Luego de los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron Venezuela la tarde de este 24 de junio, reportes oficiales confirmaron que en Carabobo la secuencia sismíca dejó 13 muertos y al menos 50 heridos, además de daños en viviendas, comercios e iglesias. Entre grietas, incomunicación y miedo a réplicas, cientos de familias pasaron la noche fuera de sus hogares, mientras esperan por inspecciones que descarten daños graves en viviendas y edificios.

Valencia. A las 6:04 p. m., Raquel Pantoja escuchó los primeros gritos en los pasillos del edificio Star Palace, en la urbanización Prebo al suroeste de Valencia, estado Carabobo. Segundos después llegó el terremoto. Los muebles comenzaron a moverse, las lámparas oscilaron violentamente y las paredes parecieron respirar.

Lo que siguió fue una escena que muchos venezolanos creían reservada a los recuerdos de generaciones pasadas: dos terremotos seguidos de magnitud 7.2 y 7.5 volvieron a estremecer al país la tarde de este miércoles, 24 de junio.

Con el paso de las horas, los reportes de daños comenzaron a multiplicarse en distintas localidades de Carabobo, y al menos seis estados del país, incluidos La Guaira y Caracas, regiones que han reportado los más graves daños hasta ahora, mientras miles de personas abandonaban temporalmente sus viviendas por temor a nuevas réplicas.

Para Pantoja, sin embargo, no era una imagen desconocida. Tenía apenas cinco años cuando vivió el terremoto de Caracas de 1967. Durante décadas conservó recuerdos fragmentados de aquella noche: personas corriendo, casas agrietadas, familiares buscando refugio en las calles.

“Todo volvió de golpe. La gente gritando, el miedo, la sensación de que algo malo iba a pasar”, relató Pantoja a Crónica Uno.

En las últimas semanas había seguido con atención los reportes sobre pequeños movimientos sísmicos registrados en distintas regiones del país. “Tenía la sensación de que algo así podía ocurrir, pero nunca imaginé que fuera tan fuerte”.

De acuerdo con el balance oficial ofrecido este jueves, 25 de junio, por el gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, la secuencia sismíca dejó 13 personas fallecidas y al menos 50 heridas en la entidad.

Nueve de las víctimas mortales se registraron en el municipio Juan José Mora. Otra persona falleció en Puerto Cabello luego de que una estructura cediera y provocara la caída de un enjambre de abejas. Los otros tres decesos ocurrieron en San Diego y estuvieron asociados a infartos sufridos durante la emergencia.

Detrás de esas cifras permanecen familias que esperan noticias sobre el estado de sus viviendas, comunidades afectadas por daños estructurales y cientos de personas que decidieron pasar la noche fuera de sus hogares.

El miedo dentro de los edificios

Mientras el edificio se sacudía, su hijo corrío hacia una habitación donde la familia conserva adornos navideños, imágenes religiosas y fotografías acumuladas durante años.ntentó sostener estanterías y muebles para evitar que colapsaran.

“Si él no hace eso habríamos perdido muchas cosas. Quizás no vidas, pero sí recuerdos que uno no puede volver a comprar”.

La preocupación por preservar objetos de valor sentimental se repitió en numerosos hogares durante los segundos que duró el movimiento telúrico.

Cuando los terremotos cesaron, la vivienda mostraba las primeras señales del impacto. Dos porrones de barro aparecieron partidos por la mitad. Otro terminó volcado sobre el suelo.

Fotografía: Armando Díaz.

Pero el verdadero temor llegó después. “Nadie te prepara para esto. Lo primero que piensas es en la muerte. Yo me coloqué debajo de una viga y me imaginé el techo cayéndose sobre nosotros”.

Al descender por las escaleras, divisó grietas nuevas en varios pisos del edificio y restos de friso desprendidos en las zonas comunes.

En la calle, el panorama resultaba aún más desconcertante. Cientos de vecinos permanecían fuera de sus viviendas. Algunos rompían en llanto; otros escudriñaban las fachadas en busca de posibles daños. Varias familias ya habían bajado colchones y sillas para resguardarse al aire libre durante la noche.

Fotografía: Armando Díaz.

A pocos metros de allí, el edificio Mallorca se convirtió en uno de los puntos que más llamó la atención de los residentes. “¡Mira la grieta!”, escuchó decir a una vecina. Al levantar la vista observó una fractura visible que atravesaba buena parte de la estructura.

Para muchos residentes la fisura coincidía con la división arquitectónica entre las dos alas del edificio. Para otros representaba una amenaza mucho más seria. La incertidumbre dominaba la escena. Mientras caminaba entre vecinos y curiosos, Pantoja intentaba comunicarse con familiares en La Guaira. Sin éxito.

“No sé nada de mis cuñadas. No sé cómo están”.

Siete pisos en andadera

Dentro del edificio Mallorca, Juan Carlos Colina enfrentaba otro desafío. Su madre presenta problemas de movilidad y utiliza andadera. Viven en un séptimo piso. Cuando comenzó los movimientos sísmicos, la prioridad fue evacuar. “Como pudimos bajamos por las escaleras”, contó.

A la emergencia se sumó la presencia de su mascota, una perra que también debía salir del edificio mientras decenas de vecinos intentaban llegar simultáneamente a la planta baja.

“Eso allá adentro está feo. Hay grietas por todos lados y frisos caídos”.

Ya en la calle, Colina permanecía junto a su madre, intentando transmitir tranquilidad mientras observaba el ir y venir de equipos de emergencia.

Fotografía: Armando Díaz.

