen hasta aquí dependen de nosotros para su comida diaria. Les ofrecemos cena, pero, con las medidas de prevención por la pandemia y por órdenes de los cuerpos de seguridad, ahora tenemos que dar la comida en la tarde. Hemos decidido continuar ofreciendo la ayuda social siguiendo el protocolo de higiene y limpieza para no poner en riesgo a nadie”, explicó.

El grupo de cocina trata de tener la comida lista para las 12:00 del mediodía, la hora en la que empieza la repartición. Se enumera a las personas, dejan sus envases, dan una vuelta y vuelven para buscar los alimentos. Corniel justificó que esto lo hacen para acatar las medidas de prevención, como mantenerse a un metro de distancia entre personas y evitar aglomeraciones.

“Pasamos muchos días sin dar los alimentos a quienes están en terapia nutricional, como adultos mayores, personas con discapacidad, niños y madres lactantes. Por ello, trataremos de seguir ofreciéndoles el beneficio, pero sin que tengan que sentarse en los bancos de la iglesia, como lo hacíamos anteriormente. Así evitaremos el contagio. También les diremos que se pongan los tapabocas, aunque la mayoría tiene reusables, ‘improvisados’ o de tela. Lo importante es mantener informada a la comunidad”, indicó.

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Comedor de El Cementerio. Foto: Cortesía
Después de las 12:00 todo el mundo en sus casas

En el sector Caruto, del barrio La Línea de Petare, funciona un centro administrado por la Iglesia Católica y por la Asociación Civil de Petare para el Mundo, dirigida por Joel Rivero, quien comentó que esta obra social nació con el programa “Manos a la olla”, cuyo objetivo era preparar 300 almuerzos para niños y adultos mayores de los distintos sectores populares del municipio.

“Nos están ayudando a cocinar los vecinos, para poder cumplir la meta en estos tiempos”, dijo Rivero.

Otros que están sumados a esta acción son los miembros de la iglesia Dulce Nombre de Jesús y de la Casa Hogar de la Misericordia, que están preparado comida para 100 personas en el sector Caruto. “Les damos una hora para que ellos vayan, coman y se retiren, por el tema de la cuarentena”, contaron los organizadores.

Dice el refrán que no todo lo que brilla es oro, hay otros casos que aumentan la crisis, como el que denunciaron los vecinos del sector Paulo VI: el pasado 24 de marzo un grupo de personas, dando distintas excusas, se llevaron del plantel Raúl Leoni los alimentos para la preparación de la comida para la población estudiantil.

No obstante, en estas líneas hay una muestra clara de que los buenos son más. Pese a las adversidades diarias, mantienen abiertos los comedores comunitarios y, aunque sea a través de una reja, brindan apoyo a la población más vulnerable de la Gran Caracas.

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Foto: Cortesía vecinos

Con información de Diana Maitta y Norma Rivas


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