Caracas busca normalizar el transporte, pero el miedo a réplicas vacía las calles. El sector opera con restricciones por daños y choferes que cuidan a sus familias. Sin claridad sobre condiciones en que quedaron los terminales, el gremio exige revisiones técnicas y suspenden el alza del pasaje prevista para el 1° julio.

Caracas. Con apenas 60% de la flota de transporte público operativa, Caracas intenta retomar la normalidad casi dos semanas después del doble sismo del 24 de junio pasado.

El temor a las más de 995 réplicas y a los daños estructurales mantiene semivacías las calles de la capital. Mientras tanto, los transportistas operan de manera limitada en la vía pública. Decidieron, por seguridad, abandonar temporalmente el terminal subterráneo de Río Tuy. Esta terminal es una de las principales estaciones cerradas de transbordo en el centro de la ciudad.

Entre ellos está Andriuw Álvarez, quien cubre desde hace tres años la ruta que va de Capitolio a Antímano, un largo trayecto vial que conecta el casco histórico de la capital con los sectores populares del oeste. Este lunes es su primer día de trabajo tras los terremotos. Decidió salir porque es el único sustento de su hogar y depende del ingreso diario. Sin embargo, el temor sigue presente.

Este lunes, 6 de julio, el centro de Caracas mostraba otro ritmo. Las calles registraban poco movimiento de ciudadanos y se evidenciaba la escasez de autobuses en las vías.

​”Aún hay mucho miedo. Yo en particular no quería por mis hijos y familia. Lo que escuchas es a la gente decir que sale porque tiene que trabajar. Bueno, confiando en Dios”, ​dijo Álvarez a Crónica Uno.

Transportista intentan regresar a la rutina. / Foto: Yandris Saldivia

El conductor aseveró que la situación familiar tras los temblores fue compleja y que le asusta la idea de que ocurra una réplica mientras está lejos de los suyos. Antes de la emergencia, las paradas de Capitolio se llenaban en las mañanas y al final de la tarde. Hoy Álvarez pasó 45 minutos para llenar la mitad de los asientos.

Pocas unidades

En un recorrido realizado por Crónica Uno desde Antímano hasta Plaza Venezuela, el eje vial que sirve como la principal columna vertebral para el flujo de pasajeros caraqueños, se constató la baja afluencia de usuarios en las paradas.

La mayoría de los pocos vehículos que circulan viajan con los asientos vacíos, en una ciudad que intenta sanar las secuelas de la contingencia.

Yelmira Jiménez, presidenta de la Asociación de Conductores La Voluntad de Gandhi, una de las principales organizaciones gremiales que agrupa y representa a los choferes de transporte privado de la ciudad, aclaró que la inmovilización de gran parte de la flota no responde únicamente a problemas mecánicos. En realidad, se debe también a la crítica situación que atraviesan los conductores.

Muchos de ellos han sufrido graves daños en sus viviendas y, en estos momentos, priorizan la protección y el acompañamiento de sus familias por encima de cualquier actividad laboral.

Pocas unidades de transportes. / Foto; Yandris Saldivia

Asimismo, la representante gremial destacó que un grupo importante de transportistas ha paralizado sus rutas comerciales para sumarse de manera voluntaria a las labores de auxilio. Utilizan sus unidades para el traslado de rescatistas, damnificados y la distribución de ayuda humanitaria en las zonas más afectadas.

Retornamos al terminal

El miedo a que colapsara la estructura con tantas réplicas hizo que los transportistas trasladaran las unidades desde el espacio subterráneo de Río Tuy hasta la avenida Lecuna, a la altura de la panadería El Arroyo, para cargar pasajeros en la superficie por medidas de prevención.

En el espacio subterráneo se desprendieron algunas losas, las piezas y bloques de concreto que revisten el techo y suelo de la edificación, debido a los movimientos telúricos.

Armando, quien trabaja como chófer en la línea Río Tuy—Baruta desde hace un año, contó que apenas esta semana intentaron retomar el espacio interno.

“Trabajamos a las afueras del terminal por temor a que colapsara la estructura con tantas réplicas”, indicó. ​

Foto: Yandris Saldivia

Ante este escenario de vulnerabilidad estructural, que ya cuenta con un registro oficial de 856 edificaciones afectadas en el país, rutas como la de Las Adjuntas, que cubre las zonas periféricas del extremo suroeste del área metropolitana, tampoco han vuelto al terminal. Por ello, siguen prestando el servicio en la calle.

Jiménez confirmó que la decisión de trabajar en la parte externa es un acuerdo entre los presidentes de las organizaciones para resguardar a los trabajadores y a los usuarios. Ellos también evitan bajar a las instalaciones.

“Nos exigen que debemos ingresar al terminal de Río Tuy, pero coordinamos que hasta que no tengamos una inspección y una certeza, además de que cesen las réplicas, no vamos a ingresar los vehículos”,

afirmó.​

Por ahora, los transportistas operan con limitaciones en la avenida Lecuna, donde solo pueden estacionar de dos a tres unidades. Esta es una medida vial obligatoria para evitar el colapso del tráfico superficial. Además, esperan una evaluación técnica que garantice que la estructura es totalmente segura.

Sin aumento de pasaje

Los efectos de los sismos también frenaron los planes económicos del sector. Mario Pabuena, chofer de la ruta Casalta-Chacaíto, expuso que los conductores decidieron suspender el aumento de tarifa que estaba previsto para el pasado 1° de julio. Iba a estar indexado al dólar, una modalidad donde el precio se calcula según la tasa oficial de cambio de la moneda extranjera. Así se protege el ingreso de la devaluación local.

Los transportistas acordaron mantener el precio actual del pasaje como una medida temporal de apoyo a los ciudadanos afectados por la emergencia. Sin embargo, advierten que la inflación diaria presiona sus ingresos.

“Es una manera de apoyar a los venezolanos, a las personas que han sufrido tanto. Es una manera de que sepan que el sector transporte también los respalda”, adujo.

Foto: Yandris Saldivia

Los conductores adelantaron que evaluarán la situación en las próximas semanas, pues el mantenimiento de los vehículos depende de los ingresos diarios. Sin embargo, por ahora priorizan la capacidad de pago de los usuarios en medio de la contingencia.

A medida que las réplicas continúan registrándose y la incertidumbre estructural persiste, el destino de la movilidad en Caracas queda en un compás de espera. Para una ciudad habituada a ritmos frenéticos, el panorama de paradas desoladas y andenes subterráneos vacíos evidencia que las secuelas de los terremotos van más allá de los daños materiales identificables a simple vista.

El sector transporte, atrapado entre el resguardo familiar, la parálisis operativa y la solidaridad comunitaria, enfrenta ahora el desafío de sostener un servicio crítico sin garantías técnicas claras.

Lea también:

“El miedo es volver sin saber si el edificio se nos viene encima”, vecinos de El Cuartel de Catia