La escena se repitió en distintos sectores de Valencia. Muchas personas permanecían dentro de sus vehículos por temor a nuevas réplicas. Otras caminaban intentando encontrar cobertura telefónica.

Diversos usuarios reportaron interrupciones en los servicios de telefonía e internet durante las horas posteriores al terremoto. La incomunicación aumentó la angustia de quienes intentaban conocer la situación de familiares en otras ciudades.

En el Centro Comercial Shopping Center, Juan José Placencia se encontraba reunido con miembros de la junta de condominio cuando comenzó el movimiento. La reacción fue inmediata. “Todos salimos corriendo hacia el estacionamiento”. Lo que observó allí lo impresionó.

Fotografía: Armando Díaz.

“Los carros rebotaban como balones de básquet”. Según narró, la duración del evento fue inusualmente larga. “No era normal. Duró más de un minuto. Perdíamos el equilibrio”.

Posteriormente comenzaron las inspecciones. Los daños aparecieron en distintos puntos del complejo comercial. Vidrios desprendidos, vitrinas rotas, paredes fisuradas y fragmentos de estructuras que terminaron sobre vehículos estacionados.

“El vidrio del bingo cayó sobre un carro. También hubo daños en locales comerciales”.

El impacto sobre edificios históricos

Las consecuencias también alcanzaron edificaciones emblemáticas. En la iglesia La Purísima apareció un enorme agujero en uno de los laterales del campanario. Parte de la fachada presentó desprendimientos. Danny Osorio observó la escena pocos minutos después del sismo.

“Escuché el ruido y salí corriendo. Cuando vi los daños me persigné”. Todavía conmocionada, describió la experiencia como una de las más aterradoras de su vida.

Fotografía: Armando Díaz.

En la avenida Bolívar Norte, uno de los daños más visibles apareció en el edificio Bella Vista. Desde el exterior podía observarse una sección de pared completamente desprendida.

El agujero dejaba expuesto el interior de una vivienda. Más de 50 familias habitan el inmueble. Entre ellas una joven de 18 años que ha vivido allí toda su vida.

“Ver esto destruido da miedo”, afirmó mientras observaba la fachada.

La incertidumbre se centra ahora en la posibilidad de que el edificio sea desalojado temporalmente para realizar evaluaciones estructurales. “Tenemos mucho miedo”.

Daños en el centro histórico

Otros residentes intentan transmitir calma. Aseguraron que las afectaciones visibles corresponden principalmente a frisos y elementos no estructurales. “Las bases están bien”, sostienen.

Sin embargo, no todos comparten ese optimismo. Una vecina aseveró que uno de los residentes tocó una pared agrietada y notó movimiento. “No sabemos qué puede pasar. Nadie quiere dormir aquí esta noche”.

Según reportes preliminares obtenidos de fuentes vinculadas a organismos de emergencia, las mayores afectaciones se concentraron en zonas antiguas de Valencia.

Varias fachadas de edificaciones históricas sufrieron desprendimientos. La Catedral de Valencia presentó grietas visibles en sus torres, mientras que en distintos sectores del casco central se reportaron daños en inmuebles de vieja data.

Las construcciones levantadas antes de las normativas modernas antisísmicas aparecen entre las más vulnerables. Aunque las inspecciones se extendieron a municipios como Naguanagua, Los Guayos, San Joaquín y Mariara, los reportes preliminares apuntan a que Morón registra las afectaciones más severas.

La noche después de los terremotos

Mientras avanzaba la noche, muchas familias tomaron una decisión que parecía impensable horas antes. No regresar a sus apartamentos. En plazas, bulevares, estacionamientos y jardines comenzaron a aparecer sillas plegables, colchones y mantas. El temor a nuevas réplicas superó la necesidad de comodidad.

En Prebo, Bella Florida, La Viña y otras urbanizaciones valencianas, los vecinos compartían historias similares. Todos describían el mismo sonido. Recordaban el mismo movimiento. Todos repetían la misma pregunta:¿Y si vuelve a ocurrir? Esa pregunta le quita el sueño no solo a los carabobeños, sino a todo un país.

El Servicio Geológico de los Estados Unidos, quien confirmó dos movimientos telúricos uno tras otro a escasos 40 segundos de diferencia, es el mismo que habla de una alerta roja en el país, lo que justifica el Estado de Emergencia anunciado por la encargada del Ejecutivo de Venezuela, Delcy Rodríguez.

La evaluación preliminar del organismo apunta a un escenario de daños severos y un impacto humano significativo, una proyección que coincide con los reportes registrados durante las primeras horas de emergencia.

Fotografía: Armando Díaz.

En el informe difundido por la institución, Puerto Cabello se ubica como la zona más crítica ante lo que estiman serían unas 27 réplicas que rondarían al menos los 5.0 grados de magnitud.

La cercanía de esta zona con el área de mayor intensidad del evento mantiene la atención de los equipos de evaluación y de los habitantes que aún temen nuevas afectaciones. Por su parte Valencia ocupa el nivel 7 de 10, lo cual refiere a daños moderados y fuertes.

Mientras continúan las inspecciones estructurales y la actualización de los balances oficiales, miles de personas permanecen atentas a la posibilidad de nuevas réplicas.

Pero para quienes pasaron la noche en estacionamientos, plazas y jardines, lejos de edificios agrietados y viviendas pendientes de inspección, los terremotos todavía no han terminado. La misma pregunta que recorrió los pasillos del Star Palace a las 6:04 p. m. seguía presente horas después, cuando la ciudad intentaba dormir: ¿Y si vuelve a ocurrir?

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